Brotarás de un jazmín rojo

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¡Hola, amigos! Les voy a contar una historia sobre brujas. No está basada sobre un hecho real, pero que bien podría haber ocurrido en tiempos en que la Santa Inquisición tenía poder sobre las personas y la magia, un tipo especial de magia, tenía un lugar muy especial en la mente de las personas.

Imagen de Internet

Cuando Luisa supo que su novio la había denunciado por brujería, no lo pudo creer. Conocía a Juan Carlos desde hacía tres años. Tres hermosos años en los que habían llegado a conocerse mutuamente en profundidad, paseando por los jardines de la casa señorial, en las afueras de Salta. Sin embargo, él quería casarse y ella no. El porqué era muy simple: Juan Carlos quería iniciar una familia, mientras que Luisa quería ir a Lima, Perú a estudiar medicina. Ya habría tiempo para los niños, para las reuniones sociales, para todo cuanto implicaba un matrimonio.

Él no la entendía. Deseaba que Luisa fuera como cualquier otra joven del Virreinato del Río de la Plata, sumisa y complaciente. Si bien no había sido eso lo que lo había enamorado, todo lo contrario, había sido su temple y su carácter firme, ahora él deseaba que ella aceptara de buen talante las decisiones de su novio y accediera a cumplirle sus deseos.

Cuando Juan Carlos habló con los padres de su novia, ellos estuvieron de acuerdo en que el matrimonio debía realizarse. Pero cuando quisieron imponerle a ella el casamiento, solo lograron que Luisa se encerrara en su cuarto e hiciera una huelga de hambre. Eso en épocas virreinales era inconcebible. Tanto como que ella pudiera tener altos estudios. Ninguna mujer había logrado tanto, en los años que corrían, 1790. Pero según las fuentes de información de Luisa, información sobre la libertad que nacía a borbotones en el Viejo Continente, el mundo estaba cambiando, y ella quería seguirle los pasos, aunque fuera unos metros más atrás.

No sirvió de nada que le prohibieran estudiar. Ella conocía a un mercader que le traía libros y diarios. Sin embargo, sus estudios en la universidad tuvieron que esperar indefinidamente. Allí, en Salta, en el Virreinato, la Santa Inquisición seguía obrando de las suyas, aunque en forma disimulada. Y Juan Carlos, presa de la desesperación, sintiéndose rechazado, no tuvo mejor idea que denunciar a su novia díscola.

─¿Qué hechizos lanzó sobre este hombre que lo han hecho denunciarla?

─Ninguno, su señoría. Solo le he ayudado con un dolor de tripas, dándole unos yuyos.

─¿Cómo ha adquirido esos saberes? ─preguntaba el tribunal.

─Leyendo, su señoría, me intereso por la medicina ─respondía ella.

─¡Eso es imposible! Las mujeres no tienen la capacidad. Solo las brujas…

─Su usía se sorprendería de las capacidades de las mujeres ─interrumpió ella.

─Secretario, deje registrado que la acusada profirió una amenaza. ¿Quién le conseguía los libros?

─Un mercader que viaja por todo el Virreinato.

─¿Con qué malas artes consiguió que el mercader le ayudara en su empresa?

Y así, todas las acusaciones fueron justificadas con la mala conducta, artimañas y demás acciones impuras.

Luisa fue condenada fuera de la ley inquisitorial, ya que no tuvo un juicio regular. Pero, como decía el documento legal: “por hacer uso de malas artes solo asequibles a la condición de bruja, en pos de librar a la sociedad de tan grande peligro, para mantener la seguridad y el orden público, para solaz de las posibles víctimas y tranquilidad de la familia, para elevar el santo nombre de la Iglesia…”

El día previo a la ejecución de la sentencia, Juan Carlos quiso visitarla. Ella se negó. El joven quiso imponer su autoridad, ya que era miembro de una familia acaudalada del Perú. Sin embargo, ella amenazó con maldecir a su futura prole.

Al día siguiente, en un sitio retirado, fuera de miradas indiscretas, Luisa fue atada a un poste con leños a sus pies. No era habitual quemar a las brujas, por esos días, se las recluía en un calabozo en condiciones infrahumanas hasta que alguna enfermedad diera cuenta de ellas, pero en esa ocasión, hicieron caso al pedido de la familia de Juan Carlos y le impusieron la máxima condena.

El encargado de encender el fuego era un hombre de pueblo, una víctima de las necesidades que obligan a realizar tareas que no se desean. Pero el hombre tenía un buen corazón y sabía distinguir a un culpable de un inocente. Antes de encender el fuego le habló a Luisa.

─Brotarás de un jazmín y su color será rojo como las llamas que te envolverán en tu camino al cielo.

Ella sonrió y le agradeció. Y luego de que sus ojos se encontraran en una mirada acuosa, el hombre le tocó el brazo y ella se durmió.

Las autoridades que presenciaron la quema pidieron que la condenada estuviera despierta para afrontar su castigo. No lo lograron, por más que lo intentaron sacudiéndola y arrojándole agua sobre la cara, ella ya había dejado el mundo de los incrédulos.

El verdugo encendió la pira y el fuego envolvió con sus lenguas al cuerpo de la joven. Sin embargo, no brotó de ella el olor nauseabundo de la piel chamuscada, sino un aroma a jazmín que dejó a todos perplejos.

─Si tenían alguna duda sobre su condición, allí tienen una prueba más de su dominio sobre las artes obscuras y el inframundo.

Juan Carlos no lloró la pérdida de su amada. Por el contrario, la odiaba. En su corazón no cabía más que un sentimiento y el odio a sí mismo dominó todo aquello a lo que antes había amado. De él no se supo lo que pasó después. Los padres de Luisa supieron que se había marchado para ocupar un puesto de gobierno en otras tierras.

El verdugo siguió ejecutando sentencias, pero cada vez que había una quema, en su casa brotaba una nueva flor.

(C) Meg

6 comentarios sobre “Brotarás de un jazmín rojo

    Marta Navarro escribió:
    31 julio, 2021 en 8:59 am

    Qué bonito, Mirna! Qué triste y qué bien contado!

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      mireugen respondido:
      31 julio, 2021 en 11:52 am

      Gracias, Marta! Es triste, sí. pero algo de realidad tiene. Un abrazo

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    Ana Piera escribió:
    31 julio, 2021 en 11:42 am

    Muy bonito relato. Una gozada leerlo. Saludos!

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    Doctor Krapp escribió:
    5 agosto, 2021 en 12:12 pm

    Has sabido retratar muy bien una historia de leyenda con ese final hermoso y singular. Solo caí 100 años después las mujeres pudieron ir a la universidad.

    Un abrazo

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      mireugen respondido:
      5 agosto, 2021 en 9:22 pm

      Gracias, Dr. Krapp! Sí, el ingreso de las mujeres a los altos estudios y aún más, a los estudios en general fue un proceso muy lento y lleno de obstáculos.
      Un abrazo

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