Sueño a orillas de un río

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Muchas veces tenemos un sueño y al despertar lo olvidamos. Pero esa noche ocurrió de una manera tan intensa que desperté y seguí pensando en él.

Me había convertido en bailarina. Danzaba a orillas de un arroyo que no dejaba de fluir. Sus aguas me mostraban como si flotara. El reflejo me devolvía la larga cabellera como algas que se integraban a la rítmica corriente. Sentía la frescura, el retintín del agua. Disfrutaba del movimiento ondulado.

De pronto un suceso me llenó de pena. Vi mis piernas metidas en la tierra. Mis dotes de bailarina solo se hallaban en mis brazos y en mis cabellos.

La luna había estado medio escondida, y cuando por fin logró librarse de esa nube, dejó ver que mi cuerpo era leñoso, mis pies se  ramificaban bajo el suelo.  Mis brazos eran ramas increíblemente flexibles. Y yo era eso, un árbol soñando que bailaba a orillas de un río. Nunca me movería de ese lugar.

Salí de la casa en medio de la madrugada. Tenía la sensación del agua en el cuerpo. Sentía frescas mis manos y mi pelo. Me acerqué a orillas de ese río que acompañaba al terreno. Me senté junto a él. Desde allí podía ver los sauces. Por un momento fue como si me contemplara a mí misma. Algo en mi interior acompañaba el ondular de las ramas en el agua.

Y allí lo vi claramente, mi pena se volvió alegría. Yo era fuerte y flexible a la vez, me dejaba llevar por la corriente sólo para disfrutar el movimiento, pero no más allá. Mis raíces me daban entereza e individualidad. Y aunque la correntada se volviera muy fuerte seguiría manteniéndome firme.

Fue entonces que decidí quedarme a vivir en ese sitio, en esa casa a orillas del río. Había encontrado un lugar en el que tierra, agua y cielo se encontraban.

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10 comentarios sobre “Sueño a orillas de un río

    María escribió:
    15 abril, 2017 en 1:38 pm

    Preciosa esa libertad encontrada a la orilla de un río. Me ha gustado mucho.
    Un besillo.

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    historiasconk escribió:
    15 abril, 2017 en 2:10 pm

    Me ha recordado muchísimo a una sirena. De algún modo todos nos las imaginamos que serán con el cabello muy largo. Es hermoso el modo en que has descrito esa libertad que al leerlo suena aún mucho más liberador. Me ha encantado.

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      15 abril, 2017 en 5:16 pm

      Es cierto lo que decís, al principio podría pensarse en una sirena. Muchas gracias por tus palabras y me alegra que te haya transmitido esa sensación de libertad.
      Un abrazo

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    davidrubios escribió:
    16 abril, 2017 en 5:34 pm

    Un bello y muy visual texto, Mirna. Onírico y lleno de simbolismo: Libertad-ataduras; Cambio-estabilidad… Binomios contrapuestos que al final parecen convivir en armonía. El río de siempre ha tenido mucha fuerza simbólica. Siempre está ahí, reconocible; pero sus aguas son siempre cambiantes: Estado-proceso. Abrazos!

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      mireugen respondido:
      16 abril, 2017 en 11:35 pm

      Lo has descrito muy bien, David. Siempre andamos por ese camino en el que el cambio y la estabilidad se van encontrando a veces en un antagonismo irreconciliable. Por eso el desafío es poder fluir, bailar con los cambios, sin perder la esencia.
      Un abrazo

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    R. Ariel escribió:
    23 abril, 2017 en 10:32 pm

    Me detuve aquí, Mirna, porque me pareció un texto hermoso, con mucha belleza. Sin dejar de colocar contenido para reflexionar acerca de la existencia, vas hacia el final, a detenerte en el arraigo, en esa fuerte decisión de quién encuentra su lugar en el mundo, en el sitio y momento exactos. Una delicia.
    Un abrazo.
    Ariel

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      mireugen respondido:
      23 abril, 2017 en 10:47 pm

      Gracias, Ariel. Es muy placentero sentir que uno encontró su lugar. Da fuerza y alegría.
      Como siempre un gusto que te detengas por aquí.
      Un abrazo

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    Mamen Piriz García escribió:
    24 abril, 2017 en 9:13 am

    Has encontrado ese lugar para contar tus sueños. Precioso paisaje. Un texto hermoso. Un abrazo

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      mireugen respondido:
      24 abril, 2017 en 10:12 am

      Gracias Mamen, los sueños nocturnos y los diurnos nos acompañan siempre. Un abrazo

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