Retratos – El viejo del kiosco

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Imagen relacionadaÉl es parte del paisaje desde hace muchos años. El kiosco es una excusa para no pasar su jubilación sentado frente a un televisor. La gente del barrio lo conoce por su nombre, Don Pepe, el de los precios caros, pero es el que está más a mano de todos.

A las seis de la mañana se lo ve llegando despacito. Ya no usa su auto, viene en colectivo, porque un pequeño temblor en las manos le impide conducir. A esa hora comienzan a llegar los del reparto. Tiene un surtido que va desde golosinas hasta las pipas que usan los noctámbulos del barrio para fumar un porro.

Nadie conoce su edad. Aparenta más de setenta, pero se mueve con agilidad de duende. Aprovecha su estado para piropear a las chicas, sabiendo que ninguna se lo tomará a mal. Tiene una preferida, una maestra gordita que da clases en la escuela pública de la otra cuadra. Ella siempre compra pastillas de menta y él no pierde oportunidad para regalarle un caramelo de frutilla.

A veces se lo ve estirando las piernas en la calle. Tiene un ayudante que viene por las tardes. Y él da una vuelta por la cuadra y se detiene un rato a charlar con el del puesto de diarios. Con el diariero tratan de arreglar el mundo. Uno es peronista el otro anti, y las discusiones se alargan como por arte de magia. Pero no alcanza con eso para romper la amistad. Siempre hay motivos de unión cuando se comparte un mate.

A las seis de la tarde deja el kiosco y se vuelve a su casa. Allí tiene una cita con sus nietos y más tarde con la radio tanguera. Le fue quedando la piecita del fondo, porque su casa se fue ocupando por la insistencia de su hija, desde que quedó viudo. Y así un día tras otro va rejuveneciendo por obra y gracia de los nietos.

4 comentarios sobre “Retratos – El viejo del kiosco

    Marta Lo escribió:
    24 noviembre, 2018 en 11:13 am

    Precioso texto. 💙 Me ha emocionado un poco, he de decir. 😊 Un saludo.

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    David Rubio escribió:
    27 noviembre, 2018 en 11:23 pm

    Un lienzo que me recordó mi niñez cuando cada sábado acudía para comprar mis cómics. Así que mucho ha tenido que ver el kiosko en mi afición lectora. Como dices forman parte del paisaje hasta tal punto que su ausencia deja un vacío irreparable. Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      27 noviembre, 2018 en 11:41 pm

      Así es, David. Y la verdad es que me has hecho recordar algo de mi niñez, cuando iba a comprar estampillas a la librería y me quedaba charlando con el librero. Cada vez que paso por esa esquina lo recuerdo.
      Un abrazo

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