Sintonía

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En la mañana él se levantaba de un salto y tomaba una ducha tibia. Ella remoloneaba en la cama y no existía hasta las ocho después de una ducha abundante y caliente.

Cada uno a lo suyo, él ingeniándose en arreglos y artesanías, ella sacándole chispas a la computadora.

Él almorzaba comida casera en el silencio de la cocina de su casa. Ella, algún menjunje chino, en la cocina de la oficina, en medio del bullicio.

La tarde los convertía a él en trotamundos buscador de repuestos, a ella en adoradora del reloj que cuenta los minutos para salir del trabajo.

La noche los alcanzaba con más disparidades: noticieros y partidos de fútbol de todo el mundo, novelas y algún programa de cocina.

Pero un día ocurrió que se encontraron en una calle y se fueron a tomar juntos un café. Charlaron de muchas cosas. Intercambiaron. Se miraron. Se sonrieron. Se adoraron. Y él le regaló una canción.

Y esa canción era la que ella escuchaba en su móvil cada día, con esa canción pensaba en él, aún sin conocerlo. Esa canción eligió él porque representaba lo que ella significaría en su vida.

Meg 21-05-16

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