25 años – Parte XXVIII

Posted on

Pasados los arrebatos de la investigación judicial en la que se había visto involucrado, Raúl seguía desayunando con las noticias en una mano y una pelota para aliviar el estrés en otra. Entre dos notas escalofriantes: la investigación del crimen de una estudiante vinculado a hijos de poderosos y el robo del corazón de un santo, los diarios se  hacían eco de la solución, aunque incompleta, del caso del robo de diamantes, uno de los pocos de los que se podía decir que llegaron a buen puerto, y todo gracias a la presión de los africanos damnificados. Raúl leía la historia, en la página veintiocho, como si no hubiera sido parte de ella. Había bebido de la fuente de la irrealidad por un largo tiempo y todavía se tenía que pellizcar para sentir que había vuelto a su casa y estaba junto a su amada Blanca, planeando un futuro juntos.

Volver a 25 años – parte XXVII

Volver a 25 años – Parte I

—Menos mal que la jueza me tuvo un poco de consideración.

—¿Por qué decís eso?

—Porque aunque se dio cuenta de la temeridad de mis actos, también valoró que obré de buena fe y que, en todo caso, había sido víctima de mi propia inexperiencia, por no decir estupidez.

—Tuviste muchos buenos momentos con ese trabajo. Y lo que hiciste fue de corazón.

─Sí, los buenos casos fueron gracias a vos.

─¿Gracias a mí?

─Claro, no te hagas la distraída.

─No, yo solo…

─Yo sé bien que quisiste ayudarme, aunque hubiera preferido que no me mintieras, eso solo prolongó el desastre…

─¿Cómo me descubriste?

─Me pareció demasiada casualidad que todos los casos que me hacían sentir más humano hubieran aparecido después de que yo dijera que iba a abandonar todo. Al principio me sorprendieron, me dieron un empujón, una alegría enorme, después empecé a sospechar y finalmente noté que tu cuenta de ahorros para el albergue de perros se había congelado.

─¿Todo eso notaste?

─Es que me importás mucho, Blanqui, y me intereso por todas tus cosas y además… un día se te cayó la libreta en la cocina. Me interesa todo de vos, aún las cosas más pequeñas como ese perfume nuevo que estás usando y me da ganas de…

Blanca se abrazó a su cuello y le dio un beso con una mezcla de agradecimiento y cariño que resultó en una oleada de sensaciones. Últimamente el sexo entre ellos había escalado a niveles épicos debido a esa conjunción de amor y sentimiento de sobreviviente que los hacía valorar inmensamente la vida.

—Ahora tengo que volver a la realidad: colas de desocupados y rompederos de cabeza con proyectos posibles. El precio de la libertad es bastante alto, pero hay que apechugar, como decía mi madre.

─Toda la vida es una lucha, amor, desde que empezamos a caminar es así, nunca nos libramos de los tropezones, de los esfuerzos para volver a levantarnos. Pero uno aprende a caminar ¿no? No sé por qué tendría que ser de otra manera. A veces lo olvidamos, sufrimos una amnesia provocada por la rutina y el hastío. Lo importante es no claudicar, no bajar al sótano del pesimismo, allí no hay luz que ayude a ver una solución. Quién te dice… a lo mejor no hay algo escrito en el destino, quizás es uno quien escribe su futuro. No lo sé, tal vez haya un poco de cada cosa, lo único que sé es que uno tiene que estar atento. No nos podemos dormir y menos en los laureles de una supuesta estabilidad. Hay que estar bien dispuesto para encarar lo que la vida nos presenta. Mirá lo que pasó con nosotros. La felicidad… la muy escurridiza apareció un día y tejió un lazo de seda entre nosotros y luego nos puso a prueba y tironeó de ese lazo, pero aquí estamos, la seda, a pesar de su apariencia delicada, no se rompió, descubrimos su fortaleza escondida.

¿Sabés? Hay algo que no te conté. Cuando estaba con Rosalía en el hotel, me invitó a su cuarto y pude ver esa caja. Sabía que contenía algo de valor.  Por un minuto quedé sola con la caja y sentí una intensa atracción, pensé que si me apoderaba de ella podría cambiar el rumbo de nuestra vida. Sentí esa certeza por un instante. Podría haberla tomado y huido de allí. Podría haber puesto una excusa. Podría haber dicho que lo necesitaba como al agua, que de ello dependía nuestra vida, nuestra supervivencia. Se me cruzaron miles de razones para aprovechar el momento, para usar en nuestro favor el descuido, la casualidad, la oportunidad única. Alguno dirá que estoy loca o que soy una idiota. Yo pensé en nosotros con más fuerza que nunca. Pensé en qué clase de persona elegía ser a partir de ese momento, de esa decisión. Pensé en qué sería de mi libertad, de mi libre albedrío si elegía abandonarme a lo que tanto detesto.

No paramos de ver corrupción, mala fe, egoísmo, indiferencia. No quise ignorar a toda esa gente que no tiene forma de robarse un futuro. Elegí ser parte de los que luchan a brazo partido, los héroes de ese cómic no escrito cuyo heroísmo consiste en vivir sin hacer trampas, los que sienten la vida bullendo en las venas cuando logran algo con su esfuerzo, los que transitan las penurias de la vida con alma de exploradores.

