Retratos – El vendedor de pañuelos

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Imagen relacionadaHay gente que tiene trabajos que se sustentan con la desgracia ajena. Podemos pensar en los abogados, los médicos, los psicólogos, los sepultureros. Pero no todos son tan trágicos. El viejo José solo espera que la gente estornude o llore.

Lleva esperando eso desde que quedó cesante de la fábrica. Algunos de sus compañeros se dedicaron a hacer changas de albañilería, pero él, con sus rodillas gastadas, solo atinó a conseguir algo útil para intercambiar.

Se lo puede ver en la esquina de la avenida de la estación y la calle donde salen los colectivos. Tiene una caja de madera, de esas de verdulería, como escritorio. Sobre ella ha colocado un pequeño mantel de plástico que consiguió en una tienda de retazos. Y sobre el mantel, con la forma de una pirámide azteca, apiló los sobres con pañuelitos de papel.

Él no pregona, tiene dañadas las cuerdas vocales de tanto cigarrillo, solo muestra unos sobres de pañuelos en una mano que extiende un poco cuando alguien pasa. Algunos le compran, otros lo ignoran, pero todos lo ven, mañana a mañana, cual estoico granadero, sin importarle el mal tiempo.

Tiene una clienta favorita. Es la empleada de la verdulería que todas las tardes le compra un sobrecito. Ella, además de picar las cebollas para armar las bandejitas, tiene problemas con su novio y todas las tardes llora. José no sabía nada de ese novio. Pensaba que ella no podía soportar el ácido del bulbo, pero, una tarde, la vio discutir con un muchacho y presenció el momento en que ella se ponía a llorar. Como su instinto protector no sufrió mella, a pesar de no tener un peso, corrió en su auxilio y le alcanzó un sobre de pañuelitos. La muchacha, agradecida, los tomó y lo miró con ternura. Hizo el ademán de pagar, pero él se lo impidió.

─No todo se paga con dinero ─dijo él. Y le guiñó un ojo. Desde ese día la muchacha no volvió a comprarle pañuelos, en cambio, todas las mañanas que siguieron, le prodigó una sonrisa cómplice que hacía las delicias del viejo José. Y él se puso mucho más contento porque entendió que la verdulera había recuperado su fuerza y su respeto por sí misma.

(C) Meg

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4 comentarios sobre “Retratos – El vendedor de pañuelos

    Estrella Amaranto escribió:
    30 junio, 2019 en 7:45 pm

    El mensaje es tan tierno y esperanzador que casi no acierto a comentarte, querida Mirna, sin evitar sentir ese escalofrío en la espalda y la mirada borrosa cuando miro la pantalla para escribir.
    Se trata de una sencilla pero maravillosa historia de Amor al prójimo, como otras tantas que pasan desapercibidas para la gran mayoría de la gente pegada al móvil y desperdiciando la enorme belleza que guardan estas pequeñas, pero GRANDES anécdotas cuando se miran desde el corazón.
    Te deseo mucha suerte en El Tintero.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      30 junio, 2019 en 7:53 pm

      Gracias, Estrella! Tus palabras son una caricia al alma. Aún no me presento al Tintero. Estoy practicando para escribir algo de terror o suspenso.
      Un abrazo

      Le gusta a 1 persona

    Josep Mª escribió:
    2 julio, 2019 en 9:23 am

    Qué historia tan tierna y humana nos traes en esta ocasión, Mirna.
    Muchas veces no nos paramos a pensar qué o quién hay detrás de esa figura que nos tiende un paquetito de pañuelos. Hay quien seguramente piensa que es un holgazán que no quiere trabajar o hacer algo más útil y productivo. Pero suele haber toda una historia humana, de soledad, miseria, injusticia y un largo etcétera.
    Esas personas, que eperan el favor ajeno, seguramente son mucho más humanas y caritativas, como el viejo José, que muchos de los viandantes que pasan de largo sin siquiera dignarse a mirarles a la cara.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      2 julio, 2019 en 10:23 am

      Hola, Josep. Gracias por esta reseña que expresa muy bien el trasfondo de lo que suele pensar la gente. Un vendedor ambulante es un trabajador que, encima, no tiene los beneficios de la seguridad social. Pero no se queda en su casa mirando el techo, sale a la calle con frío y trabaja. No espera un favor, está trabajando.
      Un abrazo

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