Entrenar a un gato

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Imagen relacionadaPocas cosas nos son tan gratas como tener una mascota que responda a nuestra llamada en los momentos en que necesitamos compañía. Pero no todas las mascotas se comportan de la misma manera. Así pasó con Timoteo el gato de mi amiga Laura, quien lo recibió en su casa cuando apenas había sido destetado y volcó sobre él todo el amor que es posible imaginar en una persona de su condición, esto es, sola y entrada en años.

Inmediatamente se adoptaron el uno al otro y cuando ella llegaba a su casa el gato se instalaba en la cocina esperando una dosis de caricias y comida. Ella comenzó entonces su tarea de entrenamiento y decidió que lo primero que le enseñaría sería salir a la puerta a recibirla. Al tiempo Laura consiguió que el gato estuviera en la puerta cada vez que oía la llave en la cerradura.

A eso le siguió enseñarle a pedir la comida cuando su tazón estaba vacío cada mañana. Otra vez Laura tuvo su recompensa con las buenas reacciones de Timoteo. Así que continuó, cada vez más ambiciosa, enseñándole a sentarse a tomar el té con ella, acomodarse en el sillón cuando miraba una película, caminar a su lado cada vez que ella salía a hacer las compras. No había momento en que se despegaran. El gato hacía todo lo que ella pedía. Un día se lo encontró en el baño. Estaba haciendo sus necesidades en el inodoro tal como le había enseñado. Pero esta vez… estaba fumando un puro de los que ella guardaba en una caja que había sido de su difunto esposo.

Laura no podía creer lo que veía. Había visto monos realizando tal proeza, pero nunca imaginó que un gato podía llevarse un puro a la boca y menos aspirarlo. Ese mismo día decidió que su gato merecía estar en un programa de TV. Pasaron los días y el gato siguió tomando confianza. Ahora ella le encendía el puro y él echaba al aire redondas volutas de humo. Antes de comer, se colocaba una servilleta delante del plato. Y al terminar llevaba el tazón a la cocina.

Y el programa de televisión no se hizo esperar. La convocaron y le preguntaron todas las virtudes del animal. Después le pidieron que lo llevara y le hicieron mostrar sus habilidades. Más tarde la llamaron para filmar. Pero los sueños a veces se evaporan como si fueran volutas de humo… La buena mujer justo la noche anterior a la gran función vio partir a su gato para no verlo nunca más.

Es que el animal había ido creciendo paulatinamente. Y un buen día despertó a sus instintos. Fue la noche en que se escuchó maullar a la gata de la vecina. Todos sus aprendizajes sociales los dejó con su dueña y salió a buscar a su amante.

Nuestra buena amiga enfureció y le cerró la puerta para no dejarlo entrar nunca más. Alguien le dijo que debería haberlo recibido de vuelta. Pero ella respondió que el animal la había traicionado y no merecía perdón. Lo importante es que ella se sentía satisfecha de lo que había logrado con el gato, se consideraba la mejor entrenadora. Y debe ser así porque ahora ella sigue haciendo ruido con las llaves cada vez que se acerca a la puerta. Deja la tabla levantada del baño, acomoda los puros sobre un mueble y cada día sirve la comida gatuna en un plato en frente del suyo, con la servilleta a un costado. Y la casa está como si el gato siguiera allí.

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8 comentarios sobre “Entrenar a un gato

    Josep Maria escribió:
    27 febrero, 2017 en 8:25 am

    Una historia muy original. Todo el tiempo y esfuerzos dedicados a su entrenamiento y el felino deja el confort del hogar para lanzarse a la búsqueda del amor gatuno, fiel a sus instintos. Creo que la protagonista se equivocó al no dejarlo volver pues ahora tendría posiblemente a toda una familia de gatos domesticados (la pareja y su descendencia) con la que ir de plató en plató de televisión, jajaja
    De hecho, la complicidad entre una persona y su mascota puede llegar a cotas más altas de lo que muchos creen, aunque con un gato no sé yo… Yo soy más de perros.
    Un abrazo.

