La última estación del tren

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Hola, amigos

A continuación encontrarán cuatro relatos que pueden leerse en forma independiente, pero que conforman un todo complementario. Los mismos surgieron a partir de la convocatoria de David Rubio en su blog el tintero de oro, sobre el libro Extraños en un tren, de Patricia Highsmith.

cover photo, La imagen puede contener: 2 personas, textoPara no entorpecer la lectura, transcribo a continuación a los cuatro. Sin embargo, el relato concursante es el primero. (Elegí este para no generar confusión a los concursantes).

Espero disfruten la lectura

I – Los hechos

Joaquín Gómez se encontraba sentado en el asiento 16, del lado de la ventanilla. Había subido al tren en Constitución y volvía a Mar del Plata, tras su primera visita a Buenos Aires. Lamentaba los motivos, pero se llevaba un buen sabor de la ciudad. Él había sido empleado de una gran empresa pesquera y había tenido que declarar en un caso de denuncia judicial, porque el mal estado de la mercadería que vendían había intoxicado a una familia.

El tren partió a las 15:29. En una hora, estaría en Brandsen. No llegó a despertar para ver el cartel de la estación. Un certero disparo al pecho a las 16:25 lo arrojó hacia la ventana y lo dejó con la cabeza  apoyada contra el vidrio. Los demás pasajeros vieron pasar hacia el fondo al acompañante de Joaquín, un hombre de sobretodo gris.

El tren se aprestaba a entrar a Brandsen. El detective Alfonso Gutiérrez, quien se encontraba en el tren, camino a unas vacaciones, se acercó al lugar del hecho, se hizo cargo y envió la orden al maquinista de no detener el tren. Quedaban, aún, cinco horas de viaje.

El detective revisó el cuerpo. El orificio de la bala le hacía pensar en una pistola 9 milímetros. Tomó fotos y, luego, ordenó que trasladaran el cuerpo al salón comedor, al que hizo clausurar por el resto del viaje.

Gutiérrez interrogó a los pasajeros del coche. Todos coincidían en lo mismo: el hombre sentado junto al fallecido usaba un sobretodo gris, tenía cabello negro, pero sin señas particulares. Salió tan rápidamente que nadie le vio la cara. Alguien dijo que, al subir al coche, él parecía dormido. Pero, un momento después, tomó la maleta y fue hacia atrás. Volvió luego sin la maleta y, cuando se escuchó el disparo, escapó hacia la parte trasera.

El detective calculó que había cinco coches hacia el fondo del tren. A menos que se arrojara del vehículo en movimiento, el atacante no tendría escapatoria. El policía envió una orden por teléfono a la central de pasajes para que le indicaran cuáles asientos salieron sin ocupante.

Gutiérrez y tres oficiales de la guardia del tren se dirigieron cada uno a un coche distinto. Nadie había notado nada raro. Una señora aseguró que vio a un hombre de sobretodo verde caminando por el pasillo.

El informe de los pasajeros le llegó al detective a los quince minutos. Leyó con cuidado los nombres de la lista e indicó a los oficiales los asientos a revisar. Un rato después, se volvieron a reunir sin haber logrado ningún resultado: los asientos permanecían vacíos.

Gutiérrez dejó custodia en la puerta que comunicaba el coche del asesinato y fue a  revisar los baños. Nada. El hombre de sobretodo gris se había hecho humo.

Ya eran las 18 horas y pasaban por la estación Castelli. Solo le quedaban tres horas y no tenían más remedio que volver a empezar por el primer coche. Interrogarían uno a uno a los pasajeros hombres, morochos y altos.

Gutiérrez dejó que los oficiales hicieran el interrogatorio, mientras él se dedicaba a pasear entre los asientos, con la mirada un poco lejana que tomaba para distanciarse de lo obvio.

En su recorrido vio muchos hombres, la mayoría parecían estar asustados y ninguno calzaba con la descripción. En eso, una señora con un bolso grande, le llamó la atención. El bolso se movía. Se detuvo y le preguntó qué llevaba allí. La señora se aferró más al bolso y no le contestó. El detective le pidió que lo abriera y, ante la negativa de la mujer, amenazó con detenerla. La señora abrió entonces el bolso y una cabeza asomó de él. Era un pequeño perro, un beagle. El inspector la miró con desaprobación, pero tenía cosas más urgentes que hacer y siguió su recorrido.

El tren pasaba por Las Armas cuando al detective se le ocurrió una idea. Debían buscar rastros de pólvora en las manos de los hombres.

Volvió sobre sus pasos y se detuvo frente a la mujer que llevaba el perro. Ella, al principio se opuso, pero luego, le entregó el animal. Alfonso se lo llevó hasta el coche comedor. Le hizo olfatear los rastros de pólvora del cadáver y luego lo llevó al coche donde había ocurrido el ataque. Una vez allí, soltó al perro en el pasillo en dirección hacia el fondo del tren.

