25 años – Parte XII

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Resultado de imagen para partido de futbolUn par de semanas después, todo era euforia en la Argentina. Se vivieron momentos inolvidables con los partidos del Mundial de Fútbol, la adrenalina alborotaba la sangre y llenaba de entusiasmo hasta a los muertos, tanto que nadie se percató de la inflación, el escaso aumento a los docentes y jubilados, las protestas de los choferes de colectivos, la noticia de la operación en el país del cartel de Medellín y el avance inexorable de las privatizaciones de empresas públicas que generarían despidos masivos.

Volver a 25 años – Parte XI

Volver a 25 años – Parte I

Sólo noticias positivas sobrevivían el tamiz de esa felicidad  redonda. Y ahora la  primera plana mostraba a Maradona al mismo tiempo que a una mucama de Munro ganadora del Quini. Raúl se quedó rumiando esta última noticia, le hacía un run run que no podía descifrar. Ah, sí. Pensemos en positivo, el azar es la salida… Y si no te toca a vos, mala suerte. Conformate, no sos Maradona. Seguí participando. A lo mejor algún día viene un golpe de suerte, todo cambia… baja el hada madrina y te ofrece el trabajo de tu vida o te regalan un tesoro incalculable.

El resultado del campeonato de la FIFA generó sentimientos encontrados. Los que valoraban el segundo puesto se enfrentaban a los que decían que el segundo puesto apesta. Toda una filosofía de vida se esconde detrás de esas posiciones opuestas. Raúl y sus amigos se reunieron a ver la final y si no hubiera sido domingo hubieran seguido hasta la madrugada dándole vueltas a la discusión como perros tras su cola. La nota final la dio Julián. Según su visión, quien no acepta que un segundo puesto es un premio importante no ha resuelto su conflicto edípico y revive con esto el resultado de su rivalidad con su progenitor del mismo sexo por la posesión de su progenitor del sexo opuesto. Esto era demasiado para las doce de la noche y sobre todo para sus mentes tradicionales que no tenían cabida para esa clase de teorías, ni sabían si lo que decía Julián tenía algún asidero real o era puro desvarío, así que sin nada que agregar se despidieron mascullando que la próxima vez sería mejor, lástima que faltan cuatro años… Vamo, vamooo, Argentina… salieron todos en trencito a la puerta, mientras los vecinos disparaban pirotecnia para regocijo de los niños y sufrimiento de los perros.

─Hay que inventar algo para que los perros no sufran ─comentó Raúl.

─Sí, unas orejeras especiales que no se puedan sacar con las patas ─respondió el gordo.

─Vamos a buscar un diseñador que nos pueda ayudar ─agregó el chueco.

─Pero que sean descartables, así prospera nuestro negocio ─sentenció Julián.

Vamo, vamooo, Argentina…

La semana fue pasando, pero el entusiasmo futbolero siguió flotando en el ambiente por días y días. Algunos dejaron sus casas embanderadas, otros ostentaban copas de plástico plateado en sus ventanas. El mes que dura el mundial resulta corto para los que aman y sienten pasión por la competencia. Aunque nunca faltan los que rechazan el juego simplemente porque no quieren arriesgarse a obtener un segundo lugar.

Y los días se fueron volviendo cada vez más atareados para Raúl, quien hacía marchar su negocio a fuerza de constancia, amabilidad e ingenio. La gente se mostraba reacia al principio. Nunca habían escuchado de un servicio como el que prestaba él. En realidad lo consideraban una argucia más que un servicio. Y algunos se lo decían.

─¿Usted piensa que con algunas palabras se puede arreglar mi negocio?

─Las palabras crean mundos y realidades ─respondía Raúl.

─Pero aquí se necesita más que eso, necesito capital.

─Eso mismo puedo ayudarle a conseguir.

─¿Cómo? ¿Usted me daría un aval?

─No, pero le daría una recomendación para conseguir un préstamo privado.

─¿Sería legal?

─Por supuesto. Yo conozco alguna gente que puede recomendarlo con la financiera. Y esa gente necesita a su vez que yo le hable bien de usted.

─¿Balances? ¿Declaraciones de ingresos?

─No, quédese tranquilo, yo me ocupo. Esto es un asunto de confianza. Digamos que soy una especie de fiador espiritual.

Una de las razones por las que todo avanzaba era que después de un día agotador de visitas y llamadas, Raúl se encontraba con Blanca para comentar la evolución de su negocio y discutir las posibilidades futuras. Él le contaba todos los detalles, ella escuchaba con atención y siempre tenía algún comentario oportuno para convalidar que el trabajo duro siempre rinde sus frutos.

─Alguna vez te puedo llamar a vos con mi llamada misteriosa. Y no te cobraría nada.

─Ja ja. Gracias. La verdad es que lo había pensado, pero mis clientes son tan fieles y me aprecian tanto que creo que no lo necesito.