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      mireugen respondido:
      27 febrero, 2017 en 10:24 am

      Sí, Josep podría haberlo dejado volver. Tal vez haya aprendido para la próxima… El gato es un animal muy independiente, a veces imprevisible. Pero bueno, esa sería otra historia.
      Un abrazo

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    davidrubios escribió:
    28 febrero, 2017 en 1:28 am

    Soberbio, Mirna. Ella hizo de él todo lo que es, y él se lo paga marchándose con otra. Bueno, me refiero al gato, je,je,je… En serio me ha parecido brillante como a través de la historia del gato nos cuentas la propia historia de ella con su exmarido. Como poco a poco el gato va adoptando las costumbres de su ex, hasta que llega el día en el que hace lo mismo que aquel. El final es terrible y aterrador al mostrarnos a ella fingiendo la presencia del ex o del gato, o a lo mejor sin fingirlo puesto que esa soledad ya la tenía con su compañía. Chapeau!

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      mireugen respondido:
      28 febrero, 2017 en 2:45 am

      David, me has captado hasta las mínimas intenciones que no estaba segura de haber logrado plasmar en la historia. Gracias por tu profunda lectura. Un abrazo!

      Le gusta a 1 persona

    J. J. García Cózar escribió:
    28 febrero, 2017 en 7:03 am

    Buenos días, Mirna. He leído tu pequeño relato, espero que no te haya molestado. Si me lo permites me gustaría recalcar dos ideas fundamentales: la primera, que hay gente que claramente puede tolerar errores pero no traiciones, y la segunda, que cuando uno se aferra a ciertos hábitos diarios que llegan a ser tan importantes en su vida, le es difícil desprenderse de ellos.

    Ciertamente tiene algo que me ha gustado mucho, y es lo siguiente: una entrenadora de gatos, con una paciencia infinita, sin abandonar en ningún caso, y seguramente usando el antiguo sistema de prueba y error durante meses, consigue inculcar en su mascota unos hábitos diarios espectaculares. En cambio, al primer atisbo de renuncia por parte de la mascota, donde su parte animal no le deja opción durante la época de celo de la gata vecina, cierra su puerta y abandona para siempre lo que tanto tiempo y esfuerzo le ha costado conseguir. Impresionante.

    Una persona con mucha paciencia para convivir pero ninguna tolerancia a lo que considera una traición es algo más común de lo que se piensa, porque una escapada ignorando meses de entrenamiento, de cariño, ignorando la mano que lo alimenta, lo consideró imperdonable.

    Aunque, contra los instintos animales, poco se puede hacer; pueden retenerse un tiempo, pero… nada más. Quizás no fue una traición, fue simplemente… la naturaleza animal, oculta pero latente.

    Enhorabuena por tu relato, me parece muy interesante, invita a meditar sobre él tras leerlo. Cuídate mucho, sé feliz, sigue escribiendo con esa calidad, y buena lectura.

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      mireugen respondido:
      28 febrero, 2017 en 10:43 am

      Muchas gracias por tus bellas palabras. Las reacciones animales a veces no son tan imprevistas como las humanas. En todo caso en este relato hubo una entrenadora que adquirió los hábitos mejor que su mascota, tan bien que aún cuando no está más, sigue con sus costumbres.
      Un abrazo y gracias por tus buenos deseos.

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    mensajedearecibo escribió:
    2 marzo, 2017 en 8:50 pm

    ¿Quién entrenó a quién? ¿Nuestra protagonista a Timoteo o al revés?
    Un relato muy original; divertido y muy bien narrado, como nos tienes acostumbrados.
    Un saludo fuerte.

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      mireugen respondido:
      2 marzo, 2017 en 10:29 pm

      Gracias Bruno. Fue la entrenadora entrenada jaja
      Un abrazo

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