25 años – Parte IV

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Don Raúl, nuestro protagonista, inicia su vida de desocupado. Tendrá que atravesar momentos difíciles, duros y algunos esperanzados. De su mano recorremos una etapa de su vida que será simplemente inolvidable…

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Volver a 25 años – Parte I

Al otro día, fue como si le hubieran insuflado nuevas fuerzas, es asombroso cómo una pequeña esperanza puede levantar el ánimo, pensó Raúl. Así que volvió a su rutina acostumbrada y llegó más temprano que nunca a la oficina dispuesto a disfrutar de sus últimos días en compañía de esa gente a la que probablemente no vería más. Cierto es que los amigos de la oficina muchas veces se convierten en amigos para toda la vida, así le había pasado un par de veces, pero los sucesivos cambios de plantilla hicieron que esos amigos fueran quedando fuera de su rutina diaria. Además, Raúl tenía su grupo de amigos afuera, sus viejos amigos de siempre, los del Nacional, los de la cerveza los viernes y los súper clásicos de cada temporada. Los compañeros que vinieron después, si bien eran muy buenos camaradas, se la pasaban hablando de chicas y bailes, eran demasiado jóvenes, veían la vida con otros anteojos. Así y todo se apreciaban con un sentimiento sincero. Él era el más viejo de la oficina y no le molestaba el mote cuando lo cargaban porque se le colaban palabras antiguas o palabras que habían dejado de usarse en el lenguaje cotidiano.

Lo que no le convencía de la juventud de estos tiempos era el poco interés que demostraban en lo que ocurría con el país. Él había vivido situaciones complicadas, riesgosas. No es que deseara que los demás pasen por lo mismo, solo se preguntaba por qué no les interesaba conocer un poco más sobre todas esas peripecias que había pasado mucha gente con la esperanza de conseguir una sociedad más equitativa, más justa y feliz. A veces lo atribuía al oscurantismo que había reinado durante muchos años. Empezando por la escuela, donde los programas de estudio omitían la historia contemporánea e iban tan lejos como para llegar a omitir a determinados autores, tanto de historia como de literatura. El mundo en esos tiempos había sido un imperfecto mecano, en el que no cabían los conflictos, todo se hacía guardando el debido respeto del silencio… Así lo decía un slogan de esas épocas “el silencio es salud”…

Raúl creía tener una explicación para esa pasividad e indiferencia reinantes. Una sociedad reducida a la infantilización, donde los “mayores” eran quienes hablaban entre sí y los “menores” solo debían acatar órdenes y guardar silencio, era una sociedad que necesitaba tiempo para crecer. La vuelta de la democracia no había significado la madurez. Aún faltaba bastante para eso. Aún debían pasar a los pantalones largos, atravesar la ardua etapa de la adolescencia y cuando la barba comenzara a brotar día tras día de esas caras lampiñas, allí empezarían a tomar noción de lo que significaba ser responsables de una sociedad. A sentir no el peso, sino el significado de ser parte y tener injerencia en los asuntos de todos. A tomar consciencia de que nuestros actos son importantes, tienen consecuencias, aún los de apariencia más ingenua.

Raúl tenía esperanzas en los jóvenes. Los veía con empuje, con fuerza, con ideales, aunque a veces ellos mismos los ignoraran o los subestimaran. Tiene ideales quien busca la igualdad, quien desea la felicidad. Solo le falta encauzarlos para la comunidad y para eso se necesitan instituciones sanas, fuertes y sinceras, líderes francos, que no digan una cosa y hagan otra. La hipocresía y el cinismo cuando se detectan genera indiferencia como respuesta, desencanto, y él creía que eso era lo que aquejaba a los jóvenes de hoy. Venían de ver cómo un proyecto que encarnó la esperanza de los que tenían grandes ideales había sido frustrado por intereses de turno que solo buscaban sostener un status quo heredado de los tiempos de silencio. A veces no se puede encontrar una llave para abrir la negociación, no cuando eso implica ceder en cosas que no son  transables como el bien social. Y si buena parte de los que debieran apoyar la democracia solo están interesados en el poder, solo se sienten resentidos por no haber sido ellos los que fueron elegidos para gobernar, solo abonan el terreno para que quien fue elegido fracase. Cuando se pone a un partido por encima de la sociedad estamos frente a un problema serio. Y eso lo ven los jóvenes y les produce tanto rechazo que prefieren ocuparse de otras cosas o armar las valijas e irse a cualquier lado que prometa seriedad.

