De espejos y de ecos – Con este cuento comparto con ustedes mi entrada nro. 100 en el blog. Espero que les guste y gracias por pasar por aquí.

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Entraba y salía de los  distintos espejos que se encontraban en el local. Algunos cuadrados, otros redondos, otros de formas diversas. Él los probaba a todos antes de venderlos. Los probaba a su manera, metiéndose del otro lado y esperando que la gente pasara delante y se mirara…

Había gente que se miraba y se sonreía, algunos se miraban los dientes, las arruguitas de los ojos,  se examinaban para saber si tenía ojeras. Estaban también los que ensayaban un beso o alguno que se sacaba la lengua. Cientos de expresiones desfilaban delante de los espejos. Algunas lo hacían reír, otras entristecer. Así aprendió que una mirada se puede leer y que una sonrisa puede decir más que una palabra.

Pero lo más curioso de todo era que cuando salía del espejo él anotaba los gestos y las expresiones en un cuaderno. Se diría que estudiaba si había una relación entre la forma del espejo y las expresiones.

Y encontró cierta correlación. Se dio cuenta de que los espejos cuadrados son muy buscados por los que se miran mucho los detalles de la ropa, algo inseguros. Los espejos redondos son atraídos por los de mirada soñadora. Los triangulares por los de mirada racional. Los ovalados por las parejas enamoradas que se aprietan para entrar en el espacio del marco. Los pequeños por las mujeres de mirada intensa. Los grandes por los matrimonios de muchos años.

Entonces un día llegó el mayorista de espejos. Traía una nueva serie de formas muy novedosas. Medialunas, estrellas, flores fueron a embellecer las paredes del local y entonces nuestro amigo se sintió emocionado porque iba a poder investigar nuevas sensaciones.

Esta vez, se acercaron más mujeres, mayormente jóvenes y bonitas. Pero hubo una… que no era tan joven ni tan bonita. Esa mujer se detuvo delante de una estrella y pareció traspasar el vidrio porque su mirada se perdió en la profundidad como si estuviera soñando despierta. Esa mirada no la había visto antes. No supo cómo interpretarla, se encontró perplejo, sin palabras, desconcertado.

La mujer volvió a pasar otro día. Y esta vez él no estaba dentro del espejo. Entonces se acercó y le comenzó a hablar de las bondades de un espejo estrella para ubicar en un living poco convencional. La mujer lo miró y le preguntó si no quedaría bien en un comedor, porque allí era donde ella trabajaba y el espejo le permitía dejar vagar el pensamiento para encontrar ideas. Siguieron hablando por largo rato. Él se enteró de que ella era inventora. Ella se enteró de que él era un buscador de expresiones. Los dos se enamoraron y a partir de ese momento comenzaron a verse.

Un buen día ella apareció en el local trayendo consigo un invento para él. Era una caja de espejos con eco. Él se emocionó por el regalo y más cuando se enteró de las cualidades de ese eco. Al abrir la caja uno podía hablar y el eco le devolvía la voz espejada. De esa forma uno podía decir “te quiero” y encontrar como respuesta otro “te quiero”. Pero no quedaba allí, si uno decía algo feo también encontraba como respuesta un “te quiero”. El vendedor de espejos juzgó que el juego era un poco peligroso. Podía llevar a equívocos funestos. Alguien podría decir “te voy a odiar toda la vida” y encontrar como respuesta un “te quiero”. Eso contrariaba las normas implícitas en un espejo. Se lo dijo a ella y ella se enojó porque él no valoraba su invento.

Él no quería enojarse con ella. Hizo todo lo posible por explicarle que la ley de los espejos es devolver a su dueño la realidad. Entonces ella se llevó la caja y la archivó en un cuarto donde guardaba los inventos fallidos.

El tiempo fue pasando y ellos fueron a vivir juntos. Y las cosas iban bien al principio. Pero llegó un día en que ella inventó un ventilador que crea climas anímicos. Climas de alegría, de tristeza y de emociones muy variadas. Eso lo tuvo a él muy entretenido porque se lo pidió prestado y lo puso en el local, entonces pudo observar desde detrás de los espejos cómo la gente se veía influenciada por el ventilador. Pero lo malo fue que toda la teoría que había desarrollado en relación a la forma de los espejos se vio aniquilada por ese invento.

Su vida se hizo trizas. Sintió que ya nada espontáneo podía captar si ese invento se difundía. La gente no sería ella misma. Los espejos no captarían la esencia sino el macabro resultado de un invento. ¿Qué usos se le podrían dar a ese ventilador? Manipulación y engaño eran lo mínimo que se podía esperar.

Entonces se decidió a sabotear el invento. Le dijo a ella que no estaba funcionando. Que sus observaciones en el local habían dado por resultado equívocos permanentes. Eso le produjo a ella mucha tristeza y finalmente un furioso enojo cuando se dio cuenta de que él le había mentido.

Ella le reprochó duramente su egoísmo y él la acusó de querer ocultar la realidad. No hubo forma de que encontraran un motivo para seguir juntos, la primera impresión de admiración por el otro se había esfumado.

Así fue que ella fue a rescatar su caja de espejos con eco y la usó para sí misma. Le decía “te odio” y la voz le respondía “te amo”. Y él se instaló para siempre detrás de un espejo con forma de nube para verse reflejado en las personas con tristeza que se acercaban a mirarse.

Y pasaron los días, y los dos seguían pensando en que el otro estaba equivocado. Hasta que el invento falló y el eco le devolvió a ella un “no te quiero más” y al espejo-nube se acercó un hombre sonriente. Los dos volvieron a buscarse y al encontrarse se miraron con más atención que nunca. Y lo que vieron fue su reflejo de amor en los ojos del otro, el mejor espejo que podían imaginar. Y esta vez ella le dijo un “te quiero” sin miedo a que su respuesta fuera otra.

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3 comentarios sobre “De espejos y de ecos – Con este cuento comparto con ustedes mi entrada nro. 100 en el blog. Espero que les guste y gracias por pasar por aquí.

    Estrella Amaranto escribió:
    14 noviembre, 2016 en 5:48 pm

    Una historia llena de fantasía y con un gran mensaje: el amor rompe cualquier teoría lógica, incluso la de esos espejos a los que tanta importancia les daba él, en cambio ella prefería la naturalidad y la sinceridad de los sentimientos y no tanto de la lógica o del pensamiento.
    Un final encantador para estos dos enamorados que felizmente logran vencer sus diferencias.
    Aprovecho para agradecerte la atención de visitar mi blog y dejarme tu valiosa huella.
    Un abrazo.

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    Julia C. Cambil escribió:
    14 noviembre, 2016 en 8:28 pm

    Enhorabuena por este relato número cien en tu blog, Mirna. Creo que para lo ocasión has elegido una historia muy hermosa y cargada de originalidad. A mí en principio me encantaban los inventos de ella, pero luego los ví bajo la perspectiva de él y comprendí que no eran útiles.

    Me alegro mucho de que el final haya sido feliz para ellos. A los demás, los lectores, nos queda una bonita enseñanza.

    ¡Un beso!

    Le gusta a 1 persona

      mireugen respondido:
      14 noviembre, 2016 en 9:57 pm

      ¡Muchas gracias, Julia! Me alegra que compartas conmigo este momento. Un beso

      Le gusta a 1 persona

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