La cabezona

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Resultado de imagen para cabezonaSiempre me han dicho que soy muy cabezona. Me he tenido que aguantar sobrenombres como cabeza dura, melona y cocogrande. Pero para mí ser “cabeza dura” no ha sido siempre una pesadilla. Más bien fue algo que me preservaba del exterior.

Normalmente alguien como yo sabe a qué atenerse. Si bien mis días están contados sé que voy a dejar algo en este mundo, mi semilla seguirá y se perpetuará, dejaré mi impronta en algún lado.

Sin embargo, estos últimos días he vivido un horror indescriptible, pero que voy a tratar de contar. Siempre fui bastante seria y sana, se diría que mi espíritu de trascendencia hacía de mí alguien rico, con una plenitud y un contenido que aspira a lo importante,  a lo vital. Y me sentía así hasta que apareció este enemigo no buscado, no esperado, sin sentido, que comenzó a horadar mi esencia con paciencia de artesano, dejándome vacía por dentro.

Fue un proceso largo. Soporté la paciente tortura con estoicismo esperando que se cansara de su saña. Ni un solo grito, ni una sola lágrima salieron de mí. Pero sentía que poco a poco lo que era dejaba de ser y un enorme vacío se apoderaba de mí sin retorno. Mi cambio interno se fue reflejando en mi exterior, se transformaron mis facciones. Ya no era la cabezona de siempre, ahora llevaba una sonrisa tétrica, se diría mezcla de horror y amargura, mientras mis ojos delataban haber sido testigos de un delito atroz y espeluznante que, sin embargo me deleitaba en apariencia.

El vacío interno era mortal. Sin embargo aún quedaba algo del corazón, un vestigio. Algo que yo apreciaba y no quería perder. Me dejó tranquila por un par de días, pero una noche… volví a ser  víctima de mi enemigo. Prendió fuego a lo que quedaba de mi interior. Me sentí arder por dentro, intensificando el infierno de no tener ya nada en la cabeza. Y cuando pensé que no había algo peor me llevó a visitar a sus amigos jactándose de mí, de lo poco que quedaba de mí, y haciéndome partícipe de una eterna rueda de terror.

Hoy me abandonó. Cumplido su cometido me arrojó lejos y me dejó a merced de las moscas. No tengo forma de volver a mi propósito vital. Solo espero que alguna semilla haya caído en tierra fértil y que otro Halloween no se lleve a toda mi descendencia.

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2 comentarios sobre “La cabezona

    Conxita Casamitjana escribió:
    13 noviembre, 2016 en 9:08 am

    Mirna,
    Durante todo el relato iba dándole vueltas a cuál podía ser la preocupación que la “horadaba” tanto, al llegar al final he sonreído. Muy bien contado, mantienes el misterio hasta el final del micro.
    Seguro que habrá semillas en tierra fértil y el próximo año más.
    Un saludo

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      mireugen respondido:
      13 noviembre, 2016 en 11:05 am

      Gracias, si te ha sorprendido estoy más que satisfecha. Un beso

      Me gusta

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