Rosa dormida

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La noche latía. Él no lograba dormir. Se levantó un par de veces y deambuló por la casa. Bebió un poco de agua, miró televisión trasnochada, miró por la ventana y volvió a la cama.

A su lado, su pareja dormía un sueño feliz de cuchara. Él la miró y pensó en la gracia que le hacía ver ese rulo que caía sobre su frente. Siempre le había enternecido soplar para hacerlo a un costado, despejando el camino del beso.

Se acurrucó junto a ella, fue llenando la cuchara. Una sopa tibia fue inundando sus venas.  Ella se movió imperceptiblemente, respondiendo a la sensación de estar siendo abrazada. Él estaba completamente despierto en sus sentidos, ella comenzaba a soñar con ellos. Una oleada de sensaciones fue llenando el espacio que los separaba.

Deslizó la seda que la envolvía. La tela susurraba a una piel de rosas que comenzaba a exhalar suspiros. Siguió recorriendo los pétalos con la paciencia de un orfebre dedicado, haciendo brotar el rocío de la madrugada.

Poco a poco la rosa despertó con su perfume intensificado. Y los pétalos… en miles de abrazos, lo rodearon, lo hospedaron, lo incorporaron, en un movimiento de rosa carnívora.

Meg

22-05-16

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