Películas populares – Si Lady Marion lo hizo…

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¡Hola, amigos! Segunda entrega de esta sección en la que divago un poco y otro poco reflexiono. Hay películas que inspiran, que nos dan esperanzas, que nos alientan. Hay películas que uno ve una y mil veces. Porque son bellas, porque nos gusta la actuación de los protagonistas, porque nos hacen pensar o porque sí, porque tienen algo con lo que conectamos. Que sean populares no las hace menos valiosas. Hoy les hablo sobre Robin Hood. Pero me voy a centrar en el personaje de Lady Marion.

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Hay días en que nos viene bien identificarnos con héroes o, en mi caso, heroínas. Como aquel día en que debía hablar frente a un grupo de colegas. Siempre se me anuda el estómago cuando debo hablar en público. Lo evito hasta que se hace impostergable. Se me cruzan los más funestos pensamientos, como que olvidaré lo importante, comenzaré a tartamudear o se me pegará un chicle en el pantalón y todos se reirán. En fin, iba a tener que librar mi batalla personal y para relajarme, recurrí a una película que me gusta mucho.

Vi la versión de Robin Hood interpretada por Russel Crowe, en la que la Lady Marion de Cate Blanchett, desobedeciendo a lo que sería su mandato de mujer, se presenta en la batalla para defender a Inglaterra de la invasión francesa. Me quedé pensando en cuánta verdad histórica habría en el guión de esa película. Dicho de otra forma, le buscaba el “pero” para conformarme… Pero, no lo encontré, porque recordé que las mujeres nunca hemos sido cobardes, como lo demuestran miles de situaciones distintas.

Más allá de roles e imposiciones sociales, las mujeres siempre hemos estado allí, para apoyar, para cuidar, para curar, para dar ánimos, para aportar fortaleza, para sacar recursos de lo escaso. Y no me cabe duda de que muchísimas veces, para tomar la iniciativa y hasta incluso las armas, cuando la ocasión lo requirió. No voy a enunciar los nombres de las que han sido ejemplo de esto que menciono, pues, además de que ya tienen sus propias películas, me quedarían demasiadas afuera, sobre todo, las anónimas, las que, sin dudas, fueron más que las conocidas.

Mientras veía el filme, no pude evitar pensar que, sin embargo, el rol de la protagonista había sido reescrito, ya que tengo un vago recuerdo de aquél Robin Hood de Erol Flynn (me estoy delatando la edad) en el que el papel de Marion era mucho más tradicional y pasivo.

Los tiempos cambian y los cuentos también. Ahora hay princesas de Disney que no se van con el príncipe azul al final de la película, las hay de una belleza diferente o de un coraje a prueba de tradiciones. Pero creo que lo importante es que el cine o la literatura no nos dan permisos sino reconocimientos, algunos más tardíos que otros, dependiendo de cuestiones que no son estrictamente cinematográficas. Porque no es cuestión de esperar a que algo aparezca en la pantalla para decir: “ah, ahora puedo”. Es cuestión de ir abriendo camino de a poco, hasta que algún autor comience a recoger los cambios que va observando en la sociedad que lo rodea y algún productor se decida a ponerlo en cartelera. De todas formas, debe haber quien perciba que, como la nueva conducta está en la pantalla o en el libro, debe ser que, ahora, existe. O quien piense que no estaba tan equivocado sobre algo, porque, ahora, hay alguien más que lo ve de la misma manera.

Y allí estaba yo, preguntándome si Lady Marion habría sido realmente así. Preguntándome si yo misma tendría el coraje de presentarme a mi pequeña batalla. La mirada del otro siempre nos genera algo de inseguridad, pero la mayor parte del tiempo es necesario sortear nuestra propia mirada, nuestra propia y despiadada crítica, para entender que todos sentimos lo mismo, todos tememos equivocarnos, todos podemos caer en el ridículo, pero todos, sin excepción, sobrevivimos a la experiencia.

Y mi mente comenzó a derivar con la película. ¿Hay una literatura o un cine de avanzada? Es decir, no hablo solo de ciencia ficción, me pregunto: ¿hay historias que anticipan roles distintos para las mujeres del futuro? ¿O ya hemos conseguido todo lo posible en los inicios de este siglo XXI? Y es que hemos conseguido mucho, a excepción de algunos países muy tradicionales. Pero donde más hemos avanzado en derechos, nos vamos emparejando en lo bueno y en lo malo. Es eso último lo que me preocupa, porque a veces parece que solo al igualarnos en lo malo es cuando hay verdadera igualdad. Ya sé que lo bueno y lo malo son cosas discutibles. Pero solo una mujer estúpida, malvada o cruel ocupando puestos de decisión o responsabilidad confirman que la completa igualdad existe. (No quiero dar nombres, pero todos conocemos alguna). Es decir, cuando cualquier mujer, no solo las más virtuosas, consigue destacar, solo allí podemos asegurar que no hay discriminación. ¡Qué terrible!

Y mientras la película avanzaba, yo me quedé pensando que, así como un guionista puede reescribir el rol de un personaje en una película, las personas de carne y hueso tienen la capacidad para reescribir su propia historia. Si bien no se puede cambiar el pasado, se puede cambiar la forma de intervenir en la realidad, de ahora en adelante. Mucha gente cambia de pareja, de trabajo, de país, de religión, de costumbres. Esa es una forma de cambiar el devenir de su propia historia. Y vaya si requiere heroísmo hacer cada uno de esos cambios. Ahora no hablo solo de mujeres, hablo de todo el mundo y en cualquier aspecto de la vida que nos esté generando incomodidad, displacer, dolor, angustia o cualquier sentimiento negativo.

Tal vez ver representado en la pantalla ese reconocimiento a los nuevos roles que algunas mujeres supieron conseguir, nos infunda algo de coraje extra. Después de todo, muchas veces ganamos confianza en nosotros mismos al ver que otro lo ha logrado antes. Y si Lady Marion pudo tanto, ¿por qué no librar nuestra propia batalla, aunque sea pequeña?

(C) Meg

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