El perro olfateaba como si buscara un zorro. Se detuvo ante la puerta del baño y comenzó a ladrar. El detective supo que el perro estaba en lo cierto cuando detectó unos hilos grises en el marco del pequeño gabinete en la pared.  Luego empujó al perro al siguiente pasillo.

El atacante fue sorprendido durmiendo una siesta. Intentó zafarse de los oficiales, pero el perro se clavó delante de él y, luego de apuntarlo, lo agarró de una pierna.

Un señor contó, más tarde, que el asesino había ocupado su lugar y, antes de que el tren partiera, fue al baño y volvió, una hora después, diciendo que se sentía mal.

Al llegar a la estación terminal, Mar del Plata, a las 21 horas, los hechos estaban claros, el atacante, prendido. Aunque aún faltaba lo más difícil: saber quién estaba detrás de todo. Ese sería el próximo desafío para el detective Gutiérrez, pero, ahora, disfrutaría de sus vacaciones.

II – El muerto

Joaquín Gómez, de treinta y seis años de edad, volvía del juzgado. Había hecho una declaración confusa. La había preparado con cuidado, sabiendo que no debía excederse. Si bien todo lo que había declarado era estrictamente cierto, ya que la fábrica no cumplía con las normas mínimas de higiene, aún guardaba la esperanza de que la situación se volcara en su favor.

Le había dedicado varios años de su vida a la empresa, hasta que un día lo pescaron durmiendo en horas de trabajo y lo despidieron. Pese a que prometió no volver a hacerlo, el jefe de planta, que lo venía persiguiendo debido a su gran ascendente con las operarias, lo que lo volvía un problema que explotaría en cualquier momento, no tuvo reparo en desvincularlo.

Esa tarde, después de declarar, subió al tren pensando en las posibilidades. Si la empresa se sentía realmente amenazada, tal vez le ofrecieran un trato extrajudicial para que no siguiera declarando. Venía necesitando dinero. El último año lo había pasado haciendo changas y ya no tenía ganas de andar haciendo zanjas al costado de la ruta o cortando pastos municipales. Su última novia lo había dejado. Y sus padres le taladraban el cerebro cada vez que podían. Así que, apenas uno de sus excompañeros de trabajo le contó del problema judicial al que se enfrentaba la empresa, comenzó a averiguar por las suyas la forma de sacar algo de provecho. Ninguno de los trabajadores actuales se prestaría a declarar contra la fábrica. Eso era algo impensable. Pero a él, nada lo ataba. No tenía nada que perder.

Hubo alguien más que se ofreció a atestiguar. Pero él había sido lo suficientemente hábil como para sacarle la idea de la mente. Se le daba bien eso de convencer a la gente. Se le daba con las chicas y con los tontos. La única que ya no le hacía caso era su novia, esa engreída que le había puesto el ultimátum de que debía mantenerse sobrio por varios meses antes de volver con él.

Pero esas cosas ya no le preocupaban. Esta vez se daría vuelta la tortilla. Él lograría una buena tajada y se compraría un convertible para pasar por la puerta de esa pretenciosa. Y, de paso, invitaría a alguna de las chicas de la fábrica, para darle celos. Nada podía salirle mal. Los diarios, gracias a sus mensajes anónimos, se habían encargado de cargar las tintas contra la empresa, era cuestión de horas para que lo llamaran y le ofrecieran ese trato, sería antes de la segunda declaración. Si le volvían a dar trabajo, obtendría un plus. Exigiría que le dieran el puesto de su jefe, así, de paso, otro más caería a sus pies.

Estaba sumido en esos pensamientos cuando notó que un hombre de sobretodo gris parecía seguirlo. Se dio vuelta un par de veces y allí estaba, a corta distancia, detrás de él. Cambió un poco de dirección y, por un momento, lo perdió de vista, pero lo volvió a encontrar al subir al tren. Joaquín comenzó a pensar que, quizás, fuera alguien enviado para hablarle del caso. Seguramente en un transporte público tendrían la suficiente intimidad como para tratar un tema delicado como el que los ocupaba.

No le quedó ninguna duda de que era eso, cuando vio que el hombre se sentaba a su lado. Lo único que le daba un poco de intranquilidad fue que el hombre esquivaba la mirada. Se sentó sin saludar, se concentró en un punto del asiento de adelante y no emitió palabra. A poco de sentarse, se levantó y salió con la valija. Joaquín pensó que se habría olvidado algo y había desistido del viaje. Pero, antes de que el tren partiera, el hombre regresó y se sentó. Esta vez le habló. Le dijo que esperaba que fuera un viaje tranquilo, estaba muy cansado. Y seguramente lo estaba, porque de inmediato cayó en un sueño profundo. Tan profundo que invalidó cualquier intento de Joaquín por entablar una conversación.

Iba mascullando la frustración porque el hombre no se decidía a hablarle. A ver si se piensan, esos hombres de trajes caros, que él, el dueño de una verdad tan cara a sus vidas, no sería lo suficientemente hombre como para delatarlos. La familia que había sufrido la intoxicación le agradecería, aunque nada era comparable a unos cuantos billetes en los bolsillos.

