Isla de los Vientos – Capítulo XVI

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La visión nublada

La Tortue era ruidosa. Su puerto albergaba todo tipo de navíos, y gentes de todos los colores cruzaban el puerto entre las naos y las tabernas. Se podían escuchar distintos acentos, sin dudas no había fronteras para el pillaje y las fullerías. Sin embargo, la Hermandad que reinaba en esos parajes hacía pensar en que algún tipo de orden era posible fuera del orden.

Al llegar a Tortuga, se pusieron al corriente de los últimos acontecimientos. Un navío español había naufragado a manos de la tripulación del Saint Pax dejándoles un rico cargamento de telas y algunas joyas. El Prince au Mer había salvado el pellejo luego de una corrida por el mar Caribe, mediante el artificio de echar al agua botes cargados con aceite e incendiarlos para crear una cortina de humo. El capitán del Stella había arrebatado un nuevo puerto al sur de las costas de La Hispaniola.

François se había mezclado con los navegantes de otros barcos en busca de información. Había oído hablar de alguien que preparaba menjunjes para el amor y otros remedios extraños. Tenía que encontrarlo rápidamente, en vistas de los cambios que estaba sufriendo su amigo aunque él lo negara tosudamente.

Por fin le indicaron un nombre y un lugar en las afueras del poblado. Hasta allí arrastró a Villafranca para que le pidiera una cura a lo que fuera que le hubiesen dado.

—Ah, joven, has caído en gran desgracia.

—¿Por qué lo dices? —interrogó Villafranca.

—Yo bien sé lo que ha pasado aquí, los trabajos que te encomendaron no fueron realizados de la manera esperada. Alguno de los dos falló o tu voluntad o la respuesta de ella.

—Yo… en realidad

—¿Te explicaron que la negativa debía salir de sus propios labios?

—Sí, lo cierto es que… sus sentimientos me resultaron tan claros cuando me miraba que no tuve ninguna duda de que ella ya no me amaba.

—¡Válgame Dios!  Pues te voy diciendo que los espíritus saben mucho más que nosotros, insensato. Esa mujer no solo no dijo que no te amaba sino que en su corazón sigue latiendo el amor por ti.

Villafranca lo miró desesperado.

—No me mires así, tú tenías que cumplir ese trabajo porque si no el conjuro se volvería en tu contra. No se puede uno oponer al destino, esa mujer era para ti y los espíritus te lo están cobrando.

—No tiene sentido tratar de borrar lo ocurrido, ella ahora está matrimoniada.

—Pero tú, tú puedes intentar llevar una vida normal.

—¿Puedes deshacer lo hecho?

—Solo puedes hacer una cosa y es volver a donde se hizo el segundo trabajo. Allí debes tomar la tierra con la que cubriste el cuchillo y volver a ponerla en tu pecho y en tu frente. Sufrirás nuevamente unas fiebres, pero veremos si eso te devuelve la visión.

—¿Y después, qué cosa podría pasarme?

—Pues que volverás a sentir lo que antes por esa mujer. Sentirás que la amas, sentirás el sufrimiento si no te unes a ella.

—No quiero eso.

—Entonces lamento decirte que irás de mal en peor. No solo te has quitado el amor que sentías por ella, al negar un sentimiento correspondido has quitado toda posibilidad de sentimiento, las palabras son llaves, los gestos son indicios, en muchas cosas alcanza con esos indicios, pero el amor es un ángel ciego, por ello le hacen falta las llaves. Nunca podrás amar a nadie, lo siento.

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