Una muerte, un sillón y un gato

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¡Hola, amigos! El relato que traigo hoy comenzó siendo un pequeño micro para participar de un reto. Pero al leerlo, tiempo después, noté que me pedía más detalles y se convirtió en este cuento. Tiene algo de policial, aunque no domio ese género. Así que podría ser solo un intento de policial. Espero que les guste.

Hay casos que dejan un mal sabor en la boca. Nos ponen a prueba o nos confunden. Hay casos que parecen triunfos. Pero ¿quién triunfa luego de un asesinato?

La sangre cubría el sillón de cuero negro. Pintaba un cuadro abstracto como gotas de aceite cuando no logran disolverse en el agua. La mujer yacía en el piso con la cabeza hacia un costado, parecía que la habían acomodado con cuidado o que se había quedado dormida allí, para siempre, en un sueño plácido. Una maraña de pequeñas huellas, junto al charco del piso, atestiguaban la presencia de un gato. El animal habría presenciado la escena o habría llegado después, pero parecía que se había alejado de allí, después de cierta lucha.

Cuando llegué al lugar, el esposo de la mujer muerta estaba de pie, a un costado del cuerpo. No había reaccionado arrojándose sobre ella, para contenerla entre sus brazos. Al notar mi presencia, sin mirarme, mencionó con voz maquinal que no le gustaba ese animal que aparecía en los momentos más trágicos de su vida.

Los maridos nunca se libran de ser sospechosos del homicidio de sus parejas. Lo miré a los ojos. Contenía las lágrimas, pero su mirada no se posaba sobre ella sino sobre el sillón.

─¿Qué piensa? ─le pregunté.

─El sillón… fue un regalo de alguien muy…

Al responder movió su brazo. Una mancha de sangre en el puño de su camisa me reforzó un camino de investigación obvio, el rasguño en la mejilla lo hizo aún más.

Se notaba que el sillón ocupaba sus preocupaciones, no lo perdía de vista. ¿Habría allí alguna respuesta? Sería fácil de averiguar. Tomé las esposas y detuve al marido sin que ofreciera resistencia. Pedí a mi compañero oficial que lo acompañara a la patrulla, luego volví y recorrí con la mirada todo el lugar.

Mientras llegaba la policía científica me acerqué todo lo que pude sin comprometer la escena. Me agaché y miré debajo del sillón. Un trozo de tela pendía entre las cuatro patas de madera, parecía que lo habían rasgado para sacar algo del asiento o tal vez… para introducirlo.

Escuché un sonido. No podía esperar a los investigadores. Me libré del abrigo que impedía mis movimientos y fui en busca de un instrumento de cocina que tuviera mango largo. Conseguí una espumadera. La dirigí al lugar preciso y, con un poco de esfuerzo, conseguí que cayera un paquete algo pesado.

Lo primero que pensé fue que eran drogas, dinero o el arma asesina. Iba a dejar el bulto debajo del sillón para que no levantara sospechas de que había irrumpido sin permiso en la escena, pero luego percibí un pequeño movimiento en el envoltorio.

Rompí el protocolo. Abrí el paquete. Imaginen mi sorpresa cuando adentro encontré un esmirriado recién nacido con el cordón umbilical aun pegado.

Lo envolví en mi abrigo y corrí hacia la calle con él entre las manos, llegué justo cuando bajaban los paramédicos de la ambulancia. Lo tomaron para revisarlo, estaba con vida, una vida que pendía apenas de un suspiro.

Hablé con el hombre detenido en la patrulla.

─¿Es suyo?

─No. Es de una aventura que tuvo mi mujer.

─¿Por eso la mató?

─¡Yo no la maté! La encontré muerta, desangrada.

─¿Por qué metió al recién nacido bajo el sillón?

─Yo no fui. Fue ella. Seguramente quiso protegerlo del gato. Cuando llegué, el animal se me echó encima, furioso.

