Las últimas monedas

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¡Hola, amigos! Hoy les comparto la historia de alguien que puede estar muy cerca de ustedes. A veces los cuentos parecen algo lejano o algo imposible o inverosímil. El de hoy tiene una base real. Nos enfrentamos a muchas luchas a lo largo de la vida, pero para luchar hay que tener esperanzas, de otra forma, ni se intenta. Esta pequeña historia es la de dos personas que en algún momento tuvieron esperanzas y lucharon por ello. Espero que les guste.

Imagen de Internet

Tomar un colectivo o un bondi, como le decimos muchos, puede ser un viaje de ida. Como aquella tarde en la que Jazmín salió de su casa, enojada con su hermano Lucas, porque le había robado el dinero que guardaba en una de sus viejas zapatillas blancas.

Jazmín no tenía nada más que esos pesos ahorrados. Los había juntado de a poco cuidando niños del barrio. Se había tenido que aguantar noches sin dormir, sin salir, sin ver a sus amigas, todo para comprar unas zapatillas de baile y pagar sus clases.

Pero Lucas, el hermano de Jazmín, tenía otros planes. Él iba a comprar cervezas y porros para compartir con sus amigos. Con el dinero de su hermana, lograría la simpatía del grupo que se reunía en la plaza. Él nunca tenía un peso. Esta vez, sería él quien invitaría. Y lo aceptarían, finalmente.

Cuando Jazmín fue a buscar el dinero guardado, se encontró con el vacío. El vacío que estaba dentro de su zapatilla se trasladó a su pecho. Y era tan espeso, tan denso que parecía un puño cerrado que apretaba su corazón. Ella no esperaba que su hermano la apoyara en su deseo de ser bailarina. Lo único que esperaba era que la dejara en paz con sus cosas.

La pelea fue mucho peor que otras veces, ella gritando, ella llorando, él riendo, él burlándose. Porque algo de las esperanzas de Jazmín eran como una pesadumbre para Lucas, quien no encontraba nada con lo que saciar su apetito de vida.

Los padres de Jazmín y Lucas estaban trabajando, ajenos al drama que se desarrollaba en su casa. Jazmín no tenía a nadie a quien pedirle dinero para el viaje hasta el taller de baile. Pero los bolsillos a veces son una fuente de sorpresas y ella revisó uno por uno con la esperanza de encontrar algún vuelto. La suerte la premió, sin embargo, no le quedaban más que unas monedas en el bolsillo de su saco.

Su hermano la vio contar las monedas como si fueran pepitas de oro, la mirada triste de quien espera inútilmente que algo se multiplique se torna brillante de pronto al comprobar que alcanzaba para el viaje de ida y de vuelta. Esa tarde no habría alfajor ni pancho, pero no importaba, o sí, pero… no importaba.

Lucas seguía pendiente de otras urgencias. Le preguntó, entonces, qué cenarían esa noche y recibió por respuesta que esa noche no habría comida.

Entonces, ante la mirada sorprendida de su hermano, Jazmín tomó su mochila, puso dentro las zapatillas viejas y salió por la puerta rumbo a la parada del colectivo.

No sabemos cuánto trabajo le costó a Jazmín reunir nuevamente el dinero para sus zapatillas y sus clases, pero debe haber sido bastante porque, años después, cuando debutó como bailarina en un teatro de la capital, muchos niños de los que cuidaba y sus padres estuvieron presentes para celebrar el logro de su antigua niñera.

Lucas ganó algunos amigos aquella noche. Pero esos amigos le duraron tanto como el dinero para comprar las bebidas y los porros. A él le costó mucho trabajo entender a su hermana, porque la sobriedad y la vocación le tardaron en llegar. No fue nada fácil, fue una batalla dura la que le tocó librar, porque fue una batalla a la que asistió a pesar de no desearlo. Pero, después de pasar unos meses en una granja para dejar la adicción a las drogas, se dio cuenta de que hay cosas que valen la pena, valen el esfuerzo y las horas de dedicación. Su mente se aclaró el día que le ofrecieron ser acompañante terapéutico y de esa manera ayudar a algunos de sus supuestos amigos a luchar por sus vidas. Él tuvo la suerte o el buen tino de aceptar y, después de un tiempo, se dio cuenta de que él también podía decidir por sí mismo qué hacer con sus últimas monedas.

(C) Meg

6 comentarios sobre “Las últimas monedas

    Ana Piera escribió:
    25 junio, 2022 en 12:24 pm

    Hola Mireugen, un cuento muy bien escrito. Me encanta el mensaje positivo que tiene. Saludos.

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    Doctor Krapp escribió:
    27 junio, 2022 en 10:00 am

    Es como el cuento de la cigarra y la hormiga puesto al revés. Interesante y sugerente
    Un abrazo

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      mireugen respondido:
      27 junio, 2022 en 11:26 pm

      Hola, Dr. Krapp, no lo había visto así… pero es válido. De todas formas… hay cigarras y cigarras…
      Un abrazo

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    Josep Ma Panadés escribió:
    28 junio, 2022 en 8:38 am

    Una muy buena enseñanza la que encierra este relato. Las cosas que uno más desea solo se logran con esfuerzo y tesón.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      28 junio, 2022 en 11:42 pm

      Hola, Josep. La idea no era enseñar, solo proponer pensar en qué gastarías tus últimas monedas. A veces el valor de algo se manifiesta cuando faltan recursos.
      Un abrazo

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