Así estaba, metido en sus pensamientos y hablando consigo mismo, cuando empezaron a llegar los otros empleados del piso. Al instante comenzó a elevarse un breve cotorreo y, finalmente, uno, Hernán, el más viejo después de Raúl, se acercó a su escritorio con cara fúnebre. Hernán, era además de buen conversador el encargado en muchas ocasiones de transmitir las malas noticias. Así fue cuando se redujeron las horas extra y cuando cerró la mutual que les conseguía diversos beneficios.

—Ayer nos enteramos por Marta, la de Comercio Exterior, de los planes de retiro. Pensamos en vos… como no viniste, supusimos que te había caído muy mal la noticia.

—Sí, es cierto, me ofrecieron retirarme.

─¿Vas a aceptar?

─No tengo alternativa. Parece que lo tienen bien estudiado el tema…

─¿No te conviene que te despidan?

─Sí, pero me piden que renuncie.

─Así no tenés seguro de desempleo…

─Y no… Pero tengo indemnización.

─Nosotros quisiéramos ayudarte, decime si hay alguna forma.

─No te preocupes, no estoy tan mal. Solo tengo que pensar.

─Ahora decís eso, pero falta todavía. Pensalo bien, si hay forma de hacer algo, capaz que averiguar en el sindicato…

─Tengo que hacer cuentas todavía, aún no me puse a pensar en los números. Lo que me preocupa es qué hacer, no la plata que me den. ¿Viste cómo está todo? El que no se funde se va del país. Ya tengo más amigos en España que acá.

—Puedo pedirle consejo a alguien de la tesorería. Tal vez sepan decirte cuál es la mejor alternativa.

—Gracias, gracias, sí, sería bueno conocer la opinión de un experto.

—Yo estoy esperando que en cualquier momento me llamen.

—Qué te puedo decir, espero que esto pase pronto. Al mal paso darle prisa. Es así nomás.

El resto del día siguió el ambiente denso, espeso. Hasta en los velorios la gente habla y se ríe, es la reacción ante lo irremediable, solo queda resignarse. Pero en ocasiones como estas, era como estar delante de un condenado a muerte. Toda risa se detiene, se piensa en no ostentar felicidad delante del que será ajusticiado. Además, está el otro asunto de la culpa, por nada en especial, solo por no ser ellos los elegidos para el sacrificio.

Raúl trató de minimizar el hecho actuando con el mismo buen talante de siempre, por momentos silbaba bajito algún tango de Discépolo y seguía trabajando. Se dio el lujo de hacer un par de chistes de oficina.  Repartió unas galletitas importadas que le habían traído en agradecimiento por un trabajo. Se sumergió en un legajo de exportación y se le fue pasando el rato. Al llegar a las seis en punto cerró su cajón, saludó en general y se fue.

Esa tarde tenía reunión con los excompañeros del Nacional. No se sentía con ganas de ir, se sentía minusválido, como si hubiera despertado con una pierna o una mano menos. Se miró un rato al espejo y descubrió que tenía una fea arruga surcando la frente. No era tan grande, pero era todo un símbolo. Él no solía preocuparse por su aspecto más de lo normal, solo que esta arruga vino a aparecer justo este día… Se siguió mirando, le puso mala cara al tiempo, a los días y los años, a la experiencia que no servía para anticiparse a los embates de la vida. A la falta de imaginación y a la credulidad. A los sueños que a veces impiden ver la realidad. A las realidades que nos espantan los sueños. Se miró un rato más como si no se reconociera del todo. Como si hubiera esperado algo más de esa persona en el reflejo. Pero como no obtuvo respuesta, se armó de coraje y salió al encuentro de sus amigos.

Raúl se iba acercando al bar tratando de ver quiénes estaban.

Tito, el gordo Tito. Él sí que no tiene problemas. Tiene una habilidad especial para los negocios. Siempre está cambiando de rubro y si se cae se vuelve a levantar enseguida. Él quizás me pueda dar algún consejo… Y el chueco, ese a pesar de su apodo siempre anduvo derecho. Un poco más a la derecha de lo que a mí me gusta, pero es un amigo de los que siempre están en las malas, tiene conciencia de equipo, él va a tratar el tema con tacto. Menos mal que no vino Julián. Él no tiene mucha paciencia con los problemas, todo lo arregla con un psicólogo o con un abogado. Cosas de él. Pero menos mal que no llegó. A veces es preferible que no indaguen tanto. Me quedo un rato y veo. Si no se pone muy de velorio el ambiente me quedo a comer una pizza. Tampoco es como para prender un cirio.