─¿Se va a hacer cargo del niño?

─Es lo último que querría, pero le prometí a mi mujer que, si algo le pasaba, lo haría. Oiga, ¿usted sabe si las manchas de sangre salen del cuero?

─Sí, solo hay que pasar agua oxigenada.

Dicho esto, volví al lugar. Sin dudas algo más había en ese sillón. Lo tenía que encontrar. La respuesta vino de la mano de una foto. El feliz matrimonio se encontraba fotografiado sobre el sillón, con un bebé en brazos.

─¡Alto! ¡Esperen! Necesito hacerle otra pregunta al detenido.

─¿Qué se olvidó, oficial?

─¿Tiene hijos?

─No. Mi único hijo murió a la edad de tres años.

─¿Cómo murió?

─El gato lo empujó del sillón y se golpeó contra una mesa de vidrio.

─Entiendo. ¿Su mujer no quiso tener más hijos con usted?

─Sí, ella quería. Fui yo el que se negó.

─¿Por qué?

─Porque con ese gato en casa no se pueden tener niños.

─¿No era más fácil deshacerse del gato?

─¡Lo intenté, por Dios! Pero ¿no ve como me rasguñó?

─Dígame la verdad, ¿cómo murió su esposa?

─El gato la mató. No es a mí a quien tiene que detener. Atrape al gato. Bastante sufrimiento nos ha causado. Si a veces pienso que el sillón de cuero de animal fue el peor regalo que nos pudieron hacer. Nuestra mascota enloquece cuando alguien se sienta sobre él. Ahora necesito limpiarlo para que no se la agarre conmigo.

─¿Me está hablando en serio?

─¿Cuántas muertes se tienen que producir para que usted me crea?

─¿Quién les regaló el sillón?

─Mi madre era taxidermista y como el negocio andaba en baja, se le ocurrió usar los cueros de los animales para hacer objetos domésticos. Primero nos regaló el sillón, luego el gato.

─¿Y usted no pudo deshacerse del animal?

─Fue un pedido especial de mi madre, que conserváramos ambas cosas.

─Su madre no quería a su esposa.

─Nunca la aceptó. Mi esposa no hacía todo lo que ella le decía.

─¿Por qué no solo pusieron el sillón en algún lugar de la casa que no les afectara?

─Eso hicimos. Pero el día en que viene mamá, lo sacamos y lo ponemos en la sala.

─¿Hoy vendrá?

─Le acabo de avisar que no venga. Que ya todo está perdido.

Me alejé un poco del caso debido a que mi instinto me estaba apuntando hacia el lado incorrecto. Seguí indagando. El gato se mostraba huraño, ansioso, se alteraba cuando alguien se acercaba al sillón. Hicimos varias pruebas, pero nada, nunca nos atacó. Determinamos que el gato no había sido el culpable. No se puede culpar a un animal de las decisiones que no toman sus dueños. Al contrario, volvimos a la hipótesis inicial, el marido. Como dije al principio, el cuerpo de la mujer parecía estar muy acomodado en el piso. Todo lo demás era un lío, en cambio, el cuerpo yacía plácidamente. La autopsia reveló que la mujer murió desangrada, como anticipamos. Se desangró luego del parto, por falta de auxilio. Sin embargo, algo más surgió. Una droga que se utiliza para inducir el parto y un teléfono inservible. La mujer fue sorprendida con un parto prematuro, no tenía cómo comunicarse y parió en la sala de su casa. El marido había preparado todo: el gato, el sillón, el teléfono roto. Lo que no previó fue que un vecino llamaría a la policía por los gritos de la parturienta y que encontraríamos a la criatura. ¿Qué pensaba hacer con ella? No lo sabemos. Creemos que, quizás, su madre vendría a buscarla.

Lo último que le escuché decir antes de que lo subieran al vehículo que lo llevaría a la cárcel fue:

─Deshágase del gato y, por favor, limpie el sillón por mí. Que mi madre no lo vea así.

