Secretos desde la trinchera – X

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El rincón de mi niñez: íntimo...No tan íntimoSonia se despidió de su padre en la puerta de la casa. Lo vio alejarse con las manos en los bolsillos y un leve cabeceo que indicaba que él no se quedaría de brazos cruzados. Había sembrado una semilla de inquietud en su alma y él no era de los que dejan pasar las cosas así nomás. Seguramente se dedicaría los próximos días a investigar el robo del oro. O tal vez, volvería a revisar en su mente a los amigos de sus suegros para reconocer algún detalle que los hiciera sospechosos.

Sonia tomó el diario y siguió leyendo. Entre anécdotas familiares que ella ya había olvidado, se encontraban un par de fotos no tan viejas, de cuando sus abuelos hicieron un viaje. Ella tendría siete, para ese entonces. Aparecía en una de las fotos en brazos de su madre. Los abuelos y otra pareja, amigos al parecer, saludaban con guantes y bufandas. Se dirigían a Bariloche, seguramente. Allí tuvieron una cabaña hasta que la magra jubilación los obligó a venderla. Sonia había disfrutado de la vida en el bosque; arrayanes, pinos, cipreses y otros árboles centenarios fueron el escenario de muchos juegos de escondidas con su abuela.

En medio de la ensoñación de ese viaje al pasado, escuchó la llave de la puerta. Seguro que era su madre. Ella no habría podido esperar otro día sin cumplir su misión de limpieza. Tanto así era como ella se programaba para hacer algo y terminarlo. Así fue con su carrera de Administración, así era con la cocina y con cada cosa que emprendía. Sonia se preguntaba cómo hacía su padre para sobrellevar la intensidad de esa mujer amable, simpática, siempre sonriente, pero implacable.

─¡Por fin te encuentro!

─No podía estar muy lejos. Son las mejores vacaciones que podía imaginar.

─Dejá tu sarcasmo por un momento. Nadie te obligó a ayudarme.

─No es sarcasmo, mamá, es cierto. Esta experiencia es como un viaje interestelar. No se sabe qué se va a encontrar uno. Cada cajón, cada puerta, puede ser la entrada a un nuevo mundo. Un mundo que los abuelos no han compartido con nosotros hasta hoy. Mirá estas fotos. ¿Alguna de estas personas te resultan conocidas?

─Sí, son Margarita y Alberto. Ellos eran muy amigos de los abuelos. Viajaron juntos muchas veces. Yo jugaba con uno de sus hijos, cuando era chica. Supe que Margarita falleció hace un par de años, pero Alberto sigue teniendo la tabaquería. Está un poco venida abajo, pero él se niega a retirarse. El abuelo iba todas las tardes, desde que se jubiló. Pasaba un rato con él y luego volvía con olor a tabaco. La abuela se ponía como loca, le había prohibido fumar, pero él no le hacía caso.

─¿Alberto es ese señor de gorra que vino al entierro?

─El mismo. La gente cambia ¿no?

─¿Dónde está la tabaquería?

─¿Pensás comenzar a fumar?

─No, pensaba en hacerle una visita. Me acuerdo que una vez el abuelo me dijo que no perdiera el contacto con sus amigos. Que eran buena gente y, además, ¿no es lindo visitar a un anciano amigo? Son adorables los viejitos.

─Ojalá Alberto haya cambiado un poco. ¡Era medio cascarrabias! Parecía militar retirado.

Mamá parecía feliz. Había muchas cosas que la ponían de buen humor. Los chismes, por ejemplo.

─¿Sabés qué es lo que más le gustaba al abuelo?

─¿Qué cosa, además de pintar en secreto?

─Robar frutos del bosque de la cabaña de su vecino. Todavía recuerdo cuando yo era niña y nos escabullíamos en el jardín de Don Germán. Robábamos unos racimos y nos volvíamos a casa. Y luego él servía en una copa helado de crema y le ponía esos frutos rojos con mucho azúcar.

─Sí, me acuerdo que yo lo acompañé un par de veces en sus escapadas. Pero no me acordaba que eso fuera algo tan importante para él. Siempre pensé que lo hacía para distraerme, mientras la abuela preparaba el helado.

─Tal vez sí. O tal vez no. Lo bueno de las cosas es que cada quien se forma su propia interpretación. Solo es cuestión de no dejarse ganar por el fanatismo.

No supe qué quería decir mi mamá. A veces me resultaba enigmática. Pero sus palabras siempre me sirvieron, solo debía esperar el momento adecuado para invocarlas.

2 comentarios sobre “Secretos desde la trinchera – X

    Josep Mª escribió:
    2 mayo, 2020 en 9:44 am

    Un final de episodio realmente intrigante y enigmático. ¿Qué significado pueden tener esas palabras de su madre? ¿Sabrá algo que ignora su hija? No lo creo, pero no me queda más remedio que esperar nuevos acontecimientos, je,je.
    Un abrazo.

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