Muertes curiosas – El dilema

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¡Hola, amigos! Hoy comparto con ustedes un nuevo caso que, en algunos de ustedes puede despertar un sentimiento especial. Porque muchos de ustedes despuntan el vicio de escribir y la muerte de hoy es la de… Bueno, no les voy a anticipar la historia. Van a tener que leerla, para bien o para mal. Espero que les guste y, como ya saben, los comentarios siempre son bien recibidos.

Decálogo del escritor – Prodavinci

De las muchas muertes que podemos prever, a Ricardo le tocó una que escaparía a la imaginación de cualquiera. Y no es que él no tuviera la capacidad, de hecho, vivía de su imaginación frondosa, porque debo aclarar que Ricardo era escritor.

Pasaba largas noches volcando sobre un papel sus ideas. Redactaba extensos manuscritos, porque no le gustaba usar máquina de escribir o computadoras y siempre encontraba algo más para agregar a sus textos. Ricardo no escribía novelas exitosas, apenas novelas que gustaban a algunas personas. Pero, sin dudas, eran novelas que dejaban una honda impresión en su espíritu, porque de cada una salía con un nuevo aprendizaje.

Pero Ricardo tenía un vicio, algunas veces se comparaba con autores clásicos. Y de tales comparaciones no se sale con éxito. ¿Quién resistiría la prueba de medirse con Cervantes? ¿Quién saldría airoso de una confrontación con Lope de Vega? ¿Quién podría siquiera comparar estatura con Shakespeare o con Kafka o con Poe?

Dirán que a Ricardo le gustaba autoflagelarse. Puede ser. También puede ser que en su mente no cupiera la idea de una existencia sin modelos a seguir. Y un día lo entendió. Comprendió de súbito que su camino estaba trazado siguiendo la pista de otros. Por eso se encaminó a escribir lo que resultaría ser su última novela de la mano de sus escritores favoritos. Y cuando digo de la mano, lo digo casi literalmente.

Entonces comenzó a escribir una novela de aventuras. En ella, él mismo era el personaje principal. En su periplo iba encontrando distintas situaciones de riesgo que ponían a prueba su inteligencia y su astucia y de cada una salía librado con la ayuda de una frase o incluso un párrafo completo de alguno de los libros de sus autores preferidos.

Lo que no tuvo en cuenta Ricardo fue que el último en su lista era Poe. Y ya conocemos las artimañas de este escritor para lograr que lo cotidiano se convierta en algo estremecedor y oscuro con soluciones que conducen al más tremendo terror.

El último capítulo del libro de aventuras de Ricardo enfrentaba a su personaje, a su sosía de papel, con una decisión crucial. Debía elegir entre las opciones de un clásico juego mental, el dilema del tranvía. El autor sabía que debía elegir la opción más acorde con Poe. Pero no lograba decidirse. Por un lado, siguiendo una vía, su bella amada podría ser arrollada por el tranvía, por el otro, cambiando de vía, sus propios padres serían arrollados. No era una elección fácil. Ante la complejidad de esa decisión, su idea de Poe lo condujo a elegir la primera vía. Nada más poético que la muerte de una mujer hermosa, se dijo rememorando las palabras del gran autor. E hizo que el tranvía terminara con la vida de su amada de papel.

El libro llegó a su fin. El cierre fue tan oscuro y poético que Ricardo tuvo la certeza de que Poe se hubiera sentido orgulloso de su obra. Sin embargo, él no estaba prevenido para lo que ocurriría después, porque, a unos días de que matara a su hermosa mujer en el papel, su esposa en la realidad lo abandonó para siempre, víctima del choque de un auto que se salió de la calle por esquivar un perro.

Así fue como supo que su libro no estaba terminado. Volvió a tomar el lápiz para reflejar la cruel ironía. Un nuevo personaje se agregó a la historia, era un escritor que decidió escribir una novela de aventuras en la que salía de apuros gracias a la ayuda de sus escritores preferidos. Al final, luego de que el personaje principal de la novela decidiera la muerte de su amada, el escritor de la ficción pierde a su esposa en similares condiciones y decide incorporar a la novela un nuevo personaje que vuelve a repetir la historia. Y así una y otra vez.

A Ricardo lo encontraron sin vida, sobre el libro inconcluso. Tal vez su mente no soportó la idea de infinito a la que se enfrentó, tal vez no resistió la soledad o tal vez sufrió un ataque, porque tomó la decisión correcta para la trama, pero resultó ser insoportable para la vida.

(C) Meg

11 comentarios sobre “Muertes curiosas – El dilema

    davidrubios escribió:
    6 noviembre, 2021 en 12:23 pm

    ¡Hola, Mirna! Menudo relato nos ofreces, llevas eso de la Metaliteratura al límite con este escritor que va escribiendo su historia y la de los demás. Un bucle de tragedia que bien podría ser eterno a poco que en el Más Allá consiga una máquina de escribir. Un abrazo!!

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    Ana Piera escribió:
    7 noviembre, 2021 en 6:08 pm

    Vaya relato original nos has regalado. Me gustó mucho, saludos.

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    Josep Ma Panadés escribió:
    8 noviembre, 2021 en 11:04 am

    Un relato efectivamnete al estilo de Poe, con un final increíble y fantasioso.
    Un abrazo.

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    Doctor Krapp escribió:
    8 noviembre, 2021 en 1:25 pm

    Interesante propuesta con su lección didactica: no uses espejos mas que lo estrictamente necesario porque es fácil quedar atrapados como saben los neuróticos obsesivos.
    Un abrazo, escritora.

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      mireugen respondido:
      8 noviembre, 2021 en 9:58 pm

      Hola, Dr. Krapp! Muchas gracias por tu comentario. Un abrazo, amigo escritor.

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    María Pilar escribió:
    12 noviembre, 2021 en 3:32 pm

    Un relato con complejas decisiones y con un final impactante.
    Un saludo

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      mireugen respondido:
      12 noviembre, 2021 en 9:50 pm

      Gracias por pasarte y comentar. Un abrazo, María Pilar

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    Imágenes que escribo escribió:
    13 noviembre, 2021 en 6:51 pm

    Gran final para gran relato. Me ha gustado mucho! Felicidades!

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