─Hiciste muy bien Blanca ─respondió Raúl, acariciándole el cabello─, aunque algunos opinen lo contrario. Y para demostrarte que tenés toda la razón del mundo te voy a contar lo que sucedió ayer. Volvía del supermercado y me encontré con mi ex jefe, Norberto. El pobre se quedó sin nada, lo pelaron por completo con el asunto del robo. Él andaba buscando mi casa, estaba medio perdido porque no conocía el barrio. Lo alcancé y nos fuimos a tomar un café. Allí nos encontramos con los muchachos. Charlamos por un rato de bueyes perdidos y cuando Tito, el chueco y Julián se fueron, nos quedamos hablando un rato más. Me contó que existe una posibilidad de armar un negocio con una pequeña inversión, no tanta como para no arriesgarse. Ya contactó a otros compañeros y está formando un grupo de cinco. Tiene en mente algo pequeño, nada de andar delirando con cosas glamorosas, le valió la experiencia y ahora anda con pie de plomo. Quiere abrir una casa de comida, de esas de comida rápida para oficinistas. Es todo un cambio, me genera vértigo y ansiedad, pero no hay chance, o me dispongo a intentar o me quedo a esperar que llueva maná del cielo… Norberto me dijo que mi experiencia haciendo trucos para llegar a fin de mes nos iba a ser muy útil.  Piensa que vamos a poder lograr menús económicos y podríamos incluir un delivery de esos que ahora se pusieron de moda.

Yo le conté que con otros dos estamos presentando un proyecto para una oficina de empleo gubernamental de reconversión, algo en serio, no como las que tuve la deshonra de visitar. Oficinas con profesionales, incluso podría ser con algunos desocupados que quedaron fuera de la maquinaria. Pero él piensa que no nos van a hacer caso en el gobierno, aunque tengamos llegada a algún funcionario de importancia. De todas formas, se ofreció para ayudar. Juntos, con la ayuda de un abogado, vamos a presentar un proyecto de ley para generar empleo de verdad, con microemprendimientos de todo tipo, capacitando a la gente, dándole una nueva formación, abriéndole los ojos para los nuevos tiempos. Porque él, con sus muchos años de actividad privada, ha llegado a la conclusión de que la mano invisible de Adam Smith es tan invisible que a veces parece que no existiera, y no cree que Smith se ofenda porque le den una manito de vez en cuando. Porque los que tanto hablan de libertad saben bien que necesitan sus contactos. Solos no somos nada, no existimos. Y hay gente con ideas y otra con recursos que pueden ser presentadas para iniciar algo. No vivimos en la jungla. No somos animales comiéndonos unos a otros. Somos todos de la misma especie y así como todos estamos de acuerdo en proteger a los pandas, no veo por qué no proteger un poquito a nuestra especie, también. ¿O acaso somos antropófagos?

─Estoy segura de que algo bueno saldrá de todo eso. Ya ves que la mejor joya que podemos tener en nuestra vida es la voluntad de salir adelante.

─La mejor joya, mi querida Blanqui, es contar con vos, que siempre me apoyaste y creíste en mí, y tener amigos de esos que no se borran en la adversidad.

Y en eso sonó el timbre. Sus amigos venían con unas pizzas y un par de cervezas. También venían sus familias y habían traído al perro asustado con los cohetes que ya estaban sonando por los preparativos para la Navidad.

─Muchachos, cómo va eso de las orejeras. A ver… ¿ya tenemos el diseño?

─Mañana lo trae el diseñador, Raulito. Che, estás imparable ─dijo Tito.

─Y ahora que el amor le sonríe, siente que todo es posible ─bromeó el chueco.

─Y ni siquiera tuvimos que llamar al psicólogo ─agregó Julián.

Blanca y Raúl se miraron con complicidad. En ese momento el jilguero malhumorado comenzaba a regalar sus trinos, seguido por los canarios como si de un director de orquesta se tratara. Había sido así desde que ella se instaló a vivir allí, unos días atrás.

─¿Qué te parece si les cambiamos la jaula?

─Sí, sería bueno que tuvieran más lugar para volar.

Fin

 

EPILOGO

Raúl y Blanca siguieron juntos el resto de sus días. Los dos encontraron por el camino nuevas ideas, anduvieron, tropezaron y se volvieron a levantar, a fuerza de porfía, como dirían ellos mismos.

Presentaron varios proyectos para que el gobierno tome cartas en el asunto de la desocupación. Ninguno fue bien recibido, algunas veces por indiferencia, otras por soberbia, otras porque se distorsionó el fin último que guiaba la propuesta original: obtener dignidad a través del trabajo en un contexto de respeto por los miembros integrantes del contrato social.

Se dice que en una universidad estatal se estudió el proyecto de reconversión laboral para hacerlo viable, pero no alcanzaron los fondos para ponerlo en práctica cabalmente, ya que la educación figuraba como prioridad solo en los discursos.

Mientras tanto, muchos más se sumaron a las filas de desocupados. No todos tuvieron la suerte de Raúl. Se escuchó decir a algún importador de chucherías que solo eran rumores de prensa amarillista.

Mientras tanto, una vieja que pedía limosna en el tren desvariaba diciendo que necesitaba plata para los remedios. Una mendiga con un niño de pecho en sus brazos era corrida de la calle Florida para no afear el paseo. Y un hombre que buscaba trabajo sin suerte vio como engrosaban los empleos públicos con amigos de los amigos…

Adam Smith pareció seguir lavándose las manos. Un estudiante de una universidad provincial reflexionaba que usaba demasiado jabón, porque a veces le resbalaban las cosas…

Un periodista de un diario local escribió que no nos ponemos de acuerdo sobre cuál es nuestro equipo… excepto cuando juega la selección.

Raúl y Blanca le contaron a quien quisiera oírlos que el trabajo es un derecho desde que hay que pagar impuestos para tener un pedacito de tierra para cultivar, criar gallinas, abrigarse y darse un techo para dormir.

Meg © Todos los derechos reservados

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s