Muertes curiosas – Felicidad plena

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¡Hola, amigos! ¿No es cierto que los payasos provocan sentimientos encontrados? A algunos hacen reír, a otros asustan. Conozco a quien se cruza de vereda al ver uno (y debo decir que dejó de ser niña hace mucho tiempo). Aquí les traigo un relato en el que risa y llanto se encuentran presentes en la vida de este payaso. Y la muerte puede parecernos de lo más ridícula.

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Un payaso puede provocarnos risa o llanto. Todo depende del momento, de la situación y de la calidad de su actuación. Él era el payaso más triste del mundo. Sin embargo, su vida estaba plagada de ironías y así como lloraba por dentro, por fuera, conseguía hacer reír.

Su vocación nació de una coincidencia. A los doce años se escapó de su casa debido a que su padre lo azotaba con una rama cada vez que él indagaba sobre su madre. Ella había desaparecido de su vida cuando tenía apenas tres años. No recordaba su rostro. Tenía una idea muy borrosa de su cara. Solo venían a su memoria unas estrofas que ella le cantaba para hacerlo dormir.

Su padre era implacable con respecto al secreto. Y esa noche en que lo encontró hurgando entre sus papeles, descubriendo la carta suicida de su mujer en la que lo culpaba de su tristeza, fue el acabose. Corrió a buscar la rama que guardaba detrás del mueble de la cocina y persiguió al muchacho. El chico alcanzó a tomar un abrigo y salir a la calle. Sus piernas lo llevaron lejos, tan lejos como lo permitió su aliento. La noche se lo engulló y le permitió descansar bajo un árbol.

Fue en ese momento que obró la casualidad. Una caravana de circo pasó por allí y, al verlo desprotegido, lo invitaron a unirse a ellos.

Al principio fue peón. Alimentaba a los animales y limpiaba la pista. Pronto descubrió su vocación. El disfraz de un payaso lo atrajo como una novedad atrae a un gato. Vestido de otro, con la cara embadurnada de pomada blanca, no quedaba nada de su pasado a la vista. Nadie podría descubrir tras la fachada el dolor que sentía. Ni siquiera su padre lo reconocería.

Meterse en el atuendo lo hacía transformarse. Se olvidaba de su propia vida, era otro. Así se le ocurrían bromas, situaciones ingeniosas que se ganaban el aplauso y la risa de los espectadores y compañeros de trabajo. Eso se parecía a la felicidad. Disfrutaba de las risas de los otros y eso lo hacía reír, a su vez, se sentía pleno y seguro y hasta parecía que crecía en tamaño, su tórax se expandía como si más aire entrara en sus pulmones.

Poco a poco comenzó a desear que su trabajo no terminara nunca, porque, al sacarse el traje, todo volvía a su lugar. Así fue que un día decidió nunca más usar ropas comunes. Se sacaba un traje y se ponía otro, perpetuando las bromas, las risas y esa especie de felicidad. Esos fueron días de gloria. Si le preguntaban por qué no se quitaba la ropa de trabajo, él contestaba que necesitaba creer en lo que hacía, pensar como payaso y vivir como payaso. Y seguía contagiando risas a diestra y siniestra.

Tanto era lo que la felicidad le duraba que un día no pudo más. Se agotó de reír y su corazón estalló. Si alguien le hubiera dicho que moriría de risa, habría dicho que era imposible, pero eso le ocurrió. Agregando otra ironía a su vida, el payaso más triste del mundo murió de felicidad. Una felicidad que era permanente, aunque no sabemos si era real o era tan mentirosa como su sonrisa pintada. Alguien dijo en su funeral que no se puede ser completamente feliz, al parecer no estamos preparados para la felicidad plena.

(C) Meg

2 comentarios sobre “Muertes curiosas – Felicidad plena

    davidrubios escribió:
    5 febrero, 2021 en 8:44 am

    ¡Hola, Mirna! Desde luego que puestos a morir, mejor hacerlo con una sonrisa. Leyéndote he recordado una curiosa epidemia que se produjo en los sesenta en Tanganica, al parecer comenzó en un colegio y luego se extendió a la población. Nadie podía dejar de reír y así murieron. Estupendo relato! Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      5 febrero, 2021 en 11:30 am

      Hola, David! ¡No sabía nada sobre Tanganica! A partir de tu comentario, acabo de recurrir a la Wikipedia y me he quedado como dicen en España: “de una pieza”. Al parecer fue un fenómeno colectivo, una especie de histeria de masas. La verdad, voy a tener que googlear antes de escribir algo, ya que la realidad parece más inspiradora que la fantasía. En este caso se me ocurrieron algunas derivaciones al leer la nota periodística. Lo cierto es que este espacio: “Muertes curiosas” nació a partir de algunos casos que fueron reales, pero luego fui agregando otros que solo se me iban ocurriendo. Ja Ja. No hay nada nuevo bajo el sol. Un abrazo y muchas gracias por enriquecernos con tu comentario.

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