Antes del fin…

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“Antes del fin del mundo tengo que conocer a mi amor”, dijo ella. Y sin bajar de su nube se dedicó a acomodar cajas en estantes, ordenadas por número de artículo, talle y color.

A veces un deseo es tan poderoso que se impone. Así fue con ella, que a los pocos minutos de haber dicho su frase, se dio vuelta al escuchar que se abría la puerta del local.

Lo reconoció de inmediato. Alto, de buen porte, cabello ondulado, una media sonrisa instalada en su boca de labios que seguramente besarían largamente. Ella se acomodó la ropa que había quedado fuera de lugar por el esfuerzo de alcanzar los estantes superiores.

─¿En qué puedo ayudarte? ─dijo al fin, al recobrar la cordura.

Él explicó lo que estaba buscando. Colores, dimensiones aproximadas. Ella lo escuchaba atentamente, casi hipnotizada, como si una parte de su cerebro se encontrara metido en una bruma de alcoholes y azúcares. Sus ojos chispeaban sus pensamientos y se reflejaban en los de él.

Acudió rápidamente a buscar cada cosa. Flotaba en el espacio reservado a los amores inmortales. Le mostró alternativas, lo asesoró sobre gustos femeninos y dejó entrever que, finalmente, los gustos masculinos tienen bastante peso. Él la atendía cálidamente, sin dejar de sonreír. Opinando apenas, demostrando que apreciaba sus comentarios.

Al cabo de un rato de incertidumbre premeditada, él se decidió. En ningún momento preguntó precios. Se mostraba seguro, sereno, conforme. Extendió su tarjeta y esperó a que ella le diera el cupón. Ella tardó un poco más de lo usual en tomar la tarjeta. Los ojos de él la miraban con deseo contenido. Y la electricidad se transmitía en ese pequeño espacio entre los pulpejos y el plástico.

Al salir del local él se pasó la mano por el pelo. Ella lo seguía sin poder dejar de mirar. Él pareció dudar, se detuvo un momento. Miró un poco hacia atrás, como buscando algo y volvió a caminar.

Lo vio alejarse, sus ojos perezosos no se despedían de su espalda. Al fin suspiró y volvió a sus tareas pensando que él volvería. Su compañera de trabajo, quien silenciosamente presenció la escena, la escuchó decir “Ojalá vuelva. A veces los deseos se cumplen…”, y pensó para sus adentros “El amor es tan ciego que no se da cuenta de que acaba de comprar ropa interior de mujer”.

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6 comentarios sobre “Antes del fin…

    Tirma Tiatula escribió:
    8 julio, 2017 en 7:48 am

    ¡Hola Mirna! Con razón dicen que el amor es ciego.
    Sin que hayas hecho una descripción física de la dependienta (sí del comprador), la imagino con un perfil muy joven, no demasiado agraciada, soñadora y romántica y con una auto estima baja.
    Buen ritmo narrativo hasta el chasco final ¡pobre ilusa!
    Hasta pronto compañera.

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      mireugen respondido:
      8 julio, 2017 en 11:20 am

      Hola Tirma. Puede ser… es alguien que sueña despierta y los sueños le impiden ver la realidad. Gracias por tus palabras. Hasta pronto.

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    davidrubios escribió:
    8 julio, 2017 en 10:25 am

    Ja, ja, ja… Eso suele pasar a las personas que están más enamoradas del Amor que de una persona en concreto. Tienen muy adentro esa relación idealizada y parece que solo buscan a quien parezca cumplir con ella. Y entonces pasa lo que pasa, como en este brillante giro final. Un abrazo!

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      mireugen respondido:
      8 julio, 2017 en 11:23 am

      Sí, la fuerza del pensamiento mágico tal vez, esa cosa de decir va a aparecer y aunque la realidad lo niegue la fuerza del deseo lo hace real.
      Un abrazo, David

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    Campanilla Feroz escribió:
    9 julio, 2017 en 4:13 pm

    ¡Juas! ¡Ay! ¡Pobreta! u.u
    Vivir en las Nubes es Maravillosamente Genial (¡Doy fe!), pero… ¡¡Jopetis!! También hay que saber ver la Realidad, saber distinguir las cosicas… Porque una cosa es ser una Enamoradiza Empedernida y otra… Y otra no es darte cuenta de ese Chico estaba comprando ropa interior… Aunque, ¿quién sabe? Por una vez no pesaremos mal y creamos en el Amor A Primera Vista… Porque, tal vez, Él volvería y se la regalaría 😉
    ¡¡Mogollón de Besines!! *-*

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      mireugen respondido:
      9 julio, 2017 en 4:47 pm

      Tienes razón, Campanilla, no hay por qué pensar mal, tal vez era ropa para su madre o su hermana! jajaja O tal vez es un regalo de rompimiento con alguien… Tal vez sea para alguien de quien no esté enamorado… Y vuelva y le diga que ella es su verdadero amor… El final lo escribirá cada uno esta vez. Un beso grande, gracias por pasar por aquí.

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