De causas sin sentido

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gladiadoresSe presentó en la arena, miles de miradas sobre su espalda. La tarde era de esas que invitan a la batalla. El cielo ampliamente azul, un sol dorado y difuso y la armadura del gladiador refulgiendo, haciendo achicar los miles de ojos.

El niño estaba en uno de los palcos. Tenía la vista fija en la arena. Veía por primera vez que la lucha entre iguales era la diversión de los poderosos. Su madre le había prometido que el espectáculo sería impresionante. Su padre le había dicho que la fuerza demostrada en ese espectáculo era digna de admirarse.

El niño había jugado con sus amigos a ser guerreros, miembros del ejército, gladiadores. Usando espadas de madera y alguna cadena que robaron por ahí. Había sentido la exaltación de la lucha. El correr de la sangre agitada en su interior. ¿Que si había visto sangre? Sí. Una vez le había hecho un raspón a uno de sus amigos.

Pero esto era distinto. Allí, en esa arena, la muerte coronaría los encuentros. Y ante la mirada impasible de tamaña multitud, seres, que no eran humanos, se someterían al juego de los poderosos.

El niño inocentemente preguntaba: “¿papá, puedo ser gladiador? Y el padre respondía: “No, hijo. Ellos están solo para divertirnos”.

Miró hacia el suelo. Pensó un momento. No era mala la idea de divertir a los otros. Volvió a decir: “Es bueno divertir”.

El padre lo miró, no comprendió lo que quería decir su hijo. Pero respondió: “Ellos no son hombres como nosotros, para nosotros está el ejército”.

En ese momento intervino la madre diciendo: “No querrás participar en un juego donde los hombres mueren”.

Sin encontrar sentido a lo que decían sus padres, el niño volvió a preguntar: “¿Los soldados no mueren?”

El padre fastidiado miró en forma reprobadora, pero agregó: “Los soldados mueren por una causa”.

─Ah, ahora entiendo, ─dijo el chiquillo─, quiere decir que los gladiadores mueren sin causa…

Meg 2015

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4 comentarios sobre “De causas sin sentido

    Maite Ramos Ortiz escribió:
    28 noviembre, 2015 en 2:57 pm

    Muy buen cuento y el final te deja pensando.

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    Edgar K. Yera escribió:
    5 diciembre, 2015 en 1:34 pm

    Ante la mirada y cuestiones de un niño, lanzas una pregunta al lector, ¿El entretenimiento ajeno es causa suficiente por la cual morir? También me hago la siguiente… ¿Lo es el beneficio de los que gobiernan tu destino? Gladiadores y soldados, mueren por creencias inculcadas, se justifiquen o no sus distintas causas. Un relato ameno que invita a la reflexión.
    ¡Abrazo, Mirna!

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      mireugen respondido:
      5 diciembre, 2015 en 1:59 pm

      Edgar, a mi entender hay muchas preguntas que nos hacemos cuando vemos algo sin sentido, me alegra que mi relato contribuya a ello. Porque cuando surge una pregunta hay alguien que está buscando un sentido más allá de lo que le muestran.
      Un abrazo.

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