Lo último que supo Joaquín fue que el hombre lo llamó por su nombre. En ese momento, se sintió feliz porque pensó que su plan había salido bien. No tuvo tiempo para darse cuenta de lo contrario. Recibió un limpio disparo en el pecho y murió con una sonrisa convertida en una mueca.

III – El asesino

Carlos Cuevas llegó a la estación Constitución con puntualidad. Debía estar allí a las tres menos cuarto de la tarde. De esa forma, tendría tiempo para tomar un café antes de abordar el tren y localizar su objetivo.

Ubicó a Gómez inmediatamente. Se trataba de un hombrecillo mal vestido y peor peinado, que parecía estar demasiado atento a las mujeres con las que se cruzaba. Lo siguió por un rato. Alcanzó a ver que, en un descuido, tropezó con una señora que, a la vista de Cuevas, era muy atractiva. Sin embargo, Gómez no reparó en la belleza elegante de la mujer y siguió su camino sin siquiera disculparse por el tropiezo.

Le resultaba cada vez más desagradable ese hombre. No solo era su evidente mal gusto, sino todo su ser, sus gestos bruscos, su sonrisa permanente de casanova frustrado. No había tenido que mirar la foto más que un par de veces para memorizar su fisonomía e identificarlo. A todas luces era un ser insignificante y, cualquiera fuera el delito que hubiera cometido, no le generaría ningún cargo de consciencia liquidarlo.

En realidad, cada vez más, la gente se le hacía insoportable. Por estupidez o por banalidad, las vidas de los otros se le antojaban de tan poco valor que ni siquiera merecían un pensamiento piadoso. Distinto era con algunas personas como el médico que atendía a su pequeña hija. La niña, que sufría de leucemia, era tratada por uno de los mejores especialistas del Hospital de Niños. Esa sí era una vida bien vivida, con sentido y con propósito. Era la vida que Cuevas hubiera elegido para sí mismo si no hubiese tenido que huir de su casa en la adolescencia, después de su primer crimen. A esa edad no sabía que su homicidio estaba justificado. Apuñaló a su padrastro después que este le diera una golpiza a su mamá. Pero eso lo puso en el mal rumbo y luego fue imposible rectificarlo.

La idea de ver a todas sus víctimas como si fueran su padrastro había sido, al principio, una buena forma de motivarse. Pero pronto se dio cuenta de que la furia, el odio, el rencor que se canalizaba al enfocarse de esa manera, no le servían para cuidar su propia vida. Necesitaba tomar distancia, no sentir nada por la persona, al contrario, reducirla a una entidad vacía, sin sentido, sin razón de ser. Como este hombre, Gómez, un sujeto que escondía tras esas actitudes de imberbe alfeñique, una inseguridad, una excusa ridícula para la vida, una mentira.

Se sentó a tomar un café, y pidió una lágrima. Siempre tomaba eso antes de un trabajo. Era irónico, pensó, él que nunca derramaba una lágrima. Unos años atrás las había volcado a todas, al enterarse de la dolencia de su hija. Ella era una completa inocente, aún no tenía nueve años, era pura, alegre, delicada. Su madre la cuidaba con dedicación. Esa era otra mujer que valía la pena, alguien con la entrega y el amor suficientes para brindarlos a su familia. Ninguna de las dos estaba al tanto de sus actividades. Las mantenía al margen para que pensaran que él era un hombre respetable. ¿A dónde se iría el respeto de su esposa si tuviera algo que reprocharle? Para mantener su fachada, vestía como vendedor y decía que tenía que cerrar negocios en cada uno de sus viajes.

Faltando quince minutos para la hora de partida, abordó el tren. El objetivo estaba en su sitio. Cuevas solo acomodó la maleta en el portaequipajes y se sentó. No respondió al infantil saludo del hombre. Se acomodó en el asiento y simuló dormir para no tener que hablar con él.

Calculó exactamente cinco minutos y siguió con la siguiente etapa de su plan. Se levantó, tomó la maleta y se dirigió a otro coche en el que había comprado otro asiento. Pero antes de llegar allí, entró en el baño de hombres para cambiar el sobretodo gris por el verde que llevaba en la maleta. Entró al compartimiento, se cambió y guardó el sobretodo que se sacó dentro del pequeño baúl donde se guardaban los elementos sanitarios. Así, pasó al siguiente coche con otro vestuario y se acomodó en el sitio reservado.

Antes de que el coche se pusiera en movimiento, comentó con su compañero de asiento que se sentía descompuesto y volvió al baño a cambiarse nuevamente para volver al asiento original. Estaba seguro de que, si su plan principal fallaba, buscarían al del sobretodo gris y no el verde. Y si buscaban un asiento que no hubiera estado ocupado, se encontrarían con que no había tal cosa.

