De vecinas, de virus y de alas – Cap. 12 – La cocina

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¡Hola, amigos! Hoy las vecinas van a demostrar cómo la imaginación las puede ayudar a sortear los males que las aquejan. Y es que la cocina es un lugar donde pueden surgir buenas ideas. Aprovecho para contarles que como veo que hay algunos seguidores fieles a esta novelita, para que no se extienda tanto en el tiempo, voy a seguir subiendo un capítulo por semana. Los dejo con este capítulo.

Imagen de Internet

La cocina es el lugar doméstico donde se puede ver con mayor claridad el despliegue de imaginación hogareña. No solo preparando ricos platos elaborados, sino recurriendo a combinaciones novedosas producto de la falta de ingredientes. Pasado el inicial furor por los guisos con caña, para ahogar al “bicho” en alcohol por fuera y por dentro, las vecinas volvieron a sus platos tradicionales cargados de arroz y polenta y con un cubito de caldo con sabor a carne y pollo.

Como algunos ahogan las penas comiendo, Inmaculada fue a su cajón en busca de mentas, pero no encontró ninguna y se fue a la calle a buscar algo con qué reemplazarlas. En los quioscos vecinos no había mentas, así que, como quien dice: “a falta de pan, buenas son tortas”, pasó por la verdulería, vio una oferta de berenjenas y cambió de berretín. Esa fue la primera, pero no la última vez, que le agarró el berrinche de berenjenas en escabeche. Compró varias docenas de ellas y una provisión interesante de cebollas, zanahorias, cabezas de ajo, pimienta negra en grano, laurel, vinagre y aceite del que vendían en bidón de cinco litros.

Pasó tres días seguidos sumergida en la cocina, cortando y picando. Luego comenzó el proceso de cocción, para ello se sirvió de unas ollas para guiso de las que se usaban cuando la familia de Rosa era grande y la mesa muy larga. El olor a berenjena cocida inundó poco a poco las habitaciones y, al cabo de tres días, el escabeche se impregnó hasta en los potus. Tanto que la Reina Batata comenzó a quejarse en tono de princesa. Que ¡qué asco tanto olor! Que ¿Cómo permiten semejante despropósito? Que ¿Cómo vamos a preparar un delicado pollo con papas si este tufo a escabeche nos mata la imaginación?

Las vecinas se congregaron en el patio. La Narco estaba demasiado cansada de lidiar con pañales y escaras y no se asomó de su pieza. La Bruja Canela profetizó que tendrían comida gratis, porque con el aroma también se alimenta. Pero Bety dijo que el olor hacía sentir más fuerte el hambre y Cuídese Mucho, por una vez, estuvo de acuerdo con ella.

Que no se preocupen, que les voy a convidar, decía Inmaculada. Pero el alboroto llegó hasta la dueña y pronto se cerró la cocina hasta mejor parecer, porque la ocasión había servido para que todas se olvidaran del barbijo y así el virus tenía el camino libre para hacer de las suyas.

Eliseo había olvidado lo de la persecución y había salido de su cuarto con un pan preparado para mojar en la salsa, pero tuvo que volverse cuando se dictaminó la sanción.

Inmaculada, quien había conseguido frascos de café, dulce y conservas, se dio a la tarea de guardar el preparado con total diligencia. Envasó cuarenta y cinco frascos y comenzó su labor de Papá Noel anticipado. Fue dejando dos frascos acá y dos frascos allá. Pero le sobraron casi treinta, así que tuvo que desalojar a un oso de peluche apelmazado, una caja de música, un par de floreros y varias piedras de las sierras, para poner los frascos en los estantes de su cuarto.

Las que más hambre tenían no esperaron a que se enfriara el contenido y dieron cuenta del preparado en menos que canta un gallo. Fue así, entre los vapores del vinagre y el aceite, como Cuídese Mucho tuvo una visión: se vio vendiendo berenjenas en escabeche en la esquina donde se apostaba el churrero. No esperó hasta el otro día para comunicársela a Inmaculada. Se fue en ese mismo momento y se plantó, barbijo en mano, para proponerle el negocio.

Inmaculada escuchó la propuesta y le dijo que no, que después de este escándalo, no creía que fuera posible hacer eso. Pero que esos frascos que ya tenía los podía salir a vender y después, si las cosas se calmaban, verían qué hacían. Que la disculpara si le parecía fuera de lugar este pedido de su parte, que solo era para paliar el momento y que disculpara si la molestaba, que se cuidara mucho y gracias, porque algo es algo y peor es nada.

Lo cierto era que a Inmaculada se le había quedado el olor del escabeche impregnado en la nariz y no podía imaginar seguir cocinando. Por unas semanas tendría que recurrir a los preparados de alcanfor, algo abandonados, para destapar el olfato y el gusto.

Lo que Inmaculada no se enteró en ese momento fue que Eliseo había tenido una idea similar a la de Cuídese Mucho y había llegado hasta su puerta con la intención de proponérsela. Pero al escuchar desde afuera cómo habían arreglado las cosas, se dio media vuelta y se metió a su cuarto rumiando el llegar tarde y no haber sido más amigo de la cocinera. Que cuando el cinturón apretaba, las diferencias se disipaban y que tal vez él había exagerado y la otra solo quería ser su amiga, que hasta el momento no había hecho nada para descubrirlo, con lo que no se explicaba por qué él le había agarrado tanta manía a ella, tanta que ahora hasta hablaba con los potus y no le contestaban.

(C) Meg

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