Los refranes de mi vida

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Convocatoria de Julia C.

Cuando me enteré de esta iniciativa me alegré mucho. Crecí en una familia donde los refranes son pan de todos los días. Particularmente fue mi abuela quien más nutrió mi vida de ese conocimiento popular. Y con esta convocatoria su recuerdo se me hace más presente.

Muchos de los refranes que ella traía a cuento tenían que ver con una filosofía de vida. Por ejemplo: “a mal tiempo buena cara” o el célebre “siempre que llovió, paró”.  Por otro lado “al que madruga Dios lo ayuda” era el caballito de batalla de las mañanas en que me costaba mucho levantarme para ir al colegio. Y a fuerza de ser sincera tengo que reconocer que algunas veces me tocaba recibir el “a capricho, capricho y medio” cuando no aflojaba con alguna demanda infantil.

Es innegable que el pueblo resume largos debates y meditaciones internos con estas frases. Pareciera que todo es más simple, más alcanzable, con ellas. Al igual que un estribillo, son pegadizas y de fácil memorización. Todo lo necesario para penetrar en nuestros hábitos mentales e instalarse como ese conocimiento que perdura en el tiempo de generación en generación.

Alguna vez me he detenido a pensar en la contradicción de algunos. “Al que madruga Dios lo ayuda” se contrapone a “no por mucho madrugar amanece más temprano”.  Pero esas son cuestiones que les dejo para pensar. A veces es cuestión de ser un poco flexibles.

A punto de entrar en mi año 50 de vida, no puedo dejar de rescatar: “lo mejor está por venir”.

Meg 20-04-16

 

 

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