Muertes curiosas – Indigestión de melones

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Joel quería deshacerse de su granja. La había heredado de su abuelo, quien se la había encargado antes de morir. Pero Joel prefería trabajar en un kiosco a tener que cuidar las cosechas.

La primera vez que intentó vender la granja le recomendó al comprador que no se tentara con los melones, porque él mismo, de chico, se había dado un atracón que lo puso al filo de la muerte. Lo que no contó Joel fue que esa vez había llegado a un cielo amarillo de melones en flor. Allí estaba San Pedro con sus llaves. Joel le pidió que aún no le abriera las puertas, y el guardián de la entrada le había respondido que tendría muchas cosechas por delante.

El primer interesado en comprar la granja no hizo caso de la advertencia. Se agarró una indigestión que lo despachó directo al otro mundo, justo antes de que la venta se concretara. El segundo interesado hizo lo mismo. Y el tercero y el cuarto, hasta que por toda la zona se esparció el rumor de que la granja estaba embrujada y nadie más se atrevió a presentar una oferta de compra.

Joel seguía trabajando en el kiosco. Iba a la granja a dormir, pero no se ocupaba de la tierra y los melones comenzaron a reproducirse sin control, tapando poco a poco las ventanas y las puertas. Un día, Joel se encontró atrapado dentro de la casa. La única forma de salir era cosechar los melones que lo rodeaban. Tomó las herramientas y comenzó a cortar uno por uno. Al liberar la puerta, estuvo a punto de detenerse, pero algo dentro de él lo hizo continuar y siguió cortando melones toda la mañana, la tarde y la noche.

Al cabo de unos días, decenas de pilas de melones estaban listas para ser vendidas. Las vendió en el mercado local y con el dinero que reunió abrió otro kiosco.

Pero al año siguiente, los melones brotaron solos, otra vez. Y se repitió la situación de quedar atrapado en la casa. Esta vez logró una cosecha récord y con el producto de la venta instaló dos kioscos más.

¿Para qué tantos kioscos? Le decían en el pueblo. Acá la gente necesita comer. ¡Dedicate a los melones!

Las cosechas de melones se fueron sucediendo hasta que un año no llovió. Los pozos se secaron, el cauce del río no tenía agua. La gente del pueblo se moría de sed. Joel tenía una cantidad enorme de melones en el cobertizo y decidió que los regalaría para que pudieran hidratarse bebiendo el jugo colorado de los frutos.

Ese año, Joel se convenció de que debía seguir cosechando. Lo hizo por muchos años, y fueron varias las sequías que ayudó a paliar. Hasta que una noche, siendo ya viejo, soñó que San Pedro le regalaba un melón de corazón tan rojo como un rubí y dulce como la miel. Esa noche Joel tuvo su segunda indigestión, pero, de esa, no volvió.

Hoy sus nietos siguen cosechando melones. Y se sabe que al pasar por ese pueblo no se puede dejar de comprar en los kioscos un delicioso jugo de melón.

(C) Meg

2 comentarios sobre “Muertes curiosas – Indigestión de melones

    davidrubios escribió:
    5 octubre, 2020 en 7:24 pm

    ¡Hola, Mirna! Ay, es que como dice el refrán: el hombre propone y Dios dispone. Un estupendo relato con el que me han entrado unas ganas de comer melones… Un fuerte abrazo!

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      mireugen respondido:
      5 octubre, 2020 en 9:43 pm

      ¡Gracias, David! Un relato naif para quizás sacar una sonrisa o sacarle la lengua a la muerte.
      Un abrazo

      Me gusta

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