Decidido a abandonar el tren, sin embargo, realizó su trabajo minutos antes de arribar a la estación Brandsen. El silenciador y el factor sorpresa, le permitieron escapar hacia el otro coche, antes de que la gente se diera cuenta de que Gómez había muerto.

Su único error fue dormirse. Estaba agotado por la noche mala que había pasado en casa. Además, no podía imaginar que habría un detective sobre el tren. Tampoco que una mujer detestable llevaría un sabueso en su bolso. Si su hija hubiera visto a ese pequeño perro, seguramente le habría pedido que le comprara uno igual. Ironías. Su vida estaba llena de ellas. Quizás la última sería que Gutiérrez era el hermano de su padrastro.

IV – El detective

Gutiérrez subió al tren que lo llevaría unos días a la costa, para alejarse de varias cosas. Había descubierto que la única manera de descansar era fingir un caso y alejarse de su esposa. La noche anterior había sido una prueba de ello. Su mujer lo había enloquecido con reproches por la falta de tiempo y de interés en ella y en todo lo que tuviera que ver con ella. Él la soportaba estoicamente debido a lo que creía una arraigada idea de unidad familiar. Lo cierto era que sus hijos ya estaban crecidos, habían abandonado el nido hacía unos años y, desde ese momento, en lugar de disfrutar de un nuevo noviazgo, ella se había dedicado a perseguirlo como nunca antes.

El tiempo iba a estar bueno en Mar del Plata, donde se encontraría con Laura, su amante. Ella había viajado un par de días antes para acomodar el departamento que compartirían. Laura era una gran mujer, sabía que él no se separaría y, sin embargo, lo acompañaba en esa aventura de sacarle chispas a los últimos años de servicio. Ella era un poco más joven que él y él la animaba a buscarse una pareja en serio, pero, en el fondo, no lo deseaba. Se sabía egoísta, pero el sentimiento que más lo animaba era el de ser merecedor de una vida plena y feliz. Ya tendría tiempo de recompensar a su esposa con algún viaje a la basílica de Luján.

Sentado en un asiento sin acompañante, Gutiérrez se dedicó a leer un periódico. Las noticias deportivas las leyó por encima. Las sociales las salteó. Se deleitó leyendo sobre conflictos internacionales y cuando estaba por llegar a su parte preferida, los policiales locales, escuchó el griterío.

Saltó de su asiento. Con su preciso sentido de la orientación se dirigió hacia el coche de atrás. Allí los pasajeros se habían reunido en torno a un asiento. Se abrió paso y pidió que los demás se hicieran hacia atrás. Necesitaba despejar la escena. Después de pedir que nadie se acercara, se dirigió hacia el coche comedor. Allí había unos oficiales que acompañaban el convoy. De inmediato, organizó las tareas de búsqueda y repartió órdenes para barrer el tren.  Al mismo tiempo, mandó aviso al maquinista para que no detuviera el tren hasta la estación final. Esa medida había sido extrema, tuvo que utilizar varios argumentos y se comprometió a descubrir al asesino antes de llegar.

Sentía la adrenalina de un nuevo caso, potenciada por el límite de tiempo al que se enfrentaba. No podía haber imaginado un mejor caso. Sería la perla en su carrera. No es que necesitara un ascenso o un reconocimiento, era que el trabajo se había vuelto monótono: rateros, drogadictos, más rateros. Alguna vez un atraco o un niño perdido. Sus dotes deductivas, su imaginación y su olfato no eran puestos a prueba por esos casos triviales. Por eso, esta oportunidad la aprovecharía al máximo. No se creía un Sherlock, solo estaba hambriento de desafíos.

Recorriendo los coches, indagó en los rostros. La gente verdaderamente asustada transpiraba sus temores. No faltó quien quiso sumarse a la búsqueda, ni quien quisiera bajarse con el vehículo en movimiento, presa de una desesperación paranoica. Era difícil diferenciar a una persona desesperada por el miedo de un asesino en actuación dramática. Pero fue descartando casos gracias al interrogatorio.

Lo que más lo confundió fue que nadie parecía fuera de su asiento. Eso no cuadraba en su lógica del asiento vacío. El asesino era un profesional, seguramente había comprado otro pasaje para cubrirse. Pero estaba el otro asunto, el del sobretodo gris. Nadie con esas señas se había movido de lugar.

Registraron una a una a las personas de los coches de atrás. Hacia allí había huido el homicida. Gutiérrez estaba seguro de eso, no solo porque la gente lo vio pasar en esa dirección, sino porque él estaba en el coche de adelante y no vio ningún movimiento extraño.

Necesitaba distanciarse, volvió a recorrer los coches, esta vez con la atención flotante, una especie de concentración sin foco que le permitía percibir detalles altisonantes en la masa de imágenes difusas. Así fue como reparó en el hombre que dormía. Tenía un sobretodo, pero era verde, y lo más importante era que dormía. ¿Cómo podía mantener la calma? Indagó en los restantes viajeros. El hombre había desaparecido por un buen rato. No sabían precisar cuánto, quizás media hora. No estaba claro si había regresado justo después del asesinato. La gente es muy imprecisa cuando no ha superado la sorpresa. De todas formas no podía acusarlo y de ser él, seguro que se había desecho del arma.

