A cada santo le llega su día

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Muchos somos propensos a pensar que somos buenos… Qué terrible noticia enterarnos de que una pizca de nuestro ser se estremece de júbilo cuando vemos que a esa que nos pisó, se le rompió el taco o a ese que nos dejó plantadas le salieron cuernos.

Así le pasó a Julieta. Ella, tan bondadosa, tan cauta, tan dulce, un día explotó. Fue trágico, estaba en la cocina mirando la tele cuando vio a su novio de la mano con una chica que usaba un flequillo de perro lanudo y una minifalda que rajaba la tierra.

Pero no fue en ese momento que explotó. Cuando pudo pestañear, vio que su hermana la estaba mirando horrorizada.

─¡Qué mirás!

─Nada. Solo… me pareció ver a Alfredo en la tele. Pero debe ser alguien parecido.

Julieta salió de la cocina como un rayo. Se metió en el cuarto de baño y tomó el estuche de las pinturas de su hermana. Se maquilló, luego fue a su cuarto, se puso ropa de salir, agarró su bolso y se dirigió a la casa de su novio.

Pero antes pasó por la casa de Fernando, un amigo de él. El amigo que la miraba tiernamente cada vez que la saludaba. Le dijo que sentía que había algo fuerte naciendo entre los dos y que no estaba dispuesta a dejarlo pasar.

Le pidió que fueran a la plaza, a conversar, tenían muchas cosas que decirse. Él aceptó y juntos, de la mano, llegaron a un banco de la plaza que quedaba frente a la casa de Alfredo.

El novio llegó con la chica que estaba en la tele. Allí fue cuando Julieta explotó… con un beso tremendo a ese amigo improvisado. Cuando Alfredo los vio besándose se dirigió inmediatamente a pedir explicaciones.  Julieta lo miró con altivez y le señaló su acompañante. Él se la presentó:

─Ella es Sara, la hija de mi padre, es ciega, por eso la llevo de la mano.

A Julieta le brotaron cebollas en los ojos. Una, dos, quince, cincuenta…  A Fernando le aleteaban los pies, hubiera querido elevarse hasta la ventanita del obelisco. Pero Alfredo no les dejó explicarse. Traía en la mochila una coraza de tortuga gigante. Se la puso y se marchó. Simplemente se marchó.

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2 comentarios sobre “A cada santo le llega su día

    lapoesiademisovarios escribió:
    8 agosto, 2016 en 3:06 pm

    En mi país el dicho es: A cada marrano le llega su veinticuatro. (Hace referencia al 24 de diciembre, donde se sirve como plato típico)

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      mireugen respondido:
      8 agosto, 2016 en 4:23 pm

      Por aquí se dice a cada santo le llega su San Martín. Yo traté de hacer algo neutro para que se entienda en todos los lugares.

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