El agujero negro – XIII – El dedo en la llaga

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Resultado de imagen para secretoEn las oficinas de otro canal de televisión, Sol Mendoza trataba de convencer a su productor de cambiar el foco de la noticia. Todo se reducía a una artimaña del gobierno para desviar la atención de las obras que no podía concretar. Tenía testigos que podían declarar que vieron que se trataba de máquinas. La desaparición de las oficinas no era producto de una conspiración estelar, era causada por el mismo gobierno para no rendir cuentas sobre el destino de los fondos con los que debían efectuarse las obras.

─¿Quién es tu testigo principal?

─Un vagabundo que vive al lado del contenedor que está bajo la oficina de Proyectos.

─Parece que te olvidaste de uno de los principios que guían nuestro trabajo. Las fuentes deben ser confiables.

─Es confiable.

─Decime que no estaba borracho cuando lo entrevistaste.

─En realidad, él me habló de máquinas extraterrestres gigantes, pero mi interpretación de lo dicho me hace pensar que vio a una enorme máquina de vialidad.

─Máquinas extraterrestres, borrachera, interpretación… nada de esto es confiable. De ninguna manera voy a permitir que esto se haga público.

─Pero…

─No se discute más. Conseguí otro testigo o si no…

Sol salió de la oficina con un medido portazo. Lo suficientemente fuerte para demostrar su disgusto, pero no tanto como para ganarse otra reprimenda. Salió del canal y en la puerta inspeccionó su agenda. Tenía una posibilidad, pero era muy poco probable. Le habían dado una entrevista con el sindicalista Ubaldo Barrios. Le habían anticipado que el hombre ya estaba cansado de los reporteros y se mostraba cada vez menos colaborador. Pero se tenía confianza.

Llegó al sindicato y se anunció en la recepción. Inmediatamente le indicaron que subiera al décimo piso. Era el más alto. Allí Ubaldo tenía una oficina con ventanal al río.

El hombre levantó la vista de unos papeles y se acercó a la puerta desde donde ella lo contemplaba.

─Buenas tardes, Sol. Siempre veo su programa. ¿Qué la trae por acá?

─Vengo a conseguir información de esa que no están dejando pasar las censuras.

─¿Censuras?

─Sí, hay formas muy discretas de censura o de encubrimiento.

─Lo que le voy a decir nunca salió de mi boca, ¿entendido?

─¿Hay forma en que pueda corroborarlo?

─Seguramente, siempre que toque a las puertas adecuadas.

─Lo escucho.

─¿Usted conoce el dicho en boca cerrada no entran moscas?

─¿Ya se arrepintió?

─Usted no va a poder guardar el secreto.

─Pruébeme.

─Me juego la cabeza, pero le voy a abrir los ojos.

─Usted ya demostró que tiene lo que hay que tener.

─Hay mucha gente que dice que ignora cosas. Son especialistas del engaño. Pero no se confunda, no se engañan a sí mismos. Miran para otro lado, mientras alguien les llena los bolsillos. Creen que por sacar unas monedas, nada va a pasar, la bolsa seguirá viéndose llena. Pero si el de al lado también saca y el otro y el otro y el otro, la bolsa se va a vaciar en algún momento. Ellos no se dan cuenta, no quieren darse cuenta. Necesitan que alguna gente los apoye y no mirar es como decirles mientras estén conmigo van a poder llevarse algo. Hay muy pocos políticos que tienen respaldo por sí mismos. Mire… a la gente común, Usted los puede enganchar prometiéndoles trabajo o que se va a poder comprar una tele, o que va a hacer un viajecito al exterior. Pero a los que rodean a los políticos no se los arregla tan fácil. Ellos quieren más. Y como saben que las ideologías son para los giles, ellos pueden cruzarse de vereda cuando se les da la gana. ¿No vio como se pasan de un partido a otro?

─Sí, es cierto.

─Bueno, ahí tiene. A esa gente hay que adornarla de otra manera. Hay que dejarle hacerse un colchoncito para cuando no estén en el poder. Esos son como gurkas de la política. No se casaron con el partido, ni con la gente, pero tienen influencias y las hacen valer. Y dicen que no se sienten representados, que van a poder hacer cumplir sus ideas mejor en otro lado. Y siguen buscando las oportunidades para sí mismos.

─Pero hay gente que realmente cree en eso.

─Sí, algunos, pocos. Mire… Hay dos cosas que no deben pasar en una democracia: que alguien siga eternamente en un puesto y que haya tantos cambios de bando. La gente cambia, me van a decir, sí, es cierto. Pero no hay tantas alternativas para hacer política. Yo le diría que con tres partidos estamos hechos. Si hay más es porque hay gente veleidosa que no busca lo mejor para el país sino para sí mismo.

─Y Usted dice que no puedo dar su nombre…

─Esto queda entre nosotros. Si no, me van a encontrar flotando en el Riachuelo…

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