Pensando en el hombre, notó a la señora que llevaba un bolso movedizo. La pequeña discusión con la mujer le dejó un poco de dolor de cabeza. Pero unos pasos más adelante apareció la idea. Venía pensando en el perro cuando el tren atravesó la estación de Las armas. Arma, perro, qué pasaría si utilizaba al can para rastrear la pólvora? Sería un intento con pocas chances de éxito, no todos los perros se prestan a seguir un rastro, este en particular parecía muy malcriado por la mujer. Pero era lo único que se le ocurría en ese momento para lograr alguna certeza con respecto a su sospecha.

Gutiérrez realmente estaba disfrutando ese viaje. En un abrir y cerrar de ojos, o para mejor decir, en un par de ladridos, todo estuvo claro y él se convirtió en el hacedor de un récord de investigación y, con ello, se ganó algo que no podía comprarse, una inyección de adrenalina, dopamina, endorfina y otras “inas”, como hacía mucho tiempo no recibía.

Con el asesino prendido y su tarea cumplida, Gutiérrez volvió a su asiento y cerró los ojos por unos minutos. Él se encontraba del mejor humor posible. En ese momento, pensó en su esposa. Le envió un mensaje contándole de su logro. La mujer le respondió que lo esperaba pronto y que no se olvidara de traerle una caja de alfajores. Él pensó que no solo le llevaría alfajores, también le llevaría una ficha de la suerte del casino. En realidad, llevaría una para ella y otra para él. A ella le hacía falta para tranquilizarse, a él, para encontrar la punta del ovillo de ese caso que se abría como otra posibilidad de sentirse vivo. Solo reparó en que lo esperaba su amante cuando la vio en el hall de la estación. Y es que, usualmente, solo pensamos en lo que de verdad nos importa.

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55 comentarios sobre “La última estación del tren

    Estrella Amaranto escribió:
    6 diciembre, 2019 en 10:15 am

    Te felicito, ya de entrada, querida Mirna, pues aunque solamente pueda concursar la primera parte: «Los hechos», lo cierto es, que has escrito una historia completa de género negro, si tenemos en cuenta estos cuatro capítulos, donde se va desarrrollando por partes toda la trama bien estructurada y detallada para la comprensión del crimen, durante el trayecto en tren.
    Destacaría la minuciosa elaboración de la trama, que por supuesto, queda escasa para las 900 palabras del concurso, pero que considero de un trabajo muy loable y digno de tenerse en cuenta a la hora de ser elegido entre los mejores.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      6 diciembre, 2019 en 11:37 am

      Muchas gracias, Estrella. Como le dije a David la historia se me fue de las manos, se escribió sola. El recurso de dividirla fue porque sentía que necesitaba mostrar lo que pensaban y sentían los personajes.
      Un abrazo

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      Jose R. Capel escribió:
      5 enero, 2020 en 9:02 am

      Muy buena historia negra que creo acertado dividirla en capitulos aunque no puedan participar en el concurso. El primer capítulo ya es un relato completo, aunque vale la pena leer el resto para completar esta atrapante historia. Saludos y suerte en el Tintero.

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        mireugen respondido:
        5 enero, 2020 en 12:16 pm

        Muchas gracias, José. Es como dices, el primero ya es una historia completa, pero crece al seguir leyendo el resto.
        Un abrazo y suerte para ti también.

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    Marta Navarro escribió:
    6 diciembre, 2019 en 2:41 pm

    Menuda historia, Mirna! Una serie negra en toda regla. Me has tenido atrapada desde el principio. El conjunto de los cuatro capítulos da un resultado genial.

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      mireugen respondido:
      6 diciembre, 2019 en 7:58 pm

      Muchas gracias, Marta! La historia me fue llevando. Es lo que pasa cuando uno está motivado, en este caso por un texto tan interesante.
      Un abrazo

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    Kurt escribió:
    6 diciembre, 2019 en 3:05 pm

    Wow! Buena historia, bien desarrollada, buena idea dividir por personaje. Lamentablemente, creo que el límite de 900 palabras la deja con un punto menos que a la obra general.
    Un saludo

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      mireugen respondido:
      6 diciembre, 2019 en 7:56 pm

      .muchas gracias, Kurt! Si, soy consciente que en este caso el todo es mayor que las partes.
      Pero de todas formas quise estar presente en la convocatoria.
      Un abrazo

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    David Rubio escribió:
    6 diciembre, 2019 en 5:47 pm

    Gracias, Mirna, por participar con este relato en el concurso. Aunque esta es la versión para participar, creo que también podrías mostrarnos la versión completa que seguro también tienes escrita. Un abrazo y suerte!!

