Un frío de novela…

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Siempre me pregunté qué sería tener un frío de novela…

Tal vez un frío romántico como el de alguien que está esperando al amor una noche de invierno sobre un puente, como esas imágenes parisinas o de otros lugares de Europa, con un río que pasa por debajo con la corriente inquieta, fluyendo hacia el mar. Y nos impulsa a arrojar pétalos de rosa…

O sería un frío terrorífico de esos que te asaltan a la mañana cuando te levantás en una casa de campo y no tenés pantuflas o una alfombrita y pisás el suelo, así, sin anestesia y pensás, si Freddy Krueger hubiera sentido este frío habría sabido en carne propia lo que es el terror.

Tal vez sea un frío hilarante, como de comedia, con saltitos sobre un pie y otro, alternados, y la sensación de que ¡no puede ser que haga tanto frío que tengo que apretar las piernas para no hacerme pis encima! Y muerta de risa llego patinando al baño.

O podría ser un frío de ciencia ficción, como el que se debe sentir en el espacio, navegando a años luz de las estrellas, flotando sin rumbo y sin norte, como la cabeza de un cometa que no tomó velocidad pero se despeina con el viento del viaje.

Pero de todas las posibilidades creo que me quedo con un frío épico. El frío de una cruzada a unas tierras heladas luchando por recuperar a punta de paraguas y bufanda un cachito de ese calor que el otoño comenzó a robarse junto a las hojas verdes y que el invierno cómplice quiere retener por la fuerza del viento y la lluvia. Un frío pasajero, sin dudas, con introducción, nudo y desenlace, que como una novela esperada tiene el final feliz de una primavera con tu amor.

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Nos dimos un verso

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Ya no distingo donde terminas tú

y dónde comienzo yo.

Las distancias se han borrado,

como entre las mareas y las playas.

Los espacios se han ocupado

como entre los pies y la arena.

Somos un gran pulpo

sediento de besos,

ventositas uno del otro,

amaneceres y ocasos simultáneos

en un mundo redondo, sin fin. Leer el resto de esta entrada »

Ruedas vivas

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Basado en una historia real, publicada en Diario La Nación 8/7/16

─El viaje terminó. Hace un mes volvimos con mis dos compañeros de aventuras. Hicimos una recorrida salvaje, interminable por las rutas de las tierras más lejanas y atractivas que podíamos imaginar. Pero eso no fue todo. Lo más importante es lo que comienza hoy.

Estoy en el aeropuerto. La espero a ella. Nada me hubiera hecho imaginar que una pareja sería el saldo de un viaje despreocupado, liberador y expansivo. Tal vez eso era. Necesitaba dejar atrás algunas mochilas. Y ella estaba allí. Tenía en su interior un mandato que le daba la libertad de espíritu necesaria para embarcarse en una aventura, conmigo. Leer el resto de esta entrada »

Nuevos pasos

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Parece que fue ayer cuando

la lejana colonia se sublevó

a los rigores de un dominio

triste y servil. Leer el resto de esta entrada »

Toc toc

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Toc toc…

digo al silencio, actual dueño de los permisos olvidados,

y abro esa puerta por donde filtra una hilachita de luz. Leer el resto de esta entrada »

La gaviota

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El sol se está fugando con la última bailarina amarilla.

La gaviota deja la pesca,

parece haber sido interrumpida por ese súbito cielo

de candiles y telones.

Graznidos a lo lejos la llaman,

tal vez algún pichón la reclama.

Y vuelve a sacudirse la sombra de los ojos

para zambullirse tras una línea plateada.

El sol se apiada, saca un último suspiro

y una pequeña luz de lámpara de noche

le apunta la presa buscada. Leer el resto de esta entrada »