El personaje – XVII

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El personaje sigue su vida. El escritor recupera la cordura. ¿Será así? ¿Será el momento para volver a intentar domar a ese animal salvaje que tiene ideas propias?

Fuera del libro, el autor releyó las páginas que se habían escrito solas, con la velocidad de un tren en marcha. No podía creer lo sucedido. Amó y odió a su personaje. Lo conoció un poco más, lo sintió vivo, latiendo. Ya no era un apéndice de su imaginación. Era su héroe y su pesadilla. ¿Era libre? Lo envidió, porque supuso que su vida era muy fácil. Sintió pena por él, porque su vida era una mentira. Pero era una mentira que, por un tiempo, se había convertido en toda su verdad.

El autor, entonces, retocó algunas partes de lo escrito. Tachó, reescribió. Buscó mejorar algunas frases para que resultaran más ingeniosas. Investigó para darle realismo a algunas cosas. Agregó detalles, incorporó un chiste para aflojar un momento de tensión, le puso un sombrero de ala ancha y una cicatriz a su creación, para darle más carácter (aunque quizás no lo necesitaba). Le hizo sentir más intensamente determinados momentos. El personaje seguía absorbiéndolo de una manera magnética; seguía haciéndolo su esclavo personal.

Claus-Shadow volvió a aparecer en un transbordo y el autor hizo un intento de alcanzarlo, pero el otro fue más rápido y volvió a subir a su transporte alejándose un poco más. ¿A dónde lo llevaría? ¡Qué aventura! ¿Y si solo se abandonaba a disfrutar de esa especie de locura? ¿Y si dejaba de cuestionarlo y tomaba cada pie que el otro le daba?

Continuará…

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