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      mireugen respondido:
      6 diciembre, 2019 en 7:53 pm

      Muchas gracias, David! La convocatoria es realmente motivadora. La versión completa se lee a continuación de la concursante

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    Isabel-Tara escribió:
    8 diciembre, 2019 en 8:52 am

    Buenos días Mirna, ¡vaya relato te has marcado compañera!
    Aunque solo puede la parte I de Los Hechos, (lo he leído completo), tiene coherencia por sí misma.
    Desde luego cumple tlas premisas ampliamente. Género negro. Tren. Asesinato.
    Solo una cosa, y no sé si es un despiste o lo has puesto adrede. Tengo curiosidad. Siempre te refieres al hombre del sobretodo gris… sin embargo hay una frase que habla de uno verde “Una señora aseguró que vio a un hombre de sobretodo verde caminando por el pasillo”. Me parece normal y lógico que alguien pueda confundirse de color o simplemente eran dos personas diferentes con dos abrigos distintos.
    Por lo demás, un relato ordenado con muchos detalles a tener en cuenta.
    A mi se me da fatal el género negro, así que doblemente admirada.
    Enhorabuena Mirna. Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      8 diciembre, 2019 en 9:37 am

      Hola, Isabel. Muchas gracias! El color es la clave de algo que pergeñó el asesino. Si tienes un tiempo, vuelve a leerlo porque es parte de la trama. Un abrazo

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        Isabel escribió:
        8 diciembre, 2019 en 10:02 am

        Sí, entendí que las hebras grises fueron la clave. Lo volveré a leer completo por si se me ha escapado algo. Gracias Mirna.

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        Isabel-Tara escribió:
        9 diciembre, 2019 en 8:22 am

        ¡Y tanto que era clave! en la parte III «El asesino» … se me había escapado esta fraseque lo aclara:
        (Pero antes de llegar allí, entró en el baño de hombres para cambiar el sobretodo gris por el verde que llevaba en la maleta)
        Siento no haber leído con toda la atención que se merecía el relato completo,
        Si es que Mirna no da puntadas sin hilo :))

        Un abrazo

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          mireugen respondido:
          9 diciembre, 2019 en 10:07 am

          Jajaja. Geacias Tara! Sobre todo por tomarte el trabajo de volver a leer. Te mando un abrazo

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    Josep Mª escribió:
    8 diciembre, 2019 en 9:32 am

    Una gran relato de suspense, Mirna. Dividirlo en varias partes, cada una dedicada a uno de los personajes, me ha parecido muy acertado, pues nos permite ver y conocer su propia historia y sus puntos de vista. Es como un puzle. Al final se monta toda la historia y comprendes las motivaciones individuales que han llevado a cada uno a jugar su papel en la trama.
    Me ha mantenido totalmente intrigado, de principio a fin.
    Un anbrazo.

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      mireugen respondido:
      8 diciembre, 2019 en 9:39 am

      Muchas gracias, Josep. La verdad es que debo agradecer a David la limitación de las 900 palabras. Si no fuera por eso, habría escrito un solo texto y, quizás, no hubiera salido con este formato.
      Un abrazo

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    Mery Pérez escribió:
    9 diciembre, 2019 en 5:09 am

    Saludos Mirna, un gran trabajo, da para una novela corta si se quiere. Y un poco a lo Tarantino ;), dividiendo los capítulos contando la visión de cada personaje. Éxitos y bendiciones!

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      mireugen respondido:
      9 diciembre, 2019 en 9:10 am

      Muchas gracias, Mery. Estaba pensando en continuarla
      Un abrazo

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    Irene F. Garza escribió:
    12 diciembre, 2019 en 1:14 pm

    Enhorabuena, Mirna. Me encantan cuando los relatos están segmentados desde diferentes perspectivas, y que al final de todo ese conjunto, las diferentes visiones difieren en una única posible salida. Es muy de cinematográfico, : )
    Un trabajo excelente, qué pena que solo se pueda incluir una parte.
    Un beso.

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      mireugen respondido:
      12 diciembre, 2019 en 3:30 pm

      Gracias, Irene. Me alegra que te haya gustado. Si, es una pena. Pero lo escribí sabiendo cuales eran las reglas.
      Un abrazo

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    beba pihen escribió:
    15 diciembre, 2019 en 2:47 am

    Hola, Mirna. Un estupendo trabajo para entretejer historias y avatares. Me gustaron las pequeñas pinceladas con las que se cuentan las biografías de los personajes, y el dinamismo de los conflictos hacia la resolución. Aplausos para un trabajo original y prolijo.

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      mireugen respondido:
      15 diciembre, 2019 en 3:01 am

      Muchas gracias, Beba. Me alegra que te haya gustado. A mi me atrapó el tema.
      Un abrazo

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    Bruno escribió:
    16 diciembre, 2019 en 7:11 pm

    Un relato policíaco muy bien llevado, Mirna. Se entiende perfectamente la trama y la forma de actuar del detective no presenta fallos.
    Te deseo mucha suerte en el concurso.

