El sapo y la luz

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Foto: Se oscurecen... los bellos anillos de Saturno; mis oidos, revientan y estallan cuando escucho, " tu nombre ". Se marchitan... los jazmines blancos del jardín; mis entrañas, se estremecen cuando recuerdo, " tu daga afilada ". Se precipitan... contra el robusto acantilado las gaviotas bellas y serenas; las neuronas de mi cerebro, se revelan, " cuando recuerdo " mis manos encendidas, sobre tu piel. Se desafina... el piano de Mozart en el tiempo; se desquebraja el violonchelo cuando escucho tu melodía, " en silencio ". Se diluye la fina elegancia de los cisnes en el estanque; te llevaste la sensualidad del pantalón, que yo guardaba, en el bolsillo izquierdo. Se paró el reloj de mi vida... en las frágiles manecillas del amor; se esconde tras de mi, " mi corazón " cuando escucha, - tu nombre !! -, ... y me mira asustado, como un ave caída al suelo, " de tu hecatombe ".

“En una historia maravillosa hacen falta ingredientes como seres y hechos sobrenaturales…” comenzó la historia el anciano, frente a un público de numerosos curiosos que se acercaron a mirarlo cuando se sentó en la vereda e hizo ademán de sacar un libro invisible y pasar sus hojas con cuidado.

Resulta que un sapo andaba por los confines de la Tierra buscando una luz. Le habían dicho que en un paraje muy lejano se hallaba la luz que no se apaga nunca y el sapo, tenaz buscador, fue recorriendo cada palmo del planeta hasta que se encontró al borde de una cornisa. A lo lejos divisó una roca y sobre ella, un luz hermosísima.

Era de noche, la luz alcanzaba a iluminar todo lo que se encontraba sobre ella, pero no mostraba lo que había debajo. Así es que el sapo pensó que entre él y la luz había un abismo. Largo rato se debatió la forma de alcanzarla. Estaba muy por encima de ella y por eso calculó que aunque realizara uno de sus formidables saltos se estrellaría contra el suelo.

Pero nuestro sapo estaba poseído por una determinación firme y obcecada. Pensaba que si no alcanzaba la luz moriría, eso le habían dicho. Y él creía. Pero lo que no le habían dicho era que podía morir en el intento. Largo rato pasó meditando. Sobre todo le resultaba extraño ser el único sapo que se encontraba buscando la luz, el único que podía llegar a entregar su vida por eso. Tanto pensó que comenzó a sentirse agobiado, desconsolado por la mala suerte de estar tan solo y ser tan pequeño que no podía sortear ese obstáculo.

La cuestión es que toda la noche la luz alumbró al sapo y el sapo veló la luz. Y cuando ya estaba a punto de lanzarse al precipicio, con la certeza de que ese sería su último acto sobre la tierra, la luz se apagó.

Podría pensarse que el sapo saltó igual, pero no. Se quedó quieto en el lugar y de tan quieto y tan oscuro se quedó dormido.

Al despertar había salido el sol y nuestro amigo pudo divisar que lo que lo separaba de la luz era el agua de un mar. Inmediatamente dio un salto y nadando a sus anchas se acercó a la roca, donde pudo ver una enorme lamparita y dentro de ella, una bella mujer.

Cuando ella lo vio posarse sobre la piedra reconoció al sapo que la había acompañado durante la noche y logró la fuerza que necesitaba para abrir la cáscara transparente.

Dicen que la luz guía a los que buscan el amor. Y que hay una luz para cada uno. Y cuando un hombre descubre a su mujer y ella descubre en él a su hombre esa luz los convierte en dos seres nuevos. Así le pasó al sapo que se hizo hombre a los ojos de esa mujer y a ella que dejó de lado sus barreras para estar con él. Por lo menos, eso fue lo que dijo el anciano que contaba su cuento a quien quisiera oírlo.

Meg © Todos los derechos reservados

 

 

 

 

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6 comentarios sobre “El sapo y la luz

    mensajedearecibo escribió:
    3 diciembre, 2016 en 8:26 pm

    Preciosa leyenda, Mirna. Nada como tus palabras para narrar la eterna búsqueda del hombre.
    Un saludo.

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      3 diciembre, 2016 en 9:07 pm

      Muchas gracias, Bruno. Mis palabras a veces logran transmitir algo, y eso ya es mucho. Un abrazo

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    Mamen Piriz García escribió:
    4 diciembre, 2016 en 12:18 am

    Hermoso cuento Mirna, me ha encantado.Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

    Jorge escribió:
    6 diciembre, 2016 en 5:19 pm

    Bonito cuento, recuerda a esas fábulas de Esopo que todos hemos leído de niños, con moraleja incluida. Un saludo.

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      7 diciembre, 2016 en 2:28 am

      Muchas gracias Jorge. Me alegra que te haya gustado. Un saludo

      Me gusta

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