No supimos si lo dijo en serio o se estaba burlando de nosotros.

Tiempo después supe que el niño fue a vivir con una familia adoptiva. La madre del asesino no podía criar al niño. En realidad, no le correspondía ya que no era su nieto. Lo llamativo fue que, al visitar a su hijo en la cárcel, en un par de ocasiones, cuando ella se iba, él sufría ataques de nervios.

─¡Maten al gato! ─era lo único que decía.

No sabemos si cuando hablaba del gato se refería, en realidad, a su madre. No sabemos si atrapamos al verdadero asesino.

(C) Meg

11 comentarios sobre “Una muerte, un sillón y un gato

    davidrubios escribió:
    14 mayo, 2021 en 11:37 am

    ¡Hola, Mirna! Y todavía puede darte más de sí, incluso una novela corta. La historia lo tiene todo, asesinato, un misterioso gato, un flirteo con los sobrenatural, una historia personal de ese matrimonio que perdió a su hijo, la abuela… Un relato magnífico con ese final abierto y desde luego una historia muy pero que muy potente. Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      14 mayo, 2021 en 11:49 am

      ¡Hola, David! Sí, es cierto lo que dices, tiene algo más de tela para cortar. Veremos si se me ocurre algo más. No prometo, porque ando con un par de novelitas cortas entre manos. Muchas gracias por tu aliento. Un abrazo

      Me gusta

    Mik Way .T escribió:
    14 mayo, 2021 en 5:21 pm

    Hola Mirna, enorme relato este, tan lleno de incógnitas, de puertas abiertas a tramas y sub tramas, es una maravilla, que como dice David, puede dar mucho de sí, me encanta leerte, un abrazo¡¡¡

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      mireugen respondido:
      14 mayo, 2021 en 8:27 pm

      ¡Hola, Mik! Me haces engordar de satisfacción. Me alegra mucho que lo disfrutes. Ojalá se me vayan ocurriendo tramas para seguirlo. Un abrazo

      Le gusta a 1 persona

        Mik Way .T escribió:
        15 mayo, 2021 en 7:32 am

        Mirna sin duda encontrarás os caminos, tienes recursos para ello, e ingenio para darles vida. Un abrazo grande¡¡

        Le gusta a 1 persona

    Ana Piera escribió:
    15 mayo, 2021 en 12:52 am

    Hola! Creo que te ha quedado un muy logrado relato policial. Como ya han mencionado podría volverse una novela. Saludos!

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      mireugen respondido:
      15 mayo, 2021 en 1:39 am

      Hola, Ana! Voy a tener que proponerme seguirla. No tengo experiencia con policiales, más porque requieren de muchos detalles y conexiones que hay que ocultar y saber cuándo revelar. Me parece bastante complejo. Pero bueno, voy a pensarlo a ver si sale.
      Un abrazo

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    Josep Ma Panadés escribió:
    17 mayo, 2021 en 7:54 am

    Un relato un tanto surrealista que, además, nos deja en ascuas, sin saber qué sucedió realmente. A mí, personalmente, lo del gato no me acaba de convencer. Por muy arisco que sea no le veo cometiendo un asesinato, je,je.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      17 mayo, 2021 en 9:15 pm

      Hola, Josep. Es cierto que es un poco surrealista, el punto era justamente crear la incertidumbre en torno al culpable. El marido estaba loco? O solo mediante una metáfora podía indicar al asesino? La respuesta es a gusto del consumidor. jajaja
      Un abrazo

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        Doctor Krapp escribió:
        19 mayo, 2021 en 8:20 pm

        Una historia con su toque tenebroso y fantástico. Es estupenda y ofrece muchas alternativas resolutoria, has hecho bien en alargarla.
        Abrazos

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          mireugen respondido:
          19 mayo, 2021 en 9:09 pm

          Gracias, Doc. Me alegra que pases por aquí. Un abrazo

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