Muertes curiosas – Feliz por un día

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¡Hola! Estamos aquí exorcizando a la muerte. ¿No es cierto que a veces necesitamos reír un poco sobre aquellas cosas que nos generan ansiedad o temor o dolor? En esta ocasión, haremos uso de un poco de humor negro y, si me lo permiten, algo de picardía.

Cómo emprender desde un velero. Algunos consejos.

Cornelio murió a los sesenta y dos años, pero murió en su ley. Los hechos que sucedieron ese día fueron tan particulares que merecían ser la coronación de su vida.

Cornelio había enviudado tras un matrimonio que duró más de lo que hubiera deseado. Se había casado por conveniencia ya que su esposa era una rica heredera de astilleros, mientras que él provenía de una familia empobrecida por los malos negocios de sus ancestros, empresarios portuarios.

Después de enviudar, Cornelio sintió que comenzaba su verdadera vida. Tenía dinero, propiedades, autos, incluso un jet y un velero, su más preciado tesoro, con el que disfrutaba del oleaje de la costa y le permitía sentirse libre, vivo y feliz. Su billetera rebosaba de salud, sin embargo, tenía un problema, él nunca había creído en el amor.

Así es que, cuando vio a Lola y su corazón palpitó por primera vez, no entendió lo que estaba pasando. Se acercó a ella como a cualquier mujer bonita y le invitó un café. Lola era más joven que él, casi veinte años, pero era permeable a los halagos y las buenas maneras. En poco tiempo ella se sintió atraída por ese hombre que ostentaba aire de mundo y refinamiento. La salida del café fue seguida por una cena y luego otra y otra más.

Cuando él se percató de que estaba enamorado, sintió que debía ocuparse de algo que le venía preocupando últimamente. Fue a consultar a su médico de cabecera. Estaba ansioso, porque hacía mucho tiempo que no tenía relaciones sexuales y temía fallar cuando más lo necesitaba. El profesional le mandó a hacer unos estudios. Comprobaron que su corazón estaba bien y entonces le recetó unas píldoras para ayudarlo en sus menesteres amorosos.

Leyó el prospecto varias veces, para asegurarse de que todo andaría bien. Tomó la pastilla una hora antes del encuentro. No la mezcló con alcohol, por las dudas. A la hora de la cita, él tenía una saludable erección que, según la medicina, duraría tres horas.

Esa noche fue grandiosa. Él se sintió rejuvenecer, su virilidad lo acompañó y la osadía de ella los llevó a diversos juegos amorosos. No paraban de reír y a cada rato inventaban algo nuevo. En un momento de descanso él controló su presión arterial sin que ella lo notara. A las dos de la mañana tomó la segunda dosis de la pastillita milagrosa. Así siguieron el resto de la noche, incansables. A las cinco de la mañana, él la estaba persiguiendo por la casa con una corbata convertida en lazo, mientras ella escapaba con un disfraz de conejita sexy, cuando él patinó en la madera del piso y cayó por el hueco de la escalera.

El policía que acudió al llamado de auxilio de la joven pudo ver a Cornelio tendido en el suelo con el mástil aún en alto. Ella lo tapó prudentemente, pero solo consiguió que pareciera un velamen a media asta, como correspondía a la ocasión.

(C) Meg

5 comentarios sobre “Muertes curiosas – Feliz por un día

    Mila Gomez escribió:
    7 diciembre, 2020 en 11:10 pm

    Murió en su ley, que duda cabe ja,ja. Y tan curiosa muerte, que el mismo amor en el que no creía, lo mató. Paradojas de la vida, o no vida, depende, pues haber vivido sin conocer el amor y querer conquistarlo a base de pastillas, puede ser imprudente.

    Ingenioso relato, y muy bien contado, Mirna. Esos toques de humor y picardía realzan la historia.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      7 diciembre, 2020 en 11:15 pm

      Muchas gracias, Mila. Sí, es muy cierto lo que decís, eso no es vida sin conocer el amor. Lástima que le llegó tan tarde.
      Un abrazo

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    Mila Gomez escribió:
    7 diciembre, 2020 en 11:12 pm

    Murió en su ley, que duda cabe ja,ja. Y tan curiosa muerte, que el mismo amor en el que no creía, lo mató. Paradojas de la vida, o no vida, depende, pues haber vivido sin conocer el amor y querer conquistarlo a base de pastillas, puede ser imprudente. Feliz por un día, al menos eso se llevó.

    Ingenioso relato, y muy bien contado, Mirna. Esos toques de humor y picardía realzan la historia.
    Un abrazo.

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    davidrubios escribió:
    9 diciembre, 2020 en 7:58 pm

    Ja, ja, ja… Puestos a elegir lo inevitable sin duda no imagino una mejor manera de pasar al otro barrio después de toda una vida gris. Un relato muy simpático, Mirna. Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      9 diciembre, 2020 en 9:24 pm

      Gracias, David! Hay que ponerle un poco de humor a estos días de pandemia.
      Un abrazo y gracias por estar siempre ahí.

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