La gaviota

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El sol se está fugando con la última bailarina amarilla.

La gaviota deja la pesca,

parece haber sido interrumpida por ese súbito cielo

de candiles y telones.

Graznidos a lo lejos la llaman,

tal vez algún pichón la reclama.

Y vuelve a sacudirse la sombra de los ojos

para zambullirse tras una línea plateada.

El sol se apiada, saca un último suspiro

y una pequeña luz de lámpara de noche

le apunta la presa buscada.

Sale del agua con bello trofeo,

corre a su nido, alimenta al polluelo

y como si una voz la estuviera llamando,

vuelve al agua y se posa ondulando,

señora de la mansedad lejana.

Tan simple parece su vida,

pescar para comer, comer para vivir,

vivir para volar, volar para pescar.

Y su círculo sigue las olas del tiempo…

¿Cómo hacer para que lo simple se haga eterno?

¿Cómo dejar de buscar lo dispensable?

Que no hay contradicción entre el vuelo y el mar

ella lo sabe.

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