Películas populares – Ni tan Sherlock, ni tan poco

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¡Hola, amigos! Vuelven nuestras películas populares, esta vez con una reflexión sobre un clásico de detectives. Nuestro Sherlock sí que da que hablar y su compañero Watson es un verdadero contrapeso a tanto protagonismo. Sabido es que la novela de fines del siglo XIX se hallaba inmersa en una época en que la Razón necesitaba quien la defendiera. Se estaba dudando de algunas respuestas aprendidas y saliendo lentamente de dogmas y creencias que impedían el uso de la lógica más básica. Se estaba entendiendo que a veces la verdad requería y requiere la imparcialidad y una creencia muy férrea cierra la discusión antes de tiempo, antes del momento de analizar y comprender. Pues bien, nuestro Sherlock quería mostrarnos que la verdad viene de la mano de la lógica. Pero no me quiero adelantar, veamos un poco como nos siguen apareciendo situaciones en las que la vieja lucha entre razón e intuición reaparece. Los dejo con el texto.

Imagen de Internet

Era un día en que no lograba hacerle comprender a un compañero de trabajo algo que me parecía completamente razonable. Recibía como respuesta que su solución era la más adecuada porque aumentaría la felicidad del cliente. Mi postura era que no había forma de comprobar que el cliente sería más feliz de esa manera. Pero no había caso, no nos entendíamos porque yo hablaba desde la razón y mi compañero comercial, hablaba desde la intuición.

Esa noche busqué relajarme viendo una película. Me gusta la versión de Sherlock que encarna Robert Downey Jr. Reconozco que de chica leí algunos libros de misterio de Agatha Christie y ya siendo más grande me encontré con el Sherlock de Conan Doyle. Sin embargo, no fui tan buena lectora como podría haber sido, me incliné más por la película, ya que debo reconocer que, estando en casa, la pantalla de cine me atrapa más que la lectura.

No sé si es una cuestión de haraganería. El cine te da muchas cosas resueltas. Sherlock habla, piensa, tiene un estilo, está vivo, su existencia no depende de mi elaboración de lo escrito. Y, respetando el libro, razona mucho y sus deducciones van más allá de lo prudente, a veces.

¿Quién no ha hablado más de lo que debía? ¿Quién no metió la pata anticipando la conclusión lógica que otro debía hacer por su cuenta? Es cierto que nadie es perfecto, pero Sherlock lo es mucho menos. La contienda instalada hace unos siglos entre razón y creencia, es explotada al máximo por nuestro personaje. Un héroe que se basa solo en los razonamientos lógicos, el éxito de la Razón. El contrapeso viene dado por Watson, quien lejos de no razonar, es, sin embargo, quien le inculca algo de humanidad a Holmes.

Y es que… si bien la razón es algo muy humano (no voy a decir que es exclusivo, porque no sabemos si existen otros seres que piensan), no se es humano mediante el uso exclusivo de la razón. Es decir, a veces no alcanza la razón. Solo basta ver a Sherlock, sus reacciones se quedan cortas a veces, no alcanza a la humanidad que permite moverse cómodo en sociedad. Y no digo que es anormal, solo digo que hace un uso en demasía. Por algo nos hace gracia, por algo nos sorprende, porque en nuestro disco duro, se han grabado respuestas que no son del todo lógicas. Y eso no está mal. Solo es así porque siempre hay un margen de irracionalidad en nuestra vida.

Podemos rechazar a Sherlock y su exceso o podemos sentir piedad de tanta lógica. La pregunta que me viene a la mente es: ¿se encamina la Humanidad a ser como Sherlock? Digo, si sobrevivimos a nosotros mismos ¿el uso, la convivencia con tanta tecnología, nos volverá más lógicos? ¿Seremos en el futuro seres más racionales? ¿habrá menos empatía asociada a la frialdad de la lógica binaria? Yo creo que no es tan así. Siempre hay espacio para la intuición, para el descubrimiento “casual” y para la coincidencia afortunada. También para el ícono, para el símbolo, para la metáfora. Allí hay algo que es mucho más grande que un pensamiento consciente.

