Retratos – La que pide perdón

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Resultado de imagen para plegariaHay personas a quienes la vida trató con un látigo y con cadenas. La mirada baja, la espalda algo inclinada hacia adelante, los ojos huidizos, la voz queda.

Sale a las cinco de la mañana, no hay nadie tan puntual como ella. Recorre los puestos de verduras a la hora de la descarga y compra los alimentos del día, siempre frescos, siempre en porción para que no se desperdicie nada. No parece ser de las que regatean, aunque tiene una fuerza interna que quizás sorprenda.

Al volver se prepara un suculento desayuno, café con leche y cinco galletitas de agua, que debe aguantarle hasta la noche. A las seis, comprueba la hora en su reloj de muñeca y se encamina a su trabajo como personal de limpieza en una gran tienda. Pulcra, prolija, sufrida se podría decir, ella anda con la misma ropa que lava, plancha y dobla todas las noches. Es una paleta de grises que anda por la vida con la esperanza metida en una estampita.

Luego de una ardua jornada de trabajo, vuelve a su lugar de reposo y comienza la tarea de armar esa sopa, guiso o puchero en los días de mayor lujo. Se la ha visto compartir su alimento con alguna vecina que no llegó a fin de mes, y cuando lo hace se le nota que lo hace con gusto.

Si te cruza por el patio arriesga un saludo. No todas la comprenden, no a todas les cae bien su excesiva modestia. “Cuídese mucho” es su latiguillo y se nota que lo dice de corazón. Pero siempre encuentra algún motivo para pedir perdón, aunque no haya tenido la culpa de nada.

Una vez se compró una cartera en la tienda donde trabajaba. Andaba como perro con dos colas. Era una cartera de señora importante, de señora “bien”, que se la dejaron con descuento. No faltó quien le dijo: tenga cuidado porque pueden pensar que la robó. Y ella sacó el papelito doblado que decía que era de su propiedad. ¿Ve que la compré? La quería usar para todos los días, pero después de eso la guardó para alguna ocasión que quién sabe cuándo sería.

No se le conoce familia, tampoco amigos, ella dejó atrás alguna otra vida en algún lugar lejano. Al verla, uno se imagina que alguna vez conoció el amor, pero no fue un amor correspondido. Cuídese mucho, se diría, cuídese de no tener quien la cuide alguna vez.

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