El caballero

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Apoyando la espada sobre la piedra, comenzó a quitarse la armadura. Duro había sido el combate, lleno de emoción, repleto de momentos en los que había sentido que sus fuerzas estaban siendo exigidas al máximo, su inteligencia probada con duros obstáculos.

Pero nada detiene a un caballero cuando está en plena lid. Ni nada distrae al caballo de su momento de gloria. Ambos, caballero y caballo son uno y solo uno. Se entienden, se conocen, se toleran, se acompañan, se cuidan.

El recuerdo de la lucha venía de la mano del peso que debió soportar. El metal es pesado, los movimientos pierden la fineza que tendrían con el cuerpo libre. Las articulaciones parecen enmohecidas, los pies sienten como si arrastraran pesos muertos.

Y allí estaba nuestro caballero descubriendo trabajosamente  su cuerpo, saliendo del cascarón con brillo que lo enfundaba. Pensando quizás en la bella dama que lo esperaba. O tal vez en la próxima contienda. Difícil saber en qué piensa alguien después de haber obtenido una victoria. Tal vez en el festejo, tal vez en cómo lograr otra, tal vez en lo agradecido de haber salido airoso del trance. El caso es que este, habiendo transitado el campo de batalla, se hallaba fatigado, con el trofeo de la satisfacción y el peso de la sangre que había sido derramada. Nada ocupaba su mente más que el deseo de continuar sirviendo a la causa que lo unía a su mundo de lides. Venían a su mente las estrategias usadas, las fallas, los aciertos. Todo se hacía presente en ese momento en que el cansancio se agolpaba sobre sus espaldas, todo a un tiempo.

Y al volver a la tierra, al volver a la paz y la tranquilidad que sigue al esfuerzo y la tensión, nuestro caballero se acordó de una promesa hecha a sí mismo, desde el mismo momento en que se calzó la armadura: continuar la batalla sin bajar las manos, honrar su juramento…

Un caballero debe jurar ser fiel
a un código que no tiene fin,
interminable como la tabla redonda,
un anillo cerrado por el honor.
Un caballero ha jurado su valor.
Su corazón conoce sólo la virtud.
Su espada defiende a los desvalidos.
Su poder sostiene a los débiles.
Su palabra dice sólo la verdad.
Su ira acaba con los malvados.
La justicia nunca morirá
si queda un hombre para recordarla.
Las palabras no se olvidan
si una voz las pronuncia claramente.
El Código siempre resplandecerá
si un corazón lo mantiene brillante.
No mostréis temor, al enfrentaros al enemigo:
sed valientes y rectos para que Dios os ame;
decid la verdad, aunque os conduzca a la muerte
y proteged a los indefensos…
Este es vuestro juramento”

Tan ensimismado se hallaba en sus pensamientos que nuestro caballero no se dio cuenta de que alguien había a sus espaldas…

─Vamos Martín, ya está la comida. Dejá ese jueguito…

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2 comentarios sobre “El caballero

    Ana Lía Rodríguez escribió:
    10 mayo, 2015 en 3:35 pm

    jajaja, a comer! Buena ensoñación, me gustó mucho. Un abrazo

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      mireugen respondido:
      10 mayo, 2015 en 4:19 pm

      Gracias, Ana Lía! Aprovecho para felicitarte por tu trabajo en la Bacanal

      Me gusta

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