—¿Alguna novedad, Raúl? –preguntó el gordo.

—Ay… qué les voy a contar. Hay días en que la ley de Murphy se cumple a rajatabla.

─¿Cuál de ellas?

─Si algo puede salir mal, seguro que sale mal.

─Ja ja contá dale. No te hagas el misterioso.

─Sí, tengo que pensar qué voy a hacer cuando me retire de la empresa.

—¿Cómo es eso? ─preguntó el chueco.

—La empresa está en problemas y están ofreciendo el retiro voluntario, me ofrecieron pagarme media indemnización o un sueldo hasta que me jubile, sin aumentos, claro.

—Esa es la novedad, sabía que en otros lugares están haciendo lo mismo. Empresas grandes, claro. Las chiquitas se declaran en quiebra directamente y no pagan nada a nadie. Conozco a un tipo que ya fundió tres empresas y siempre sale bien parado ─decía el chueco─, eso sí, dejó a proveedores y empleados sin un peso…

─Claro, ¡porque no es chueco!

Risas.

—Sí, ya son varios los que me cuentan ─decía Tito ─, No tienen cerebro para los negocios y la única alternativa que encuentran es despedir gente.

—Sí, vos lo dijiste. Es falta de capacidad ─respondía el chueco.

—El mercado internacional está deprimido… No es todo culpa de ellos…

—¿Encima los defendés?

—No sé, ya no sé qué pensar. Me siento traicionado… Tantos años de ser un instrumento útil y ahora me hacen esto… ¿Para qué me he quedado tantas veces fuera de hora sin un peso a cambio? ¿Para qué he dado ideas de mejoras? ¿Para qué he enseñado el trabajo a tantos pibes nuevos? ¿Para qué he sacrificado vacaciones? ¿Me quieren decir…?

—¿Qué pensás hacer?

—Aún no lo sé. El principal problema es hacer algo rápido, porque, aunque tenga un buen número de billetes en la mano, nada va a alcanzar si no lo pongo a trabajar de inmediato.

—Un negocito, ¿no te ves? ─proponía Tito.

─Hoy hay muchos bonos dando vueltas, ya no convienen los plazos fijos ─decía el chueco.

—Negocio no sabría de qué. Me pasé la vida sacando cuentas, tengo miedo a meterme en algo y fracasar.

—Pensemos, ¿qué puede ser un negocio redondo?

—¿Vos no sabías algo de mantenimiento de heladeras? Las heladeras son algo que siempre va a necesitar un service.

—Mirá, te ponés a estudiar, te comprás las herramientas, la plata te tiene que alcanzar para bancarte mientras estudiás y mientras te hacés una clientela.

—Otra es comprarte un tacho ─proponía Tito.

—No, yo con mi problema de riñones no puedo pasarme el día arriba de un auto.

—Comida. ¿No te alcanzará para poner un despacho de empanadas y pizzas? Ahora están de moda los deliverys.

—Tal vez, todavía no sé cuánta plata es.

—No hay que bajar los brazos. Eso es lo importante.

Raúl sintió el abrazo de sus amigos, lo necesitaba y allí estaba. Reconfortante. Cálido. Real.

─Lo que yo me pregunto es… ¿qué hace el gobierno para generar trabajo? Yo los voté y ahora estoy en esto…

─Están aprovechando los años de mandato para asegurarse su propio futuro. Nadie piensa seriamente en los problemas de la gente. La gente solo ocasiona gastos y éstos están en la cruzada contra el gasto público. No se les cae una sola idea para poner a trabajar a la gente, que no sea darle un escritorio en una oficina pública. Que abran fábricas, que manden a trabajar la tierra… no sé, hay tanto territorio y no se les ocurre hacer nada.

─Se la pasan mirando al exterior y no se copian las buenas ideas para que la gente trabaje. ¿No es la Constitución Nacional la que dice que deben promover el bienestar general?

—Muchachos, hablemos de otra cosa por un rato ─interrumpió Raúl─. Necesito tiempo para pensar en algo. Además, ayer vi un aviso de una agencia que asiste a gente con problemas laborales.

—Ojo con esas agencias. Hay muchas que son una truchada

—Primero voy a ver qué me dicen y después les cuento. Igual voy a seguir pensando en algo. Lo que ustedes me dijeron me sirvió de mucho. Voy a pensarlo en serio.

—¿Vieron el golazo que le metió Boca a Estudiantes?

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