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      mireugen respondido:
      16 diciembre, 2019 en 10:55 pm

      Muchas gracias, Bruno. Nos estamos leyendo. Un abrazo

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    Jorge escribió:
    23 diciembre, 2019 en 11:50 am

    Relato que cumple la premisa de género policiaco además de la ambientación en el tren, bien elaborada la trama en torno al misterioso asesino. He leído de momento sólo la primera parte pero me pondré también con el resto para ver en qué acaba la historia. Te deseo mucha suerte en el concurso, Mirna. Un saludo.

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      mireugen respondido:
      23 diciembre, 2019 en 4:33 pm

      Muchas gracias, Jorge. Te deseo lo mismo y que pases muy Felices Fiestas
      Un abrazo

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    Rebeca escribió:
    23 diciembre, 2019 en 3:55 pm

    Un relato formidable. Desglosado en cuatro donde nos das los cuatro puntos de vista de cada uno de los personajes principales. Un gran trabajo. Echo en falta, quizá, algún diálogo para variar un poco el ritmo del texto, pero igualmente me ha gustado mucho. Cumples además con al menos dos de las premisas que nos proponía David para su reto. Un abrazo y ¡Felices fiestas!

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      mireugen respondido:
      23 diciembre, 2019 en 4:35 pm

      Muchas gracias, Rebeca. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo y Felices Fiestas!

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    paola panzieri escribió:
    27 diciembre, 2019 en 4:56 pm

    Hola Mirna

    Está claro que lo tuyo es la novela negra.
    Bien ambientada te hace recorrer tren arriba y abajo…

    Me ha gustado

    Saludos y suerte

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      mireugen respondido:
      27 diciembre, 2019 en 7:27 pm

      Gracias! Créeme que no estoy muy práctica en novela negra. Pero agradezco el elogio y me comprometo a dedicarle un poco más de tiempo. Un abrazo

      Me gusta

        Paco Castelao escribió:
        1 enero, 2020 en 11:02 am

        Una historia policiaca con una trama compleja resuelta con indudable acierto. Es original ese planteamiento que nos permite seguir el caso desde la perspectiva de cada personaje. En resumen, un relato muy bien hilvanado con un análisis minucioso de las motivaciones de cada personaje. Suerte en el Concurso. Un abrazo, Mirna.

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          mireugen respondido:
          1 enero, 2020 en 1:33 pm

          Muchas gracias, Paco. Suerte a ti también. Un abrazo

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    franmoroz escribió:
    27 diciembre, 2019 en 7:56 pm

    Te has marcado toda una história de género negro en la que destaco la estructura y el ritmo.
    Todo el argumento desarrollado en un tren, y eso era uno de los parámetros obligados con lo cual, misión cumplida.
    Un abrazo y mucha suerte.

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      mireugen respondido:
      27 diciembre, 2019 en 8:42 pm

      Muchas gracias, Francisco! He leído tu relato y reitero mi felicitación para vos.
      Un abrazo

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    Beri escribió:
    30 diciembre, 2019 en 11:03 am

    Hola Mirna! Si bien sólo participa en el concurso la primera de las cuatro partes de que consta el relato, la historia en su conjunto está muy bien escrita. ¡Mucha suerte!

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      mireugen respondido:
      30 diciembre, 2019 en 11:29 am

      Muchas gracias, Beri. Me alegra muchísimo que te haya gustado. Un abrazo

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    unlugarapartado escribió:
    30 diciembre, 2019 en 1:20 pm

    Me ha encantado, Mirna, un placer leer este relato que me ha tenido atrapada en la historia de principio a fin. ¡Qué preciosidad! Con qué puntualidad va haciendo su recorrido el tren y a la par va avanzando en la investigación el detectivie con una minuciosidad que no pierde detalle. El recurso del perro en esa bolsa, me ha parecido de una astucia simpática por parte de la dueña para llevársel de incógnito.

    Te felicito, Mirna.
    Saludos y que con el Año Nuevo te podamos seguir leyendo.

    Me gusta

      mireugen respondido:
      30 diciembre, 2019 en 9:47 pm

      Qué alegría, María Pilar! Te agradezco mucho tus palabras. Espero que el año próximo nos encuentre con las musas motivadas.
      Un abrazo y feliz año!

