Perseverance

Misión a Marte

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¡Hola, amigos! Esta entrada tiene mucho y nada que ver con la llegada del Perseverance a Marte. Mucho porque se inspira en el trabajo de tantas personas para llegar al espacio y ampliar nuestras fronteras y conocimientos, nada porque la motivación surge de un lugar intangible como es el inconsciente en el que se cuecen anhelos que conocemos poco o nada. ¿De dónde viene el deseo de explorar, de conocer, de volar? De algún lugar profundo de nuestra mente. Por un momento pensé escribir una entrada para el blog infantil. Me sentí un poco aniñada jugando a sacar un ticket ficticio para una misión ficticia. Pero luego me dije que no, que los adultos también soñamos y lo hacemos en grande cuando queremos.

A veces hacemos cosas sin pensar, nos dejamos llevar por un impulso. Como cuando leí que se podía conseguir un ticket para una futura misión al planeta Marte. ¿Por qué no? “¿Por qué no?” es la pregunta de los soñadores y allí estaba yo entrando a la página web de la NASA, obteniendo mi boleto de mentirita, pero con mi nombre escrito bien clarito.

Como alguien que gusta de leer divulgación científica y alguna vez soñó con ser astronauta o astrónoma, esto venía a ser una especie de mini compensación. Mis sueños juveniles no distaban mucho de andar siempre “en la Luna”, pero eran sueños y como tales merecían un lugar en el cielo estrellado de los deseos.

Hace un par de días nomás, el 18 de febrero pasado, el rover Perseverance tocó suelo marciano. Va a abrir el camino a los sueños de muchos. ¿Habrá vestigios de vida? ¿Se podrá habitar el planeta rojo? ¿Será nuestro refugio cuando la Tierra nos diga «basta de tanta insensatez humana»? Muchas preguntas y un enorme deseo de respuestas. Porque mis hijos o los hijos de sus hijos convivirán con esos descubrimientos.

Mientras tanto, mi ticket está ahí, como una promesa a seguir volando e imaginando. Tal vez algún día algún humano encuentre la lista de los 11 millones de pasajeros virtuales que llevó el Perseverance y diga: “Ah, mirá todos los que fantaseaban con venir”. O tal vez, sea algún ser de otro mundo el que se encuentre con un mensaje para descifrar. ¿Llegará a entender que unos terrícolas díscolos, sin un porqué o un para qué inmediato, se sumaron a las andanzas de la investigación del espacio?

Pase lo que pase, soñar no cuesta nada y, sin embargo, da frutos maravillosos como esta aventura espacial y estos 11 millones de esperanzas.

Los dejo con el relato: nos trasladamos al planeta Marte, año 3210…

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