─¿No pensaste en conseguir nuevos clientes?

─Quizás más adelante. Ahora no doy abasto con los pedidos especiales. Esos me llevan mucho tiempo y se cobran bien. La gente no puede andar de un lado a otro buscando lo que necesitan. La gente que trabaja en oficinas es un poco esclava de los horarios. Yo cubro esa necesidad. Lo tengo muy claro.

─¿Yo puedo ayudarte en algo?

─Mmm… No sé. ¿Te gusta la idea de descubrir cosas perdidas?

─Bueno, hace poco descubrí un sentimiento que me parecía perdido… Y se siente muy bien.

Por esos días él empezó a llamarla “mi Blanqui” y ella “mi Roul” y todo se veía del color de la primavera aunque todavía no hubiera llegado en realidad.

Ese viernes en el café, Raúl volvía a reunirse con sus amigos.

—¿Cómo te está yendo con tu emprendimiento? ─quiso saber Tito.

—Mucho mejor de lo que yo esperaba. Hay pedidos de todo tipo. Y casi no doy abasto con los servicios.

—¿Qué es lo que más te piden?

—La estrella del momento es la llamada misteriosa.

—¿De qué me estás hablando?

—Yo llamo al cliente, en el horario que él me indica, para que la llamada se desarrolle delante de alguien a quien quiere impresionar y seguimos el guión que habíamos preparado. Le hablo, lo halago, le digo cosas para que él tenga que responder haciéndose el modesto, le planteo propuestas de negocios o lo invito a alguna reunión, y ya está.

—¿Quiénes te contrataron?

—Todo tipo de gente, sin ir más lejos un diputado, varios proveedores de compañías, periodistas, directores de escuela, en fin, de todo. Ya me estoy haciendo una clientela, porque los contactos que ustedes me pasaron me fueron refiriendo a otros y esos a otros más.

—¿En qué se benefician? ─preguntaba el chueco sin entender del todo.

—Algunos necesitan mostrarse, hacer que otros los valoricen, no sé, hacerse ver, recibir un empujón para algo.

—Pucha digo, nunca se me hubiera ocurrido ─refunfuñó el chueco.

—Yo lo vi claro en un momento en que todo me salía mal. Y Blanca me hizo ver que tenía que seguir mi intuición, sin ofender a nadie, siempre con cautela y sin faltar a la verdad.

—¡Blanca! Parece que eso marcha mejor que tus negocios…

—Tengo que reconocer que sí… estoy como…

—¡Enamorado! ¡Bien, Raulito! Por fin, te lo merecés ─decía Tito.

—Gracias, che, estoy muy contento y la verdad que es un gran apoyo en este momento. Ella parece salida de una historia de ficción. Es buena, graciosa, compañera. No sé qué más podría pedir.

─Que sea buena amante…

─Ja ja No digas eso…

─¿Por qué no? ─dijo Tito.

─Veremos, veremos.

─¿Todavía nada?

─No hablemos de eso. Ella es una dama.

—Volviendo a lo otro ─interrumpió el chueco─, debe haber mucha competencia, he visto que muchos periodistas y políticos andan en lo mismo y no son para nada discretos.

—Lo que pasa es que esto es privado. Nadie se entera del pequeño empujón. No hay motivos para sospechar, parece real. Y está visto que lo que parece real resulta que se vuelve real. Como mi negocio. Nadie diría que es real, pero…

—Ojalá siga creciendo tu negocio. Algún día te pido que me llames delante de mi mujer a ver si se entera de la joya que tiene al lado ─dijo Tito en medio de risas.

—Claro que sí.

—Eso sí, tené cuidado, no divulgues mucho lo que hacés, porque te van a robar la idea ─aconsejó el chueco.

─¿Estas ideas se patentan? ─preguntó Tito.

─No, qué va… ─respondió el chueco─, este tipo de ideas de negocios son de nadie y de todos.

─Pero el primero en explotarla tiene una gran ventaja ─repuso Tito.

─La competencia, siempre la competencia ─murmuró Raúl─, ¿cuándo se inventará algo nuevo bajo la luz de este sol…?

─Competir es saludable, Raulito ─dijo Tito. El modelo socialista no funcionó. Es como si le dijeras a un león que no corra para alcanzar a una gacela.

─Sí, ya sé. Aunque hay regios animales que no son carnívoros. Igual yo no temo a competir cuando se siguen las reglas. Si eso funcionara bien, sabríamos a qué atenernos. Pero lo que pasa en la actualidad es como un juego de campeonato arreglado. ¿No te enojarías si te enteraras que en la final del mundial el árbitro fue coimeado?

─Sí, claro… Brindemos por la justicia y porque los políticos se renueven. Que venga gente con mejores ideas y con más ganas de mejorar todo.

─¡Salud!

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