No voy a emitir un juicio de valor sobre la racionalidad e irracionalidad. Soy amiga de los equilibrios. Me gusta pensar que podemos hacer algo porque es razonable, pero también porque lo deseamos y no sabemos bien de dónde viene ese deseo. ¿O acaso el amor es razonable? ¿El seguir una vocación es completamente razonable?

Puestos a pensar, quisiera que siempre haya una respuesta que me sorprenda, ya sea por su lógica o por su ilógica. ¿De otra forma, cómo sacudiremos nuestras ideas? ¿Cómo nos asombraremos? ¿Cómo reiremos?

Al final nos entendimos con mi compañero de trabajo. Mi problema de racionalidad persistió, pero se impuso una solución de compromiso. Probaríamos ambos métodos por un tiempo y buscaríamos la forma de encontrar algún indicio de felicidad en los clientes. Quizás, con el tiempo ambos métodos se puedan transformar en uno solo, ese es un desafío que habrá que intentar.

(Meg)

6 comentarios sobre “Películas populares – Ni tan Sherlock, ni tan poco

    Ana Piera escribió:
    20 junio, 2021 en 10:19 pm

    Hola! Interesante planteamiento, concuerdo contigo en que siempre habrá lugar para la intuición y los sentimientos. Si fuéramos como Sherlock seríamos todos un poco robots y eso le quitaría sabor a la vida. Saludos!

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    Doctor Krapp escribió:
    21 junio, 2021 en 8:01 pm

    Conan Doyle y sus personajes duales, entre razón y emoción, son quizás una manifestación finesecular de un viejo diálogo que tiene antecedentes tan gloriosos como Gargantúa y Pantagruel, Don Quijote y Sancho o Bouvard y Pacuchet entre muchos otros. En ocasiones un individuo empeñado en llevar a cabo un destino personal, que puede ser racional o irracional como nuestro hidalgo caballero y alguien que lo cuestiona, que lo lleva a tierra, a la inmisericorde realidad.
    Un abrazo, Mirna.

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      mireugen respondido:
      21 junio, 2021 en 8:11 pm

      Hola, Dr. Krapp. Muchas gracias por tu comentario. Don Quijote y Sancho son un magnífico ejemplo de que las cosas no se deben llevar a los extremos. Un abrazo

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    davidrubios escribió:
    22 junio, 2021 en 9:06 pm

    ¡Hola, Mirna! Me temo que los derroteros sociales nos llevan a Sherlock sin retorno. La espontaneidad o la intuición son algo anacrónico, como empieza a ser un servidor. El s. XXI nos ha traído una nueva religión: el dataísmo. La creencia de que todo se puede medir, procesar y dar como resultado la opción correcta. Códigos géneticos, bytes de información, algoritmos, bases de datos… El Dios tecnológico se ha impuesto con la promesa de un paraíso a cambio de que renunciemos a nuestros defectos de humanos como ser impredecibles, contradictorios o, simplemente, individuos pensantes. Como ves no tengo demasiada fe en lo que nos espera, ja, ja, ja… Una estupenda oportunidad para reflexionar o desahogarnos, ja, ja, ja… Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      22 junio, 2021 en 10:35 pm

      Sí, David, coincido con vos en que el dataísmo (no conocía ese término) vino para quedarse. Pero tengo fe en que la máquina humana es lo suficientemente imperfecta como para que queden espacios de intuición. Después de escribir el artículo me quedé pensando si la intuición en realidad no es un razonamiento del que no tenemos conciencia, es decir, que todo es “pensado”. Pero por la naturaleza esquiva de su proceso aparece como una sorpresa. Como bien dices, es un tema para reflexionar y desahogarse jajaja Un abrazo!

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