      Me gusta

    perlasnarrativas escribió:
    30 diciembre, 2019 en 6:01 pm

    Hola Mirna, que buen relato 4 en 1 porque como bien dices pueden ser contados por separados. Felicitaciones, suerte y saludos desde Venezuela

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      30 diciembre, 2019 en 9:49 pm

      Muchas gracias perlas narrativas! Feliz año lleno de ideas que volcar al papel.
      Un abrazo

      Me gusta

    Clara A escribió:
    31 diciembre, 2019 en 5:07 pm

    Hola Mirna,
    Creo que debemos ser compatriotas. Me ha llamado la atención ciertas coincidencias en nuestros relatos, relativas a detalles, que me hacen pensar que respiramos el mismo aire.
    Desde ya, me siento incapaz de escribir un relato negro del nivel del tuyo. Es de primera línea.
    Mil felicidades. Un abrazo

    Me gusta

      mireugen respondido:
      31 diciembre, 2019 en 5:30 pm

      Hola, Clara! Tal vez seamos vecinas! Podríamos conectarnos por Face. No sé por qué dices que no puedes con un relato negro, si te gusta, deberías insistir.
      Muchas felicidades y un abrazo

      Me gusta

    David Rubio escribió:
    1 enero, 2020 en 9:40 pm

    Hola, Mirna. Te dejo el comentario de Carla Guerrero a tu relato y que publicó en el blog de El tintero. Un abrazo:

    Hola Mirna! Una vez más tengo la mala noticia de que no he podido comentar en tu blog por wordpress. Enseguida de acabar de leer y comentar todos los relatos me pondré a averiguar el porqué.
    Te había escrito:
    Me ha gustado mucho tu primer relato, y es fantástico el hecho de que lo hayas completado con varias partes más aparte de las 900 palabras. Ya he comentado varias veces que se me habían quedado cortas al realizar el mío. También me hubiese gustado escribir una segunda parte donde poder arrojarle un poco más de luz, pero creí que no estaba permitido, y supuse que parte de la exigencia era esa, ceñirse estrictamente al límite estipulado del concurso. Entiendo perfectamente que solo participa la primera parte, pero sin duda las otras aclaran al lector muchísimos aspectos, que lógicamente, al menos yo, no me he podido resistir a continuar leyendo. Recién comienzo en el tintero y mira, una cosa más que he aprendido. 🙂
    Aunque tu relato fue uno de los primeros en aparecer, lo acabo de leer ahora. Los leo aleatoriamente, (llevando un riguroso control de dónde comento y cuáles leo) para que no se me vaya formando una idea «gastada» de los anteriores, como diría… como si cada uno que apareciese solo por ser nuevo me gustara más que el anterior, lo hago así en un intento de ser lo más imparcial posible.
    Un relato completísimo y atrapante, Mirna, muy currado!
    Un abrazo fuerte y hasta la próxima!!

    Me gusta

      mireugen respondido:
      1 enero, 2020 en 10:08 pm

      Muchas gracias, David por transmitirme el comentario de Carla.
      Resta agradecerle a ella por sus palabras y decirle que no tuve opción al escribir el relato. Necesitaba más palabras para mostrar las motivaciones, porque los hechos solos los sentía incompletos como historia.
      Se bien que el conjunto es más que las partes. Pero no me preocupa que elijan mi relato. Fue una satisfacción participar en el tintero.
      Un abrazo

      Le gusta a 1 persona

    emerenciaviajeyfotos escribió:
    3 enero, 2020 en 9:24 pm

    Hola Mirna, hasta ahora no había podido dejarte comentario, esto del wordpress alguna vez que otra me da problemas, creo que te comenté en facebook, pero aun así te he vuelto a leer. En primer lugar destaco ese trabajo tan valiente que has hecho de la historia. Presentar ese comienzo de los hechos y desglosarlo después según los protagonistas de la historia, muerte incluido. Chapó compañera. La historia que contarte tiene todo lujo de detalles y la trama está bien urdida. Me queda un final más flojo, claro porque hay que seguir leyendo. Por lo demás, buen trabajo. Un abrazo compañera

    Me gusta

      mireugen respondido:
      3 enero, 2020 en 10:09 pm

      Hola Eme. Gracias por tomarte el trabajo de dejar tu huella y por tus palabras. Te estoy sumamente agradecida por tu valoración.
      Ya te he dejado mi comentario en tu blog, que por cierto, ha sido un gusto leerte.
      Un abrazo

      Me gusta

    rosaboschetti escribió:
    5 enero, 2020 en 3:45 pm

    WOW! que historia tan buena! Me ha gustado como lo fraccionas por personaje para conocer la trama completa 😁 El muerto,tenía unos planes un poco ingenuos jajajaja Suerte en el reto🐾

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    Araceli escribió:
    6 enero, 2020 en 6:09 pm

    Me ha encantado Mirna como vas hilando la trama a través de todos los puntos de vista. Un argumento original con una narración muy visual y dinámica.
    Un abrazo compañera

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      mireugen respondido:
      6 enero, 2020 en 9:18 pm

      Muchas gracias, Araceli. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo

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        Beatriz Vélez escribió:
        8 enero, 2020 en 10:55 am

        Un relato realmente bueno, Mirna. ¿Te has planteado desarrollarlo un poco más y convertirlo en una novela corta? Definitivamente me has ganado con la aparición del beagle, un perrete como el mío. Un abrazo.

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          mireugen respondido:
          8 enero, 2020 en 4:06 pm

          Muchas gracias, Beatriz! Veré si se me ocurre cómo continuar la historia. El perro le da un toque menos dramático. Jaja
          Un abrazo

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